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Ricardo Tapia: “La Mississippi es un grupo que nunca se olvida de estar cerca de la gente”

La banda de blues, una de las más longevas de la escena local, celebra su concierto número 100 en La Trastienda.

Por  HUMPHREY INZILLO

mayo 19, 2022

La Mississippi vuelve a mostrar su poderío en la intimidad de La Trastienda.

Silvio Cornejo (Gentileza La Mississippi).

“Yo creo que en Argentina el tema de la continuidad artística está ligado indefectiblemente a la flotabilidad laboral que uno sepa o pueda generarse”, dice Ricardo Tapia, cantante, letrista y líder de La Mississippi. Con más de treinta años de trayectoria ininterrumpida, se trata de uno de los grupos en actividad más longevos del rock argentino. Y este sábado celebra su show número 100 en un escenario emblemático, La Trastienda (Balcarce 460, San Telmo), que se transformó en el segundo hogar de la banda.

“Nunca dejamos de tener proyectos posibles, realizables. La Trastienda y sus cien conciertos no es otra cosa que el hallazgo de un espacio que nos permitió generar todo tipo de shows, y crear un perfil que nos gusta, un grupo que nunca se olvida de estar cerca de la gente. Es un espacio ideal para intercalar con giras, teatros o estadios”, explica.

La letra del “Blues del equipaje”, uno de los clásicos seminales del grupo incluido en el disco Bagayo, de 1995, dice “me espera un largo viaje y mi único equipaje es el blues”. Pero fueron abriendo cada vez más la búsqueda hacia fuera de ese género o ese lenguaje… 

– Me gusta definir a La Mississippi como una banda de música negra argentina, porque con el tiempo fuimos haciendo permeable en la composición todas nuestras influencias y gustos: blues, soul, rock, jazz, candombe, canción, y más. 

 – ¿Recordás la primera vez que tocaron en La Trastienda? 

– Me dice el [baterista, Juan Carlos] “Negro” Tordó que la primera Trastienda fue en el 93, pero sinceramente no lo recuerdo. Es que a ese espacio lo vimos cambiar, crecer, renovar los camarines. Llegamos y es como estar en el garaje de casa. Muchísimas presentaciones de discos, de prensa, muchos invitados, momentos muy emotivos, cambios en la sociedad que se ven reflejados en la gente. La economía que decide más que nosotros mismos: Hice hasta una muestra de carteles, fotografías históricas y memorabilia de la banda, que preparé con mis hijos. 

Ricardo Tapia y los fanáticos de La Mississippi. Foto: Silvio Cornejo (gentileza).

– Hablando de presentaciones de discos, recuerdo que una la hicieron en un barco como los de Nueva Orleans…

– Exacto. La presentación de Bagayo fue en el Mississippi River, un viejo barco de esa zona que estaba en el viejo Puerto Madero, y fue todo un evento, navegar y tocar blues en el Río de la Plata. Ese barco se hundió años después pero no la banda, ¡gracias a Dios! Ah, por cierto: nosotros tocamos en la inauguración de la obra de Puerto Madero. Eso era vías, borrachos y ratas.

 – ¿Cuáles son los momentos más extraordinarios e inolvidables de los 99 conciertos en La Trastienda previos a ésta celebración?

 –  El gran problema de las anécdotas es que se las lleva el río del tiempo y cuando querés recordar siempre recordás lo mismo. Creo que pasaron muchas cosas buenas, como los invitados. La emoción de tener a Moris o Willy Quiroga cantando con vos las canciones de la infancia, la respuesta de la gente que nunca decae y crea sus vínculos propios a partir de ir siempre a vernos. Lo único malo que recuerdo es un calambre tremendo en una pierna en un show y el día que faltó Giusty, nuestro iluminador y amuleto. Ese día pasó de todo, empezando por un corte de luz. Y cuando probé el trago con nuestro nombre que hicieron, demasiado fuerte…

– La Mississippi, junto con Memphis, probablemente hayan sido los dos grupos argentinos más importantes del auge del blues en la Argentina en los 90.¿Tenés nostalgias de esas épocas en la que Buenos Aires parecía una sucursal de Chicago? 

 – Sinceramente siempre me costó identificar al blues de Argentina con Chicago. Nuestra impronta del tango es mucho más fuerte que cualquier posibilidad de imitación de un folklore como el blues. Las notas, los solos, los arreglos,… Sí, claro, es música negra, es blues. Pero hay mucho más que eso, la impronta de las letras va mucho más allá de cualquier ejercicio de virtuosismo musical. Cualquier canción de Manal se puede tocar con una criolla, sin necesidad de nada más, se sostiene por sí misma. Fue importantísimo compartir esos años con tantos músicos de afuera la experiencia de mostrar lo que hacemos, pero ellos también pudieron comprobar que lo que nosotros desde este lado del mundo nos describe muy bien, aunque lo toquemos desde sus notas. La capacidad de puerto cultural de Buenos Aires , en ese sentido es muy parecida a Nueva Orleans.

Ricardo Tapia y Gustavo Ginoi, duelo de guitarras. Foto: Silvio Cornejo (gentileza).

– ¿Cómo describirías tu evolución como letrista? En los primeros discos había algo muy vertiginoso en tu modo de narrar algunas historias (especialmente en “Bagayo”), en un lenguaje con algo cinematográfico y otro poco de los cómics…

 – El tema de lo letrístico fue algo a lo que fui acercándome muy de a poco. Soy un lector compulsivo y somos los peores para estar satisfechos con lo que escribimos. Muchas veces usé referencias a libros que me gustan, en letras como “Valentín Alsina ritmo y blues”, donde el personaje tiene mucho del libro de Norman Mailer Los hombres duros no bailan, mezclado con una historia que [el bajista] Claudio Cannavo me contó de un amigo. Escribir es algo que no me gusta tomarme a la ligera, y me molesta cuando algunos grupos del género pasan por arriba de sus canciones a la rápida, sólo para hacer un solo que resulta previsible, lo que digas en la canción define su destino. Búfalo por ejemplo, fue un gran cambio: no es un disco de historias, sino de puntos de vista. Y con respecto a lo de los cómics, es interesante porque yo estudié dibujo y pintura y siempre le pongo colores a las canciones para situarlas en perspectiva. Lo visual en las letras en este tipo de música es muy determinante.

– Pertenecés a la generación que se crió escuchando vinilos y casetes, pero La Mississippi lanzó su primer opus en CD. Si bien hay un vinilo promocional del sello con alguna canción de ustedes, nunca lanzaron un vinilo propio. ¿Pensaron en incursionar en ese formato? 

 – Pensamos varias veces en el tema del vinilo, pero nunca decidimos hacerlo. Hacer un vinilo además requiere de un máster específico para que realmente suene a vinilo. Yo personalmente creo que cada música tiene el sonido de la tecnología de ese tiempo y eso también es parte de su personalidad.  El casete es cinta, esa tecnología siempre me resulto más interesante que otras por la portabilidad y el sonido análogo. Los Beatles en cinta, son Los Beatles. Pertenecemos a una generación donde muchas cosas básicas como la palabra y la escritura manual eran importantes, y ahora fueron reemplazadas por el aislamiento y la interfase. Escuchar un vinilo es tener tiempo, eso es un valor perdido que se está volviendo a degustar como una rareza.

 –  El año que viene se cumplen 30 años de Mbugi, el debut de La Mississippi. ¿Qué recuerdos tenés de la grabación de ese disco, de esa etapa fundacional de la banda? Quizás por el aporte de Juanjo Hermida, y el papel más protagónico de los vientos, tenían una impronta bastante jazzística…

 – Mbugi fue un disco que, creo, nos tomó por sorpresa en muchos aspectos, especialmente su repercusión y éxito. No éramos muchachos muy acostumbrados a la trascendencia desde Florencio Varela. El ingreso de Juan Tordó a la banda, que venía de una exitosa carrera como baterista de muchas figuras, nos dio el impulso necesario para entender de qué se trataba lo que estábamos haciendo, o por lo menos lo que nos salía. La Mississippi logró una química humana desde muy temprano, que la hizo recorrer muy rápido un espacio que a otros les lleva muchos años. Esa química se traduce en laburo, en poner todo a un proyecto que sólo vos ves, en creer ciegamente, pero extendido en el tiempo, sin aflojar. Hubo personajes muy interesantes como Juanjo, un verdadero genio de las teclas, un dotado, y estudiosos del instrumento como Edu Introcaso, que aportó arreglos históricos de vientos a las canciones que le pasaba. Un grupo musical dispone de un tiempo limitado para mostrar y demostrar, y si ese tiempo no lo usás como corresponde, el tren lo ves desde atrás y ya fue. La Mississippi se agarró fuerte a ese vagón, y ese viaje aun nos sigue sorprendiendo y divirtiendo.