Hacer rap y ser feminista ya no es una rareza. Latinoamérica en particular tiene una nutrida cosecha de artistas talentosas y comprometidas políticamente con la defensa de los derechos de las mujeres. Sin embargo, hay voces que se han grabado en la memoria por convertir en himnos reivindicaciones históricas. Rebeca Lane, guatemalteca, es una de las más representativas. Por supuesto su camino ha sido andado de la mano de muchas compañeras del hip hop y de la vida como Audry Funk, mexicana y residente en EEUU. Ahora, junto con Masta Quba, también mexicana y radicada en España, acuerpan una lucha ante una industria musical cada vez más adversa, a la vez que utilitarista, para las propuestas independientes y transgresoras como las suyas.
La campaña “8M todo el año” es una respuesta ante lo que denuncian como la hipocresía de esta industria que solo se acuerda de las artistas feministas en torno al 8 de marzo, Día internacional de las mujeres trabajadoras. Con una visibilidad estacional, este sistema, sus algoritmos y lógicas las deja sin espacios, atención y recursos el resto del calendario.
Esta es, ante todo, una estrategia de resistencia colectiva que se basa en una comunicación pedagógica con su audiencia, a la que invitan a “hackear” el algoritmo de las plataformas digitales. ¿Cómo? Oyendo discos completos, apoyando económicamente de forma directa a las artistas, buscando conscientemente sus canciones, entre otras estrategias para buscar la sostenibilidad y la dignidad del arte político en estos tiempos convulsos, marcados por la censura y el avance de los discursos de ultraderecha.
Además de promover alternativas de circulación para su música frente a las lógicas de un sistema que consume vorazmente la cultura, las tres artistas feministas y antirracistas han creado espacios de diálogo para analizar en colectivo estas restricciones, a la vez que buscan desmantelar la lógica neoliberal que todo lo mercantiliza, incluso las creaciones disidentes. Para esto no solo abrieron un canal de YouTube donde comparten estas reflexiones bajo el lema de la campaña, sino que están haciendo música que grita su inconformidad ante el uso de su arte como “un producto más del capitalismo racial”, tal y como anuncia el lanzamiento del track No es moda.
Abrazar la música hecha en colectivo como herramienta de supervivencia y alegría frente a un mundo hostil hace parte de las apuestas de estas artistas desde hace tiempo. A través del hip hop han documentado tanto su experiencia como mujeres en un mundo patriarcal, como la de tantas otras. Un ejemplo de esto vino con el EP Cuarentonas y Sabrosas, que Rebeca Lane y Audry Funk lanzaron en 2024. En él se atrevieron a ir más allá de sus obras individuales y encontrar en su nuevo momento de vida una fuerza inspiradora que conecta las ideas de señoritud, bisexualidad o el divorcio, entre otras, desde perspectivas alternativas ante las violencias de género. De esto y más conversamos con ellas.
Señoritud y gozo ante las violencias contra las mujeres
Empecemos con el origen de estas colaboraciones. ¿Qué las motiva para seguir buscando nuevas formas de trabajar juntas?
Audry Funk: Siempre buscamos a otras mujeres en la escena porque antes éramos muy pocas. Conocí a Rebe por internet; me acuerdo que cuando sacó su rola de Bandera Negra, dije: “esta morra está bien chida”. Luego, cuando me vine a Estados Unidos, la invité al proyecto “Somos mujeres, somos hip-hop”. Nos conocimos en persona en Puebla en 2014, cuando yo me ofrecí a armarles un evento allá. Fue muy bonito, nos caímos muy bien y terminamos haciendo el “Somos Guerreras Tour” por Centroamérica. Ese viaje nos hizo amigas más que colegas.
Rebeca Lane: Yo creo poderosamente que la afinidad es fundamental para crear acciones políticas. Es con quienes logras esa afinidad con quienes los proyectos tienen más alcance y tiempo. Llevamos 11 años trabajando juntas en distintas convergencias, como el proyecto “8M todo el año”. Muchas veces nos hemos juntado más porque somos amigas y nos queremos ver, y de paso hacíamos conciertos para financiar los eventos.

En este disco, Cuarentonas y Sabrosas, entran de lleno a temas como la desigualdad y la violencia de género, pero desde una lectura muy personal y hasta festiva. ¿Qué las motivó a hacerlo?
Rebeca Lane: Ambas nos hemos acompañado en temas muy fuertes, como relaciones pasadas donde sufrimos violencia de muchas formas. Fue un proceso de acompañarnos desde el respeto, la comprensión y la paciencia, porque salir de ahí no es fácil, los manipuladores arman una maraña de situaciones de la que sientes que no puedes salir. En el mismo año, ambas logramos separarnos, y de ahí nace el disco.
Audry Funk: Fue un golpe de realidad acompañarnos sin juzgarnos. A veces, por ser feministas y políticamente activas, la gente cree que no te van a agarrar las “tretas del patriarcado”. Estábamos militando y haciendo discos, pero en casa la pasábamos mal y no sabíamos cómo salir. Celebrar el divorcio para mí es el ápice de mi triunfo generacional. Mi mamá y sus amigas me veían con lástima, pero yo les decía: “es la mejor decisión de mi vida, no quiero soportar a un vato toda mi vida que es un pendejazo”. Yo estoy feliz y ojalá otras hubieran tenido esa posibilidad. Al contrario de fracasar por un divorcio, yo estoy ganando.
Rebeca Lane: Es reivindicar que el divorcio es un derecho adquirido por otras mujeres antes que nosotras y no fue hace mucho. Es dejar de verlo como una derrota y verlo como un triunfo generacional de un derecho que ganaron otras por nosotras. Es empezar a verlo como un “qué bueno que me estoy eligiendo a mí misma”.
“Merezco estar en un gran escenario y en las listas de recomendaciones, no solo en las de 8M”
El disco tiene ritmos como el reggaetón y la cumbia. ¿Cómo combinan mensajes políticos, a veces tan duros, con estos ritmos más fiesteros y qué respuesta han tenido?
Rebeca Lane: Chocó con una parte de nuestro público más “conservador” que cree que hacer cierto tipo de música te condena. En un conversatorio en Costa Rica, una señora nos dijo que sentía que se había perdido la “solemnidad feminista”. Pero es que están acostumbradas a oírnos hablar de resistencias y no desde el gozo o el baile. Nosotras queremos ampliar nuestros horizontes artísticos y no repetir el mismo disco una y otra vez.
Audry Funk: Queremos que entiendan que el amor por la música no nos quita lo feminista. No estamos haciendo un reggaetón que cosifica a la mujer; nos estamos divirtiendo desde lo político. Merezco estar en un gran escenario y en las listas de recomendaciones, no solo en las de 8M. Queremos entrar en otros mercados que también nosotras creemos que merecemos. Las chicas deben entender que luchar y perrear también se vale.
Las plataformas digitales están dominadas por multimillonarios que tienen claro qué discurso apoyar.
Para cerrar, ustedes mencionan que el mundo actual se siente mucho más conservador que hace algunos años. ¿Cómo se posiciona el arte en resistencia ante este panorama?
Rebeca Lane: Estamos viviendo un momento complejo porque la industria musical ha vuelto a ser controlada por el capital, tras unos años de libertad en internet. El giro mundial hacia derechas fascistas ha recortado presupuestos en cultura y censurado temas en las aulas. Antes, nosotras tocábamos en espacios y festivales alternativos que gestionaban fondos para asegurar nuestra participación. Ahora, el acceso a conciertos y giras ha quedado reducido a quienes cuentan con capital privado de inversión para financiarlos. No olvidemos que las plataformas digitales están dominadas por multimillonarios que tienen claro qué discurso apoyar. Por eso impulsamos la iniciativa “8M todo el año”, junto con Masta Quba, para hacer una comunicación pedagógica con nuestro público y resistir al algoritmo eligiendo conscientemente qué escuchar.
Audry Funk: Mi mensaje es de resistencia desde nuestras circunstancias, de decirle a las grandes disqueras que dejen de utilizar la música feminista como un token, como una simple tendencia. A veces las disqueras hacen que sus propias artistas graben la ‘canción feminista del momento’, pero se olvidan tras el 8M y vuelven a producir los mismos contenidos de siempre, basados en el amor romántico, en ideas muy nocivas. Nosotras seguimos creando espacios, montando estudios en casa y haciendo música con nuestros propios medios. Confío mucho en lo colectivo y en encarar a la industria para decirles: “nosotras estábamos aquí desde hace muchos años y merecemos esos lugares”.


