septiembre 7, 2022

P&R: Cami

La artista chilena presentó hace poco su tercer álbum de larga duración, y habla con ROLLING STONE sobre el recorrido que la llevó a encontrarse y encontrar su propia voz

Por  MELISA PARADA BORDA

CORTESÍA UNIVERSAL MUSIC

Si hay otro lenguaje universal que se conozca tanto como el amor, ese tendría que ser su detestado hermano, el desamor. La sensación que quema en el pecho y que ocasiona que broten océanos de lágrimas es bien familiar, y si hay alguien que pueda transmitirla a través de una canción, esa es Cami.

La cantautora de 25 años –que se dio a conocer a través de la primera temporada de The Voice Chile, programa del que fue coach en 2022– ha dicho que canta desde los ovarios, y para comprobarlo hay que remitirse a sus trabajos discográficos: Rosa, Monstruo y Anastasia. Este último fue lanzado en julio pasado y en él reúne más de dos años de composición, estudio e introspección. Hablamos con ella sobre este disco, el mantenerse fiel a sus convicciones en medio de la saturación del Internet y más.

¿Cómo han sido estas últimas semanas desde el lanzamiento de Anastasia?

Ha sido bastante intenso, porque fue montar el show, luego el lanzamiento del disco, junto a eso estaba grabando The Voice en Chile, entonces fue medio caótico, pero fue súper lindo. Fue como ver renacer una etapa de dos años y medio de escritura, producción, alineamiento de todos los equipos a nivel creativo y visual, fue un proceso súper intenso y entre medio [estuvo] la pandemia, entonces cuenta la historia de años súper intensos en mi vida.

¿Cuál fue ese camino o esas vivencias que te condujeron hacia Anastasia?

Anastasia es mi segundo nombre, empezando por eso. Yo me llamo Camila Anastasia, estoy de cumpleaños un dos de noviembre, soy escorpio, y Anastasia significa renacer o resurrección, y esta es la dualidad que me encanta del cielo y el infierno, que era lo que venía trabajando desde Monstruo. Era haciéndole referencia a este concepto, y tuve varias experiencias con respecto al concepto de renacer, fueron dos años de mucho estudio de la consciencia y me fui en un viaje bastante espiritual donde este lugar al cual llegué le puse el nombre de Anastasia, que coincidentemente es mi segundo nombre. Fue bastante mágico, un proceso muy profundo.

El disco cuenta más o menos, de manera más cinematográfica, cómo fue eso, cómo fue descubrirme ahí, y todo el proceso que viene de sanación también a partir de eso. Es un disco súper honesto donde me relajé con la tensión que a veces los artistas ponemos sobre nuestros hombros de cumplir con cierta expectativa o hacer algo porque es lo que está sonando, siento que me hallé muy bien donde necesitaba estar emocionalmente como para escribir esto, porque intenté que se viera quién estaba cantando, más allá de qué canción cantaba. [Mostrar] quién estaba cantando detrás de esas canciones y qué es lo que quería contar. Así que fue súper interesante, ha sido súper lindo conectarme con la gente a partir de esta conclusión y a partir de este proceso, y me siento súper agradecida por todo.

Ahora que mencionas la “resurrección”, al comparar las letras de este disco con las de Rosa o Monstruo, los temas que tocas aquí los hablas desde una perspectiva un poco más centrada en el ahora y el futuro, que en el pasado.

Sí, obviamente ya soy una persona un poco más madura con ciertas cosas. No sé si centrada, yo creo que la palabra es más ‘conectada’. Estoy más conectada con mi lírica, creo que estoy más madura con la manera en la que veo las líneas melódicas de una canción a nivel musical, como producción también, creo que hubo varios riesgos que quise tomar a nivel de producción en este disco, justamente para cuidar la esencia de la canción y no desviarla.

Ahora, en general tu música es ideal para los corazones rotos, ¿por qué es un tema recurrente en tus letras?

Porque yo lo necesito [Risas], porque al final creo que uno es lo que entrega también, y lo que entrego en mis canciones es lo que yo necesito recibir. A veces, por ejemplo, canciones como ‘Anastasia’, ‘Mi ruego’ o ‘Un lugar’, vienen desde esta vulnerabilidad que la gente dice como, “¡Uf! Entendió lo que estoy sintiendo”. Esa conexión que existe es súper profunda, es yo, es lo que yo necesito, entonces supongo que también lo necesitamos todos.

Pero, además de hablar de desamor, hablas de salud mental, de reivindicación de derechos de género e incluso de sexualidad femenina, ¿cómo logras un equilibrio entre todo esto?

Ojalá haya logrado un equilibrio [Risas], porque esa era la idea, pero creo que escribí mucho, mucho, mucho. Cuando uno se permite escribir más de la cuenta, y estás tranquila con esos borradores, desligándote de la idea de que tiene que ser un ‘palo’ y de la idea de ese lugar frívolo, siento que leía mejor las canciones y por ende escogía mejor qué canción iba seleccionando.

Por ejemplo, ‘Venganza’ tenía dos canciones hermanas, a partir de ella le escribí dos borradores más, y así con todas, entonces seleccionaba la mejor canción, y creo que eso es por escribir mucho, darle muchas pasadas a la canción. Mi equipo me odia porque me demoro mucho en seleccionar, porque la escucho en todas partes, la escucho en mi teléfono, con mis audífonos, en el parlante de una amiga, en el auto de no sé dónde, en un Uber hacia no sé qué parte. Las pongo en todas partes, yo no entiendo por qué no se ha filtrado nunca una canción mía así [Risas], porque realmente me preocupo de que cada vez que la escuche en distintos dispositivos, me genere la misma sensación, y eso es tener muchas versiones, recalcularla mil veces. ‘Venganza’ es una canción que tuvo muchísimas versiones, muchas; ‘Niños dorados’ tuvo muchas también. ‘El peor’ no tuvo ninguna versión, hubo un par de cambios, pero me sentí cómoda a la primera.

Claro, porque también se trata de no entregarle cualquier cosa al mundo.

Sí y también cómo quiere uno que suene. Hay cosas que en mi cabeza suenan de cierta manera, y a veces es muy difícil traducirlas más en el estudio, por eso también me propuse este año a estudiar más producción musical. Necesitaba hablar el mismo idioma porque me frustraba mucho y me demoraba el triple. Igual, para este disco me demoré mucho, pero es por lo mismo, porque busco también sentirme cómoda, y mi búsqueda artística siempre ha venido de ahí también, de necesitar esa comodidad en mi piel, en mis canciones.


“Todos los temas hay que conversarlos, todos requieren de una conversación, pero cómo se hablan es lo peligroso, y desde qué lugar”.


En el pasado has mencionado que la sobreestimulación de la era de Internet hace que perdamos nuestra esencia, ¿cómo seguir siendo honesta contigo misma en una industria que pide ciertas cosas para generar números?

Siento que no es esquivar eso, sino enamorarte de lo que eres, que es algo que yo intento, después de mucha terapia, recordarlo. No tengo que esquivar a nadie ni el perfil de nadie porque yo no soy eso, sino que, una vez que me vea, como dice la canción [‘Mía’], “Me vi cuando nadie más me veía/ Me vi y me quise hacer mía”. Viene de ahí, de lo que aprendí. Va más allá de lo que otros quieran o no quieran que yo sea, o de la versión que otros tengan en su mente, esto soy yo, y la opinión de nadie va a alterar lo que yo opino de mí misma.

Lo mismo a nivel artístico, entiendo que hay gente que piense o crea que yo debería estar haciendo otra cosa, o entiendo también que la gente no entienda lo que hago, pero eso es lo que soy yo; alguna gente se conectará y otra no, y está bien, porque estamos en distintos lugares, distintos momentos de nuestra vida. Quizás mi momento de vida, al ser tan personal y honesto, asocia a ciertas personas, que no es ni bueno ni malo, sino que es, no más. Y cuando uno lo encara desde ahí, y le quita esa presión de tener el éxito, de romperla, los charts, y llevar 40 millones de visitas en una hora, todo este ruido desde el cálculo… una matemática al final muy frívola porque también responde a un algoritmo que está ahí ahora, y quizás mañana esté en otro lugar. Entonces, yo creo que es más por ahí, verbalizarlo, analizarlo, hablarlo y este tema lo hablo mucho, entonces como lo hablo tanto, me convenzo de que es así [Risas].

¿Esto que acabas de decir tiene que ver con que crees que actualmente en la música no se habla de las cosas que deberían hablarse?

Claro, igual, más allá de eso, es cómo hablamos de ciertos temas. Creo que todos los temas hay que conversarlos, todos requieren de una conversación, pero cómo se hablan es lo peligroso, y desde qué lugar.

Me recuerda al concepto de “responsabilidad lírica” que has mencionado en otras ocasiones, ¿a qué te refieres con eso?

Creo que a la conversación alrededor del machismo dentro de las canciones y dentro de una lírica que está en constante impunidad con la cosificación, creo que es hora de llamar a conversar. Todos los días a mí me pasa que pongo una playlist y de a poco me voy dando cuenta de ciertas cosas que antes no me daba cuenta en algunas canciones, y creo que el lenguaje sí genera realidad, y sí genera que tu subconsciente vea las cosas de una manera o de otra.

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