¿Por qué importa el machismo de Petro?

El presidente enfrenta críticas por comentarios sexistas que evidencian la persistencia del machismo en la política colombiana

septiembre 19, 2025

Presidencia

En menos de dos semanas, el presidente Gustavo Petro ha vuelto a protagonizar un par de episodios donde las actitudes machistas en sus intervenciones públicas lo dejan muy mal parado. Las declaraciones, ocurridas tanto en espacios oficiales como en reuniones de gobierno, han reavivado un debate sobre el lugar en el que el presidente ubica a las mujeres en la conversación pública y en su gobierno. 

Como se sabe, el primer hecho se presentó el pasado 11 de septiembre, cuando Petro, durante un encuentro público en el Cauca, dirigió comentarios sobre la apariencia física de Gloria Miranda, directora del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS). En el video que ha circulado ampliamente en redes sociales, el presidente dice, mientras abraza a la funcionaria, que “todas las funcionarias del gobierno del Cambio son hermosas, entonces cada vez que se me acercan los periodistas chismosos dicen que son mis novias”. Mientras tanto, Miranda escuchaba los “halagos” y sorteaba la situación con un lenguaje corporal que demuestra su incomodidad. El episodio fue calificado como bochornoso por distintos sectores, que señalaron el sesgo sexista en la intervención en la que Petro se refiere a la apariencia física de Miranda. 

Lejos de matizar sus palabras, días después Petro volvió a generar controversia durante un consejo de ministros. En ese espacio, donde se esperan directrices de gobierno, el mandatario se defendió de las críticas previas con un discurso que encendió aún más las alertas. En esa reunión se trató de defender al tergiversar la crítica por lo ocurrido en el Cauca, diciendo que ahora “abrazar es misoginia”. Además, en su deriva de palabras terminó por decir que “La mujer libre hace lo que le da la gana con su clítoris”, para luego agregar que si sabe “acompasarlo con su cerebro es una gran mujer”. La frase nuevamente apela a un juicio sobre la sexualidad y la aptitud de las “buenas mujeres” que es ejemplo de la cosificación y el reduccionismo de su autonomía en las palabras del mandatario.

El mismo discurso incluyó otro señalamiento de corte clasista: el presidente responsabilizó a los “Brayans”, un juicio con carga clasista para referirse a jóvenes de sectores populares, del fenómeno de la paternidad irresponsable. La alusión no solo refuerza estereotipos de género, sino que también discrimina por clase social, ignorando que el problema del embarazo adolescente y las paternidades ausentes atraviesa todas las capas de la sociedad.

El peso de las palabras desde la Presidencia

¿Por qué llamar la atención sobre este hecho? Por supuesto Petro no es el único político machista, pero es el presidente y su responsabilidad es aun mayor porque su llegada al poder fue apoyada por un amplio margen del movimiento de mujeres y feminista que vio en su candidatura una opción de cambio e igualdad.

Los cuestionamientos hacia Petro se han centrado no solo en el carácter machista de sus frases, que por supuesto se encuentran entre otros sectores del espectro político e incluso con actitudes discriminatorias mucho más evidentes, sino en el hecho de que provengan de la máxima autoridad del país. 

Desde el movimiento social de mujeres, los comentarios presidenciales han sido señaados por no ser solamente anecdóticos o “inofensivos”, sino porque refuerzan prácticas cotidianas de misoginia que normalizan la cosificación de las mujeres en espacios de poder. Además, estos se hacen más evidentes si se comparan con el trato que reciben los hombres en cargos públicos, a los que rara vez se les evalúa por su aspecto físico, mientras que a las mujeres se les somete constantemente a ese escrutinio.

El debate no se limita a lo anecdótico. Las críticas recibidas por las palabras del mandatario reflejan la persistencia de un problema estructural: la dificultad de erradicar el machismo en la política y en la vida pública independientemente de la ideología del político de turno. “Los ‘halagos’ de un jefe hacia una funcionaria pueden parecer inocentes, pero en contextos de relaciones de poder son intrusivos, desiguales y marcan un trato diferenciado. 

Aunque no se trata de las expresiones de discriminación más graves contra las mujeres (aunque otros es el debate sobre qué discriminaciones o violencias son “más graves” que otras), para organizaciones feministas el mensaje presidencial envía señales equivocadas y erosiona la confianza en un gobierno que prometió trabajar por la igualdad.

MARCELA GUERRERO

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