diciembre 2, 2022

Noche sin paz

¡Jo, Jo, Jo! Santa Claus te dará un regalo si eres bueno. Pero si eres malo, te destrozará el cráneo con su mazo.

Tommy Wirkola  

/ David Harbour, Leah Brady, John Leguizamo, Beverly D’Angelo

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de UIP

No cabe duda que el noruego Tommy Wirkola es un director con una mente desquiciada y el espíritu de un niño de trece años que ha visto mucha televisión y ha jugado muchos videojuegos. Su primera película fue Kill Buljo, una sangrienta parodia y homenaje a Kill Bill de Quentin Tarantino. Luego vino la delirante y maravillosa Dead Snow, la cinta que lo daría a conocer a nivel internacional, un slasher en la que un grupo de zombies Nazis atormentan y ejecutan sistemáticamente a un grupo de estudiantes universitarios. Junto a la digna secuela de Dead Snow, también encontramos títulos como Hansel & Gretel cazadores de brujas (su primera película en inglés) y la cinta de ciencia ficción distópica ¿Qué le pasó a lunes?

Ahora llega a las salas de cine Noche sin paz, una película de acción navideña que bien podría pensarse como la mezcla saturada entre Santa Claus: La película con Duro de Matar, Krampus, Estado de alerta, National Lampoon’s Vacaciones de Navidad, Los fantasmas contratacan, Bad Santa, Mi pobre angelito, John Wick, El Grinch, Matar a Santa y la serie Succession, dando como resultado un ponche cinematográfico extremadamente fuerte y sobrecargado.

Las cosas en esta película con premisa infantil y violencia adulta, son más o menos así: David Harbour, el hombre duro de matar de la serie Stranger Things, interpreta al verdadero Santa Claus con todo y trineo volador halado por renos. Santa está alcoholizado y defraudado de unos niños insaciables y groseros, que tan solo quieren cosas materiales y que se encuentran idiotizados con sus teléfonos celulares, sus videojuegos y demás dispositivos electrónicos que tienen a su disposición.

Por otra parte, encontramos a la pequeña Trudy (Leah Brady), la hija de Linda (Alexis Louder) y su ex esposo Jason (Alex Hassell). Los tres se disponen a pasar la Navidad con la abuela Gerturde (Beverly D’Angelo), la despiadada y millonaria líder del clan Lightstone, conformado también por la malvada Alva (Edi Patterson), hermana de Jason; su pareja Morgan Steel (Cam Gigandet), un actor de películas de acción en decadencia; y su hijo Bertrude (Alexander Elliot), un odioso influencer. Trudy, una fanática de la película Mi pobre angelito y creyente ferviente de la existencia de Santa, es junto con su madre y su padre, las únicas almas decentes de esa familia materialista y desalmada.

Es entonces cuando irrumpe a la mansión de los Livingstone un grupo de ladrones armados hasta los dientes con nombres clave inspirados en la Navidad como Candy Cane (Mitra Suri), Sugarplum (Stephanie Sly), Krampus (Brendan Fletcher) y Gingerbread (André Eriksen), y liderados por Scrooge (John Leguizamo), un hombre que odia la festividad, pero que ama el dinero. Sin embargo, los ladrones no contaban con la presencia de Santa en la casa, quien se disponía a dejarle un regalo a la pequeña Trudy. Por medio de flashbacks, nos enteraremos que Santa tuvo un pasado digno de El hombre del norte y que además de poseer una bolsa mágica de regalos, también posee un mazo con el que le destrozó el cráneo a muchos de sus enemigos.

Lo que sigue es un “Santa McClane” acabando uno a uno con los malvados de la manera más sangrienta posible, para así proteger a la pequeña Trudy, quien se comunica con Claus gracias a un Walkie-Talkie de juguete. Sin embargo, la niña no es una víctima pasiva ya que, gracias a Mi pobre angelito, también es experta en preparar trampas. Wirkola hace evidente aquí como las películas protagonizadas por Macauley Culkin eran un cruel slasher disfrazado como película infantil navideña.

Noche sin paz es extremadamente violenta, poco original, carece de lógica, es políticamente incorrecta y deja un mensaje éticamente ambiguo (aquí los ricos sobreviven y los pobres son exterminados), pero es en todos esos aspectos donde radica su encanto. En estos tiempos faltos de humor y donde todo termina siendo ofensivo, la cinta de Wirkola llega como una bocanada de aire fresco. Al final, el espectador deseará que este Santa use de nuevo su mazo y le dé su merecido a Mariah Carey por su insufrible villancico.