En una época donde la industria musical parece girar al ritmo vertiginoso de las colaboraciones, pocas resultan tan genuinas y orgánicas como la que unió a la cantante chilena Nicole con la legendaria voz española de Ana Torroja, que toda América Latina recuerda por su historia con Mecano, y por clásicos como ‘Duele el amor’ (con Aleks Syntek), entre otras tantas cosas.
Nicole ha invitado a Ana para relanzar ‘Desierto florido’, una de las canciones más íntimas del álbum Claroscuro (2022), en una nueva versión que es testimonio de admiración mutua, sororidad artística y sensibilidad compartida.
La historia de este cruce de caminos tiene raíces profundas. Aunque su vínculo artístico se concretó en 2024, la semilla fue plantada mucho antes. “Nos presentó Andrés Levin, productor de un disco mío que se llama Viaje infinito, por allá por el 2001, y yo estaba muy emocionada”, recuerda Nicole. “Luego, en el 2016 Ana fue a Chile para de The Voice, donde yo también fui coach, y ahí teníamos mucho tiempo para conversar de la vida”. En esos espacios entre grabaciones, surgieron conversaciones que iban más allá de la música: hablaron de maternidad, de vida, de lo que significa ser mujer y artista en un entorno donde las exigencias nunca cesan.
Aquel encuentro dejó una huella. La relación que parecía casual se transformó en una amistad que, a pesar de la distancia y los silencios, maduró como las canciones que no necesitan apuro. Al parecer, fue Ana quien dio el primer paso hacia esta versión conjunta: “‘Desierto florido’ me llegó al alma de una forma súper profunda, no solo porque la canción es maravillosa, sino por lo que cuenta, por lo que dice y cómo lo dice. Y se lo comenté, le dije ‘Me encanta esta canción’”, cuenta la española.
“‘Sería maravilloso cantarla juntas en algún momento’, y ella me dice, ‘Vamos, vamos’, y se fue dando”, añade Nicole. ‘Desierto Florido’ fue grabada en la Ciudad de México, durante una visita de Nicole al país. “Las canciones pueden tener otras vidas”, explica la cantautora chilena. En su voz, ‘Desierto Florido’ es una pieza de autor profundamente emocional: compuesta desde el piano, representa uno de los momentos más vulnerables de su carrera. “Es la primera canción que compuse desde el piano, y emocionalmente es muy personal”, confiesa.
La interpretación de Ana Torroja no solo complementa la canción, sino que le da una nueva dimensión. “La regrabé un par de veces, o tres, porque no estaba convencida, porque yo la escucho a ella y decía, ‘¡Qué bonito!’, y yo decía, ‘Pues a mí no me queda tan bonito’, es así, inseguridades que le entran a uno”, admite entre risas. Nicole, por su parte, se emociona al recordarlo: “¡No, qué increíble escuchar una canción mía en tu voz, la primera versión ya me encantaba!”.
El resultado es una pieza cargada de atmósfera, con una nostalgia profunda y envolvente que nos invita a buscar el fenómeno natural que le da nombre y tiene origen cuando las escasas lluvias que caen sobre el desierto de Atacama (el más árido del mundo) dan paso a una explosión de flores llena de vida y color, una explosión que se siente en el espíritu de esta hermosa versión.
Pero más allá de la belleza de la canción, lo que hace especial esta colaboración es el encuentro entre dos artistas que han sostenido carreras largas y coherentes en un entorno en constante cambio. Cuando ellas empezaron profesionalmente sus caminos (Ana en los 70 y Nicole en los 90), las colaboraciones no eran la regla, como hoy. “Siempre admiré cómo en Brasil los músicos se prestigiaban unos a otros, colaboraban sin competencia”, comenta Nicole. “En mi caso, como empecé muy niña, me costaba que me tomaran en serio. Pero con el tiempo entendí que colaborar es una forma de unir fuerzas”.
Torroja comparte una visión similar. “Yo no pienso en lo que está de moda, en si va a vender o no. Mis canciones nacen del alma, de momentos vitales. Cada disco mío es de su padre y de su madre. Hago lo que siento”. En este contexto, ‘Desierto Florido’ no se queda en un movimiento estratégico, sino un gesto honesto y emocional que queda plasmado en la grabación.

En una industria donde el sencillo ha desplazado al álbum, ambas artistas valoran la libertad que ofrecen los nuevos formatos, aunque no reniegan del concepto del disco. A la chilena siempre le gusta pensar en los discos como una película, con luces, escenas, una estética. “Pero hoy es lindo poder sacar una canción y darle una nueva vida, sin que parezca raro”, explica.
Este enfoque vital también atraviesa su forma de vivir la maternidad. Ambas conversaron largamente sobre este tema en su paso por The Voice. “Hablábamos de lo bello que era ser madre, de lo difícil que era ser madre, pero ni siquiera en relación al trabajo; los hijos vienen sin libro de instrucciones, uno es de una forma y otro es de otra, y tienes que ir improvisando con base en tu experiencia”, recuerda Ana.
“Hablábamos más de lo difícil y lo bello que es ser madre. No desde lo profesional, sino desde lo humano. Cada hijo es distinto, viene sin manual, y uno va aprendiendo”, dice Ana. Y agrega algo crucial: “Necesito ese equilibrio entre ser madre, esposa y artista, si no lo tengo, se me descoloca todo, no sé cómo explicarlo, si no lo tengo como que se nubla el día, es una cosa extraña, pero así como hay gente que prácticamente vive para esta profesión, para la música, a mí me apasiona, me gusta, aquí sigo a mis 65, pero siempre le he dado el espacio que necesita esa otra parte”.
En esa búsqueda de equilibrio, de sentido y de conexión profunda, surgió esta versión de ‘Desierto florido’. Un encuentro entre dos mujeres que no saben brillar con luz propia, entendiendo que la emoción y la autenticidad son mucho más duraderas que cualquier tendencia impuesta por la industria. “Ana, te espero aquí para que hagamos más cosas”.
Si ocurre otra vez, tal vez el desierto encuentre nuevas formas de florecer.


