En 2023 Lia Kali saltó al estrellato con su primer álbum, Contra todo pronóstico, un disco que fungía como una carta de liberación donde la barcelonesa exponía su pasado oscuro. Desde ese lanzamiento, la música de Lia consiguió conectar con una audiencia que abrazó sus letras, llevándola a una gira ininterrumpida durante casi dos años, que la llevó hasta el otro lado del Atlántico.
Ahora, dos años después, presenta su segundo álbum de estudio, Kaelis, en el que comparte sus pensamientos lejos de casa, sus miedos, y nos ofrece un disco donde muestra su lado más vulnerable, pero también el más fuerte. A través de 17 canciones, nos lleva a un viaje que todos hemos hecho en algún momento: superar los miedos.
En entrevista con ROLLING STONE en Español, Lia Kali comparte el camino que la llevó a crear su nuevo álbum, los miedos que atravesó durante su creación, pero también los aprendizajes y descubrimientos que ha tenido a lo largo del proceso.
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En tus dos álbumes hay introducciones. En el primero hablas directamente al oyente, pero en el segundo es como si te acompañáramos; somos más testigos. ¿Cómo tomaste esa decisión? ¿Qué significa este cambio?
En este caso, sentí que era como mandarle mensajes a mi madre. Hablar de un viaje, de todo ese vértigo y miedo, me conectaba más con la realidad y me ayudaba a que el oyente conectara con esa sensación. Era como esa sensación de mandar un audio a tu familia para contarles cómo estás, ¿no? Entonces sentí que me ayudaba mucho más para llevar al oyente a ese viaje que quería narrar.
Y esa fue un poco la decisión de esta vez hablarle a mi madre y no directamente al oyente. Y terminar con el audio de mi abuela, que en catalán dice: “Yo solo quiero que vuelvas”. Que es un poco la comunicación que acabas teniendo con tu familia muchas veces.
Me llamó la atención que usaste el catalán en una canción, el último mensaje es en catalán.
Sí. ‘Júlia’ también.
‘Júlia’, claro. Entonces, ¿qué te llevó a usar el idioma?
Porque son mis raíces y, en verdad, lo pensé. Tengo dos abuelas: una que es castellanohablante y otra que es catalanohablante. Hablaba con las dos, y justamente estuvimos escuchando con Toni [Anzis] y dijimos, “Wow, es que el mensaje de mi abuela, el de la catalana, era tan bonito que dije: Aunque este no lo entiendan, y vayan a entender antes el de mi yaya, voy a poner este”. Porque no sé, como que sentí que se sentía en la voz de mi abuela, realmente, la nostalgia y todo. Y simplemente son mis raíces, y elegí ponerlo ahí, aunque no lo entendieran, porque acompañaba más mi viaje.
“Hablar de un viaje, de todo ese vértigo y miedo, me conectaba más con la realidad y me ayudaba a que el oyente conectara con esa sensación”, Lia Kali.
Esa fuerza, ¿no? Hablas de las mujeres que te apoyan, ahorita de tus dos abuelas, tu mamá, ¿qué tal esa conexión? ¿Las sentiste cerca cuando estabas haciendo el disco?
Las siento cerca siempre, porque la verdad es que tengo la suerte, porque, a ver, aunque a veces no te des cuenta durante el camino, de golpe, cuando empiezas a madurar, te das cuenta de lo importantes que son en tu vida, ¿no? Esas mujeres y de la suerte que tienes también de haber tenido una madre y unas abuelas que te han querido tanto y se han desvivido por ti. Entonces, claro, ellas son mi pilar, son mi tierra.
En este álbum da la sensación de que cada canción representa una etapa de un viaje personal. ¿Cómo surgió esta idea y en qué momento sentiste que tenías un álbum completo?
Surgió desde el momento en el cual me planteo que tengo que hacer un nuevo álbum y digo, “Wow, ¿de qué hablo?”. Porque no estoy viviendo. Todo lo que hago es trabajar. Y era como que quería buscar cosas todo el rato, tenía claro que quería un álbum con concepto, algo que la gente pudiera entender. Pero dije: “Es que ahora mismo lo que estoy viviendo es el vértigo de todas estas cosas maravillosas que me están pasando, que me están generando un montón de miedos, que me están generando un montón de angustias, que no pensé nunca que me generarían”.
Entonces, bueno, mis fans más fanáticos saben que yo tengo –he tenido– ese pánico muy fuerte a volar, y lo tuve que superar por la música porque dije, “O lo superas, hermana, o no te haces un viaje más.” Y nada, pues me gustó la idea de juntar ese pánico y esa altura que te da el hecho de imaginarte que estás dentro de un avión, todo ese lenguaje, las turbulencias… Me gustó mucho a nivel visual, creí que narraba muy bien un viaje en avión turbulento con lo que yo estaba sintiendo por dentro. Esta altura, este vértigo y todo eso. Esa fue un poco la elección del porqué. No sé si me he olvidado de la pregunta.
No, para nada, estuvo bien. Me surgió una pregunta ¿Te tirarías de paracaídas?
¡Ni de coña! [Risas]. No, no, no. Superé mi miedo a volar, pero creo que eso me lo ahorro.
Hay límites.
Exacto, exacto.

Tu música siempre ha transmitido mucha autenticidad. ¿Ha habido momentos en los que sentiste presión para encajar en algo que no iba contigo?
Obvio. Justo cuando terminé de sacar el primer disco y ves como todo lo que se está generando alrededor, toda la expectativa, la acogida que ha tenido con el público y todo de golpe se mezcla con que tu pasión es lo que te pone el plato en la mesa todos los días. No solo a ti, sino que a tus amigos con los que habéis comido un montón de mierda, a tu familia también en un futuro, a un montón de gente y entonces empiezas a pensar: “Tengo que hacer el siguiente paso bien”. Porque sabemos que esto es muy efímero. Le das un golpe, la gente te ama y te odia muy rápido en este mundo.
Entonces, al iniciar este disco, yo estaba con la cabeza de como, “¿Qué es lo que va a gustar?”. Y el inicio de ese disco empieza con ‘Turbulencias’, que es ese tema que hice después de haber hecho como cuatro o cinco; la gente lo escuchaba y decía, “Ay, es redondo, es perfecto”. Sí, sí, pero yo decía: “Es que esto no soy yo”. O sea, esto no es verdad, lo estoy haciendo para que guste y está genial que guste, pero me estoy perdiendo a mí. Yo no puedo hacer esto, yo no puedo hacer música por vender, ¿sabes? Yo necesito que mi música hable de algo, necesito escucharla y decir, “Esta soy. Estoy ahí, esta soy yo, esto es lo que quiero hacer”. Esto es lo que me representa.
Y empieza con esas ‘Turbulencias’, que lo escribí después de descartar cuatro temas, para decir: “No, ahora voy a contar lo que realmente estoy sintiendo”. Y hablo de todo esto, del pánico a no cumplir las expectativas que la gente tiene sobre este disco, sobre la lucha que tengo conmigo, el entrar en la industria, no olvidarme de lo que creo en el arte, de lo que creo en esa raíz que me hizo empezar en todo esto.
Mencionabas, y también lo dices en tu disco, sobre la presión de si algo va a gustar o no. Justo estamos en una época donde todos estamos conectados a las redes sociales, con la televisión y la presión de preguntarnos si vamos a encajar o no. Creo que, sin poner demasiada presión sobre los artistas, el hecho de que tengan una voz que otros escuchen puede generar una conexión, ya que los fans se dan cuenta de que el artista también enfrenta esas mismas presiones y piensan: “Ok, no estamos solos”. Percibo que esa es la conexión que tienes con tus fans, ¿es cierto?
Siento que, sin querer, tengo una conexión con mi gente, con mis fans, muy hermosa, muy familiar, ¿sabes? Ellos vienen y te dicen: “Coño, es que te siento como si fueras de mi familia”. Porque al final es eso, has entrado en su casa hablando de cosas que mucha gente no habla, y eso a ellos les ha hecho decir: “Wow, hay alguien a quien puedo escuchar y que no me va a decir que la vida es maravillosa, que no sé qué, sino que me va a hablar de cosas duras y correcto con eso, me lo bailo con eso tal”.
Entonces, sí, creo que lo más bonito es darte cuenta de que estás teniendo una relación con un montón de gente que igual ni le pones cara, pero que es una relación súperbonita. Eso me flipa, poder ser un espacio donde la gente al ponerte diga, “Fua, estoy tranquila. Vaya mierda, llevo encima, pero okay, no estáis sola. Ahí está esa piba que está cantando sobre su mierda y tira para adelante”.
Pues yo igual, yo puedo también con eso. Puedo permitirme llorar y tengo que tirar para adelante. Creo que es un poco lo que siempre se plasma en la música, que es muy como vivo yo en esas cosas, ¿no? Soy muy sentida, lloro, vivo, me encabrono, escribo sobre eso, pero luego digo: “No, yo puedo más. Esto es un aprendizaje y soy más fuerte que todo esto”.
“Yo necesito que mi música hable de algo, necesito escucharla y decir, “Esta soy. Estoy ahí, esta soy yo, esto es lo que quiero hacer.” Esto es lo que me representa”. Lia Kali.
Dices que tuviste que aprender a disfrutarlo como cuando empezaste. ¿Cómo recuperaste esa sensación inicial en medio de la presión y la incertidumbre?
Pues de golpe, sentí como si estuviera haciendo paracaídas. Dije: “¿Sabes qué? Voy a hacer lo que sea. Si me muero en esta, por lo menos me he muerto haciendo lo que realmente me representa. No me estoy vendiendo ahí. Eso soy yo, sigo siendo yo”. Esa sensación me dio alas. A veces he hecho cosas con miedo, pero hacerlas aunque te acojone, como que te da una sensación de libertad y de decir: “Ah, vale, okay, me he tirado y puedo planear”. Y así lo he hecho.
‘Júlia’ es una canción particular, parece una carta personal…
Lo es.
¿Qué me puedes contar de ella y su creación?
Esa canción la hicimos en Los Ángeles. Lo más gracioso es que está cogida de ‘La Santa Espina’, una canción tradicional catalana, de unas sardanas tradicionales catalanas. La base la hicieron entre Rance, que es un productor estadounidense de Los Ángeles, y Toni, que es granadino. Y es lo más gracioso porque para mí la producción es increíble sin ser ninguno de los dos catalanes y tener algún tipo de conexión con esa cultura.
Para mí, es una canción que habla de la nostalgia que siento muchas veces cuando miro atrás, cuando estoy viajando. Nunca había sentido tanto apego con mi tierra como desde que me va bien y viajo tanto. Es raro ¿sabes? Toda la vida había pensado: “Ay, yo viviré fuera, ya estoy harta de aquí”, y de golpe, al irme y me di cuenta de eso, de que yo tengo mi historia en Barcelona, en mi ciudad, en Cataluña, ahí están desde mi primer beso a mi primera pelea. Mi madre, mi abuela, mi abuelo… ahí están todas mis raíces. Entonces no sé, necesitaba hacer esa canción porque tenía esa sensación.

Detrás de la música hay mucho trabajo que a veces no se ve. ¿Cuál ha sido el mayor reto en tu carrera hasta ahora?
Yo creo que este disco ha sido el mayor reto. Luego lo disfruté, pero al principio pensaba: “No voy a ser capaz”. Creo que es algo que nos pasa a muchos artistas, hablando también con colegas. Te viene el síndrome del impostor: todo el mundo te canta, te baila, y tú piensas, “Wow, no sé si soy todo eso que tú crees que soy”. Sientes que, en algún momento, se darán cuenta de que no mereces estar aquí.
Luchar contra eso y volver a sentir que sí, que estoy aquí, porque sigo amando lo que hago y sigo haciéndolo desde el corazón y que eso basta… Creo que cuando empiezas a pensar en eso, también empiezas a pensar en comparaciones, en lo que debería ser, pero siento que estamos abriendo un camino distinto y que está bien, es el mío y no tengo que compararlo con el de nadie.
Vienes de una escena donde la improvisación y la libertad son esenciales. ¿Cómo ha influido tu pasado en el freestyle en la manera en que compones o interpretas ahora?
Al 100%. Yo cojo y le digo a Toni, “Siento esto, quiero hablar sobre ello. Ahora mismo esto me está rugiendo fuerte”. Toni se hace una base y yo improviso. Y de ahí luego salen un montón de partes de la letra que se quedan. Si no hubiera tenido toda esa parte de improvisar con mis colegas en la calle, de estar rodeada de flamencos, raperos, de haber mamado tanto del soul, de tener amigos que flipan con el R&B y haberlo escuchado durante tanto tiempo, y de haberme movido en ese lanzarte e improvisar, no haría las canciones que hago. Entonces, todo nace de ahí, de una improvisación. Para mí, esas primeras tomas y las cosas que te salen de manera natural suelen ser las más puras, las más de verdad.
Si este álbum representa un viaje, ¿sientes que al final del disco llegaste a algún lugar en particular, o todavía sigues en movimiento?
Sí, siento que al final de este disco he llegado a perderle mucho miedo a muchísimas cosas. De hecho, la última parte del disco va de eso. Más centrado en la música que hago, de golpe, dije, “A tomar por culo, me da igual todo”. Yo simplemente quiero hacer música y quiero disfrutar, jugar, quiero sentirme como una niña. Quiero volver a esa sensación de simplemente imaginar y soñar sin pensar en las responsabilidades, el dinero. Aquí tienes que jugar, ¿no?
Y eso es lo que conseguí al final del disco y es lo que estoy consiguiendo ahora en la vida: disfrutar del proceso y siendo consciente de que las cosas nacen y mueren, no tenerle miedo a esa muerte. Entender que, si tiene que pasar, pasa, pero que llegue a poder hacer lo que más amaba en la vida y que eso ya es todo.
“Si no hubiera tenido toda esa parte de improvisar con mis colegas en la calle, de estar rodeada de flamencos, raperos, de haber mamado tanto del soul… No estaría aquí”, Lia Kali.
Si pudieras hablar con la Lía Kali de hace cinco años, ¿qué le dirías?
Le diría que siga haciendo lo que está haciendo. No le diría nada más, no le adelantaría nada, porque si no, se relajaría. O igual me apretaría, me diría: “Uy, tienes que darte un poco de brillo”. Darme caña.


