mayo 5, 2022

Nachito Saralegui, la historia de la revelación de Porno y Helado

Humor, YouTube, Susana Giménez y ansiolíticos: la verdadera historia del coprotagonista de una de las series del año

Por  JULIETA BILIK

Nachito Saralegui: luz, cámara, acción.

Gentileza Nacho Saralegui

Empezó a subir sus videos en 2009 o 2010, no se acuerda bien. “Los veían cuatro personas”, dice hoy el actor Ignacio “Nachito” Saralegui. Pero la historia se remonta mucho más atrás en el tiempo, cuando, desde que tenía cuatro años y junto a sus hermanos José y Chachi, que le llevan 6 y 8, grababan con la cámara VHS familiar parodias de programas que veían en la tele y sketches un poco absurdos que inventaban. “Coma caca. Millones de moscas no pueden equivocarse”, arengaba, por ejemplo, el eslogan del comercial intercalado en uno de esos videos caseros, producidos en la casa familiar de La Plata, cuando Nachito no había cumplido diez años. Un youtuber antes de YouTube, al filo del siglo XXI.

“Los fines de semana el plan era juntarnos a filmar. Me acuerdo de que venían amiguitos míos a la típica cita de juegos de la tarde y una vez uno me dijo: ¿A filmar qué? [actúa cara de desconcierto, hace una pausa, levanta los hombros]. Para mí era algo común jugar a actuar, filmar videos, hacer parodias… Después me fui dando cuenta de que eso no era normal para todos”.

Hoy, tiene más de 500.000 seguidores en Instagram y cerca de 160.000 suscriptores en su cuenta de YouTube. Pero lo que lo hizo realmente conocido fue Porno y helado, la serie de Amazon Prime Video en la que encarna a Ramón, el mejor amigo de Pablo, interpretado por Martín Piroyansky, a la vez creador de la serie. Allí trabajó junto a Sofía Morandi, Favio Posca y nada menos que Susana Giménez en su regreso  a la actuación.

Toma Coca-Cola durante casi toda la video-entrevista. En el fondo de su ¿living? se ven un cuadro de Los Simpsons sobre el escritorio y varios juguetes: un osito de peluche, un Mario Bros sin abrir, un Buzz Lightyear, un Woody, un trofeo de dos pisos de esos que brillan pero se saben de plástico, un auto de madera. Cuenta su derrotero: tuvo su grupo, Jueves de Trapos, con el que hacía sketches para YouTube, montaron una obra de teatro y produjeron una película que se proyectó en el Festival de Mar del Plata: En busca del muñeco perdido (ahora disponible en YouTube). 

Durante esa etapa dejó la facultad de Derecho –“no sé por qué me había metido en Derecho”– y empezó la Escuela de Teatro La Plata, en la que estuvo cuatro años. “No terminé. Lo que se daba en ese último año ya no me interesaba tanto: era una formación actoral más clásica, me aburría un poco. Ahora me arrepiento. Hubiese estado bueno tener un título de algo [risas]”.

Aunque casi no hay momento del día en que no esté pensando o compartiendo ideas para sus redes, reconoce que siempre buscó que lo llamaran para actuar. “Si bien arranqué con mis sketches y proyectos de teatro, y es algo que amo y quiero hacer hasta el día en que me muera, en el fondo siempre quise actuar en cine o televisión. Ahora, de más grande, ya el sueño de la tele no existe porque no hay nada interesante en lo que pueda participar o aportar, pero el sueño siempre estuvo”.

El primero de abril pasado, Nachito festejó su cumple número 30 en un set durante rodaje de El gerente, la nueva comedia de Ariel Winograd basada en la campaña de marketing para vender televisores Noblex durante el Mundial de Rusia, que produce Paramount+ y en la que comparte cartel con Leonardo Sbaraglia, Carla Peterson, Luis Luque, Marina Bellati, Agus Papryka y Mónica Raiola.

Allí interpreta a Camilo, un personaje que admira a su jefe, Álvaro, y quiere ser como él. “Lo gracioso es que eso mismo pasa en la vida real. Porque a Sbaraglia lo admiro mucho y aspiro a ser como él. Así que hay cosas que son más fáciles de actuar porque se parecen a la realidad. Está bueno darse cuenta y observarse a sí mismo e identificar esas cosas porque lo que me pasa de verdad amo usarlo para el papel”.

Al tercer y último casting de Porno y helado casi no va. Era el invierno de 2020, regía la cuarentena y no había transporte público. Cada remis ida y vuelta entre su casa en La Plata y la castinera le costaba casi 6.000 pesos. Ya había hecho varios castings por Zoom y dos presenciales. “Estaba a punto de quedarme sin plata y se lo dije. Ahí, Iair Said, que estaba a cargo junto a Martina López Robol, coguionista de la serie, me respondió: ‘Si podés hacer el esfuerzo, mejor. Porque quieren que seas vos y si llegás a quedar vas a poder pagarte muchos remises’. Es que en otras oportunidades no había quedado. Hice muuuchos castings. Bah, aunque otros actores y actrices dirían que no fueron tantos, pero para mí diez castings en un año, sin estar acostumbrado, era mucho. Y no quedar en los diez me frustraba demasiado. Para el casting de Porno y helado, mi primer pensamiento fue ‘no vas a quedar, pero estás en cuarentena y aburrido. Hacelo’. Creo que eso me jugó a favor: hacerlo tranquilo”.

Por las restricciones que imponía Uruguay, donde se grabó la serie, al llegar tuvo que hacer cuarentena sin salir de la habitación del hotel durante una semana. “Tomo una medicación ansiolítica porque he tenido mucha historia de ataques de pánico, la he pasado muy mal con mi salud mental más de pibe, desde los 12 hasta los 19, 20. Fueron años muy difíciles. Después ya me acomodé, pero esto de que me encierren siete días en una habitación me trajo todos esos fantasmas. Tuve ataques de pánico, me la pasaba llorando, llamaba a mi hermano y le decía ‘¡me quiero volver!’. Una vez que se empezó a filmar me tranquilicé y dije ‘Esto es lo que quería hacer, estoy jugando a lo que quiero’”. 

Nachito Saralegui y un baile con Susana Giménez en Porno y Helado. Gentileza: Juana Mauri.

Pero antes, los miedos. “El más fuerte fue siempre el de la muerte. Me hice consciente muy chiquito, a los 12, de que me iba a morir. Siempre hay muertos en las películas pero no sé por qué caí, se me trabó la cabeza. Me empecé a poner nervioso, me ponía a llorar y no me podían frenar. No me podían decir: ‘Tranqui, no te va a pasar’ [risas]. También hay una cuestión física, fisiológica del problema. Por eso tomo sertralina. Tengo un cortocircuito en la compu, ya desde el ADN, que me hace propenso a tener ese tipo de pensamientos y a no poder frenarlos”. 

Por eso, se excusa, nunca tuvo un trabajo convencional, ni de 9 a 16 ni en una oficina. “Vengo de una familia de clase media con una buena situación económica que siempre me bancó”. Mamá, maestra; papá, ingeniero. “Un poco por todos los quilombos que tuve de ataques de pánico hubo muchos años en que no salía de mi casa, no iba ni a la escuela, rendía libre”. 

Nada que ver con Ramón, el empleado super eficiente de Construcasa en Porno y helado. “Si bien me hago cargo de las responsabilidades, no tengo tan centrada la cosa como Ramón, que quiere trabajar ahí para siempre. A mí me gusta hacer varias cosas”. Si de similitudes se trata, reconoce que ambos son ingenuos. “Hay algo de la ternura, la ingenuidad y el confiar que tengo por default, aunque en él eso está al extremo”. ¿Y lo más distinto? “La atracción por mujeres más grandes que yo [risas]. Tal vez en unos años eso cambie, nunca se sabe”.En 2018 Nachito protagonizó El sueño del pibe, una serie para UN3, el canal de la Untref, disponible en YouTube: un personaje extraño, un adolescente pasivo que no sabe que tiene un genio interior porque sus sueños son increíbles, pero él no los recuerda, y se vuelve célebre cuando son proyectados a través de una máquina revolucionaria, lo que da lugar a un nuevo tipo de arte audiovisual. Fernando Milsztajn, uno de los creadores –junto a Mariano Swi–, cuenta: “Nachito tiene la facilidad de ser gracioso sin mover un músculo. A veces incluso sin diálogos, apenas gritábamos corte nos reíamos; hay cierta electricidad o expectativa que genera alrededor suyo. No sé si es natural o si él sabe explotarlo. En una comedia, contar con alguien tan gracioso ayuda mucho. Es como que te relaja, porque sabés que va a sumar lo suyo al material. Pero en cámara no lo dejamos jugar tanto como quería porque la historia no lo permitía. Entonces, fuera de cámara se la pasaba haciendo payasadas, a veces aprovechaba para hacer videos y generaba buen clima. Es muy querible”.

Risas ATP

Nachito Saralegui menciona, casi sin pensarlo, a Cha cha cha y Todo x 2$, los dos programas de televisión que en los 90 marcaron a una generación anterior a la suya. “También está la influencia de mis hermanos. Yo no entendía nada cuando los miraba. Me reía cuando se reía mi familia. Monty Python es algo que también consumíamos mucho. Por ahí era raro porque tenía 11, 12 años… Capaz por eso me volví medio loco a esa edad” [ríe].
“En cine, Esperando la carroza es una película que veo cada tanto y me parece sensacional”. En el plano internacional menciona títulos super mainstream de Hollywood de mediados de los 80, como Top Secret! o La pistola desnuda. Además reconoce: “Les Luthiers me vuelve loco y Trailer Park Boys es mi único hallazgo, lo más escondido que encontré. Es una serie, un falso documental canadiense de los primeros en su formato. Está en Netflix”.
En el rubro stand-up elige a Mellera Lauriente (Luciano Mellera y Lucas Lauriente, con quienes ha colaborado, a quienes define como amigos y cuyos trabajos se pueden conocer a través de sus especiales en Netflix) y a Ricky Gervais o Sarah Silverman. Se detiene, sus ojos hacen el gesto de quien piensa, hace una pausa y advierte: “Digo todo lo que se me ocurre, quizás estoy tirando una mezcolanza…”. Es que su humor es universal, para nada complicado. “No hago algo muy específico para determinada gente. Me gusta hacer reír, así que a cuantos más pueda hacer reír, mejor”. Así es: no hay ni una pizca de esnobismo en sus influencias. Lo de Nachito es apto para todo público.

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