Monolink: cuando la vulnerabilidad encuentra su ritmo en The Beauty Of It All

El productor berlinés, en su nuevo álbum, ttransforma la introspección en movimiento: un viaje donde el folk y la electrónica se funden.

octubre 9, 2025

Chrissy Wes.

En The Beauty Of It All, el productor y cantante berlinés se sumerge en un territorio emocional sin filtros, combinando la introspección de un cantautor con la pulsación hipnótica de la música electrónica. Tras años de terapia y exploración personal, encontró en la vulnerabilidad no solo un lenguaje, sino una brújula creativa: un espacio donde la honestidad se convierte en ritmo y las letras, en cuerpo. Cansado de la superficialidad que domina buena parte del panorama electrónico, decidió volver a las raíces del folk y la narrativa —esa herencia de Bob Dylan o Leonard Cohen— para transformarlas en algo nuevo: canciones que pueden hacer llorar y bailar al mismo tiempo. Lo suyo es un viaje entre la intimidad acústica y la euforia colectiva, entre la confesión y el trance, donde la pista de baile se vuelve un refugio emocional y el sonido, una forma de terapia compartida.

The Beauty Of It All ha sido descrito como tu trabajo más personal y líricamente ambicioso hasta la fecha. ¿Qué te hizo sentir listo ahora para llevar ese nivel de vulnerabilidad a tu música?

Creo que hubo varios factores. Por un lado, empecé terapia hace unos tres años y me sorprendió mucho el proceso, la profundidad de nuestros paisajes emocionales. Encontré mucha inspiración allí, y también el valor para expresarme. Aceptar y mostrar vulnerabilidad es algo hermoso, y descubrí que abre muchas puertas. Por otro lado, también me cansé profundamente de la música sin sentido. Cada vez me cuesta más encontrar algo que realmente me toque, especialmente en el ámbito de la música electrónica. Desde que me interesa la música, siempre han sido las letras las que lograban llevar una canción a otro nivel. Eso es lo que amo del folk —Bob Dylan, Leonard Cohen—, canciones que cuentan historias. Quise traer eso de vuelta a mi música.

Has hablado de mezclar la lírica inspirada en el folk con paisajes sonoros electrónicos. ¿Cómo logran artistas como Bob Dylan o Leonard Cohen abrirse paso dentro de un track hecho para la pista de baile?

Para mí, normalmente sucede al revés: escribo las canciones en guitarra o piano y luego construyo la base electrónica alrededor. O me muestreo a mí mismo sobre un groove ya existente. Pero las letras siempre son el centro; todo lo demás tiene que dejarles espacio. Aun así, suele fluir naturalmente: así como amo las palabras que cuentan historias, los sonidos también pueden tener esa cualidad, solo que en otro lenguaje. Y hay algo realmente único en la forma en que la música electrónica puede llevarnos a un trance a través de la repetición y la estimulación del bajo. Esa es la parte que muchas veces extraño del folk o del pop.

Gran parte de la música electrónica aún se sostiene en drops y maximalismo, mientras que tus canciones apuestan por la narrativa y la intimidad. ¿Hubo un momento en que te diste cuenta de que ese enfoque podía conectar igual de fuerte con el público de los festivales?

Al principio hacía este tipo de música solo para mí, porque no encontraba mucho de eso allá afuera. Cuando la llevé al escenario por primera vez en 2014, me di cuenta rápidamente de que no era el único que se sentía así. Creo que el baile tiene cualidades terapéuticas muy potentes, y hay algo hermoso en bailar música emocional o melancólica. Irónicamente, eso nos hace felices y nos conecta. La mayoría de la gente va a los festivales buscando esa sensación, y no se necesitan grandes drops para alcanzarla.

El álbum se despliega como un viaje entre la ternura de una balada folk y la euforia colectiva de la pista de baile. ¿Cómo equilibras esos dos mundos al escribir y producir?

Normalmente dejo que todo fluya y veo qué sale de mí. Sé que tengo ambas partes dentro, así que algunos días me siento lleno de energía y hago música para bailar, y otros días quiero componer una balada. Antes pensaba que esos mundos no encajaban, pero ahora justamente ese punto medio es lo que más me entusiasma.

Los visuales de ‘Powerful Play’ y ‘Avalanche’ amplían los temas del disco con una estética muy potente. ¿Qué tan involucrado estás en la narrativa visual, y qué papel crees que juegan los videos en la vida de tus canciones?

Me encanta el formato del video musical porque puede poner la música en un contexto completamente distinto e incluso potenciarla. Es una forma de arte en sí misma, así que me gusta trabajar con personas que tienen una visión artística y darles total libertad para expresarse. Suelo involucrarme en la elección de los colaboradores, en quiénes confío para trabajar con mi música, pero dejo que ellos desarrollen el concepto. Comercialmente ya casi no tiene sentido hacer videoclips, igual que el formato de álbum parece estar desapareciendo. Pero sigo creyendo que hay un valor infinito en crear piezas de arte que puedan resistir el paso del tiempo.

Tus shows en vivo son únicos porque cantas y tocas guitarra en tiempo real. ¿Cómo cambia ese elemento la energía entre tú y el público en comparación con un DJ set tradicional?

Diría que es simplemente una experiencia distinta. Amo los buenos DJ sets que te llevan por un viaje musical con canciones que nunca habías escuchado. Cuando yo toco, me gusta hablar con el público; necesito algún tipo de relación con las personas que me escuchan. Eso muchas veces crea momentos realmente hermosos, en los que te sientes conectado con un mar de desconocidos, y todos compartimos el instante como si fuéramos amigos.

Recientemente tocaste en Cercle Odyssey en París, Burning Man y Lightning In A Bottle. ¿Cómo influyen esos entornos en la forma en que presentas tu música, y abordas cada público de manera diferente?

El entorno siempre tiene un papel importante en mis sets y trato de adaptarme mucho a él. Mi configuración está pensada para no depender de una lista de temas preestablecida, tengo mucho espacio y herramientas para improvisar. Intento que cada concierto sea único, aunque también depende de la energía que recibo del público; esa energía me da confianza para explorar nuevos lugares con mi música. En festivales como Burning Man o Lightning In A Bottle la gente está mucho más abierta, desconectada de su vida cotidiana, y eso hace que los momentos especiales sucedan con mayor facilidad. Además, porque a mí mismo me encanta ir a festivales como asistente.

Berlín es central en tu historia. ¿Cómo sigue influyendo la escena electrónica de la ciudad en ti, incluso cuando has desarrollado un sonido que trasciende sus límites?

Berlín es mi hogar y el lugar donde me enamoré de la música electrónica. Para mí sigue siendo el sitio más progresivo del mundo en términos musicales, y me gusta reconectarme constantemente con los sonidos que nacen aquí. La escena artística y musical de Berlín aún se siente muy poco motivada por lo comercial: la mayoría crea por amor al arte, no por el éxito económico. Eso es lo que hace a este lugar tan especial.

Cuando miras atrás al proceso de The Beauty Of It All, ¿hay una canción que se haya convertido en un punto de inflexión para todo el álbum?

Cuando me reuní en el estudio con mi amigo Toby Siebert, con quien grabé todo el disco, realmente no teníamos un plan sobre hacia dónde iba a ir el viaje. No tenía muchas maquetas o canciones escritas de antemano, lo cual, siendo honesto, me ponía un poco nervioso. Creo que Perfect World era la única que ya estaba prácticamente terminada, así que empezamos con esa y la terminamos rápido. Al día siguiente comenzamos sin plan alguno y de ahí nació Mesmerized, que ahora quizá sea mi favorita del álbum. Fue una experiencia hermosa crearla juntos; sentíamos que la canción se escribía sola, y nosotros solo teníamos que descubrir hacia dónde quería ir. Como desenterrar un fósil y excavarlo con cuidado. Diría que ese fue el momento en el que entendimos hacia dónde iba el disco, y también cuando comprendí que tenía toda la libertad del mundo para expresarme.

Con tu próxima gira por Norteamérica, ¿qué esperas que el público se lleve tras vivir este nuevo capítulo en vivo?

Espero que compartamos momentos de conexión, de sentirnos vistos o escuchados de alguna manera. El mundo parece estar en un momento muy duro, y creo que todos necesitamos recordatorios ocasionales de tener compasión —por nosotros mismos y por los demás—. Y, por supuesto, pasar un momento increíble.

MARTÍN TORO

Editor

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