Empezó en la música con apenas seis años tocando el violín, luego pasó al cuatro, y en la adolescencia comenzó a tocar la batería y tuvo una banda llamada Grillos Mientras Tanto, que llegó a moverse con fuerza en el circuito del rock alternativo en la Caracas de los años 90. Desde entonces mostraba mucho interés por grabar los ensayos de la agrupación para luego analizarlos y ver la forma de mejorar cada canción en términos de arreglos, y así dio sus primeros pasos en la producción.
Con el tiempo fue cansándose de las dinámicas propias de una banda, decidió aprender a crear música por su propia cuenta, y en 1997 se graduó como Ingeniero de Sonido, aunque ya llevaba un tiempo poniendo en práctica sus conocimientos en vivo con gente como Los Amigos Invisibles o Caramelos de Cianuro. Más tarde, en el año 2000, llegó a la Florida, en los Estados Unidos, para estudiar con la idea de radicarse en Nueva York o Los Ángeles. “Por ser bilingüe me empezaron a salir oportunidades para trabajar en Miami, y al final terminé quedándome 16 años”, recuerda Juan Cristobal.
Allí tuvo la posibilidad de colaborar con los proyectos de grandes figuras, como Santana, Ricky Martin, Shakira, Chayanne o Gilberto Santa Rosa, y en 2009 ya estaba involucrado en la industria con el publishing y la parte ejecutiva del negocio.
“En 2017 me mudé a Nueva York, doy clases en NYU, y ahora tengo mi estudio dentro de las instalaciones de Amazon”, señala con orgullo. “Soy Producer-In-Residence, y recientemente firmé con Rimas Publishing”, añade, recordando que en esa compañía figuran estrellas como Bad Bunny, Eladio Carrión y Mora, personajes importantísimos en la escena urbana actual. Ahora su trabajo combina aspectos creativos y ejecutivos del negocio, además de impulsar a artistas independientes y emergentes.
Como productor, reconoce en gente como Rick Rubin, Pharrell Williams y Tainy a tres de sus grandes influencias. De Rubin destaca “la parte ‘filosófica’ de lo creativo en la producción, el no forzar los procesos, entender su papel como mensajero, y estar alerta a las señales para convertirlas en canciones”; en cuanto a Pharrell, admira su capacidad para “romper esquemas en la creatividad a la hora de producir, en el dominio del rap y de la música afroamericana”; de Tainy ha aprendido mucho en la producción de música urbana latina al “fusionar géneros dentro del pop y el reggaetón”.
Para Mr. Sonic la innovación radica en la mezcla de elementos, y asegura que a partir de estas influencias ha construido su propio sonido, su propia filosofía, un sello que le ha permitido trabajar con algunos de los artistas más importantes del mundo latino.
“Para mí lo importante es entender que estamos al servicio del artista para poder crear una música que conecte con la audiencia”, declara al momento de definir qué tipo de productor es. “Siempre creo que es muy importante conocer al artista a nivel personal, ¿qué está pasando en su vida?, ¿qué quiere transmitir?”, dice, aclarando que busca convertirse en un vehículo que lleva ese mensaje a las audiencias. En ese proceso decide adaptarse a cada artista con sus propias emociones e historias; “Nunca busco que el artista se adapte a mí”.
Por eso se define como un productor integral, capaz de moverse libremente entre géneros como el pop, la salsa, el rock o el urbano. “Mezclar culturas genera innovación”, asegura. “Si utilizamos nuestra cultura como un súper poder, vamos a seguir rompiendo la brecha de la creatividad”. Desde su perspectiva, un productor es como un chef que tiene a su disposición ya todos los ingredientes que existen hace miles de años, pero cuenta con la capacidad de crear nuevos sabores, y nuevos platos.
Mr. Sonic considera que existen esencialmente dos tipos de éxito para una canción: En primer lugar, está el éxito artístico, “cuando estás satisfecho con tu obra, porque el arte es una expresión que sale del alma”, dice antes de indicar que algunos de los discos que le han dado más satisfacciones no han sido necesariamente los más exitosos comercialmente. “El éxito comercial se basa en otras cosas, en la popularidad, en la audiencia; puedes hacer un disco que artísticamente no sea muy complejo, pero cumpla con todos los requisitos para ser un éxito; un buen ritmo, melodías bien mainstream, letras sobre temas cotidianos para que la gente se identifique con ellas…”. Entiende que el disco ideal logra combinar el éxito artístico con el éxito comercial, pero en su caso, el reconocimiento ha llegado por los dos caminos, con álbumes llenos de éxito comercial, y trabajos salidos del alma que han dado enorme satisfacción artística.
Desde la perspectiva del negocio, para Losada, el streaming ha convertido la música en una especie de tarjeta de presentación que permite conocer una información que habla de la popularidad de un artista, pero ve que no existe ninguna curaduría o filtro a la hora de distribuir las canciones. “No entiendo por qué las tiendas de música no se aseguran de que la calidad del producto sea buena, eso ha tenido un efecto fatal en la parte creativa, en el valor de la música y de las buenas grabaciones y buenas líricas, eso que se llamaría ‘la artesanía’ se ha perdido porque no hay nadie evaluando la calidad”, declara.
En ese panorama, señala que cada vez existe más ruido, y esto hace que sea muy difícil destacarse; “a veces la industria es más importante que la música porque dependes de las conexiones, de hacer una buena campaña de relaciones públicas, o de ser un buen influencer, a lo mejor tu música no tiene que ser muy buena”.
De un tiempo para acá ha venido trabajando también en asuntos legales para proteger los derechos de quienes crean la música, porque siente que “están siendo violados y atropellados por estas plataformas distribuidoras que venden zapatos, pero no le quieren pagar al zapatero, ¿cómo es sostenible un modelo así?”, se pregunta. Para Mr. Sonic este es un modelo que pronto va a colapsar, si es que no está colapsando ya. “No tiene sentido, a menos que estés en el 1%, en el tope de la pirámide”. Por todo eso piensa que se avecinan grandes cambios, y puede llegar el día en que los artistas retiren la música de estas plataformas para buscar otras formas de distribución, y el poder irá volviendo a los creadores gracias a las mismas tecnologías que durante tanto tiempo se han utilizado en su contra.
Con eso en mente, es inevitable reflexionar sobre el impacto de la inteligencia artificial en la música, y trae a colación el auto-tune y las máquinas de baterías electrónicas como ejemplos. Para él siempre estas herramientas han estado presentes, y la ventaja estará en manos de quienes aprendan a utilizarlas. “El elemento humano siempre va a estar presente”, asegura. “Eso es irremplazable […] fíjate que la salsa, que estuvo desaparecida durante 20 años, está de vuelta, y para hacerla necesitas a un conguero, necesitas a un trompetista, no lo puedes hacer todo en una maquinita, todo va a volver, todo es un ciclo”.
Hoy, con toda esta experiencia y conocimiento a sus espaldas, recuerda cuando José José lo escogió como ingeniero y productor de su álbum en 2002, así obtuvo su primera visa; “fue como el Ángel de la Guarda para mí, me guio en mis primeros pasos en la industria en los Estados Unidos”, confiesa. También recuerda el trabajo con Clive Davis y Santana junto a Macy Gray y Nickelback, o lo que vivió junto a Shakira en la producción del ‘Waka-Waka’. El año pasado recibió un Grammy estadounidense con Julian Marley por Mejor Álbum de Reggae gracias a Colors of Royal, en el que también participó el legendario Bahiano, reconocido por su paso por Los Pericos.
Su historia está llena de grandes canciones y álbumes memorables, como Ciclos, de Luis Enrique, elegido por ROLLING STONE como uno de los más grandes discos en la historia de la salsa. Seguramente vendrán para él cada vez proyectos más grandes y ambiciosos, canciones que le permitan seguir aportando a la industria de la música latina, mientras continúa construyendo un legado que perdurará por muchos años.


