Madre/Androide

Los robots han tomado el control del mundo y una pareja debe luchar para sobrevivir, en esta mezcla entre Terminator y A Quiet Place

Mattson Tomlin

Chloë Grace Moretz, Algee Smith, Raúl Castillo

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de Netflix

¿Se le puede perdonar a una película su inconsistencia argumental y la falta de originalidad? La respuesta es sí, si la cinta es de terror y esta nos ofrece momentos genuinamente espeluznantes. 

Este es el caso de Madre/Androide, el debut como director de Mattson Tomlin y cuyo guion (escrito por él), aspira a equipararse con R.U.R. la obra teatral de ciencia ficción del checo Karel Čapek, acerca de una empresa que construye humanos artificiales con el fin de aligerar la carga de trabajo de las personas. No es así. 

De R.U.R. (obra que introdujo al lenguaje popular la palabra “robot”), lo único que se hace presente en Madre/Androide es su premisa (las máquinas se rebelan y acaban destruyendo a la humanidad) y una referencia manifestada por Arthur (Raúl Castillo), un personaje del que es mejor no contar nada. Como es costumbre con las “nuevas” propuestas cinematográficas actuales, lo que encontramos es una mezcla muy poco original de películas y series, como Terminator, 28 Days Later, I Robot, I Am Legend, A Quiet Place, Bird Box y The Walking Dead.

Chloë Grace Moretz, quien ha demostrado ser una gran actriz en cintas como Kick-Ass, Let Me In, Clouds Of Sils Maria, Suspiria y The Miseducation Of Cameron Post, vuelve a rebajarse en un producto inferior a su talento, como lo hizo en las cintas Neighbors 2, The 5th Wave y Greta. Aquí interpreta a Georgia, una mujer que se entera de que está embarazada el mismo día en el que estalla la revolución de los robots.

Ella y su novio Sam (Algee Smith de Euphoria) tratarán de tomar un barco hacia Corea (al parecer las cosas están mejor allá) para darle una mejor vida al hijo que está por nacer.  El guion de Tomlin parece apuntar a una serie de metáforas y alegorías sobre la maternidad, la responsabilidad de ser padres y sobre las difíciles decisiones que los padres deben tomar para asegurar un futuro para sus hijos, pero lo cierto es que no llegan a desarrollarse. Lo que salva a Madre/Androide de la perdición son unos escasos momentos que llegan a crispar los nervios. Las escenas de la persecución en moto, el rescate de Sam y la invasión en el hospital nos llevan a pensar que, si las cosas se hubieran llevado por ese camino visceral y colmado de adrenalina, las cosas hubieran salido muchísimo mejor para esta cinta de clase B que pretende ser de clase A.