Los Violadores: la historia detrás de ‘Y ahora qué pasa, eh?’

En palabras de la voz de la banda, Pil Trafa, y otros protagonistas, la gestación de un disco clave para el rock argentino en los ochenta

febrero 1, 2023

El presidente Raúl Alfonsín intentaba frenar la inflación con el Plan Austral mientras avanzaba el Juicio a las Juntas Militares responsables del recientemente colapsado y nefasto Proceso de Reorganización Nacional. En términos de rock, la Buenos Aires nuevamente democrática era una usina de creatividad, en especial por sus circuitos subterráneos. En lugares hoy míticos como el Café Einstein, de Omar Chabán, Zero Bar o Stud Free Pub se gestaba una escena fresca, donde rotaban bandas tan diversas como Soda StereoSumoLos Twist y Virus. También, Los Violadores, emergentes de un fenómeno aún más under, el punk.

El cuarteto grabó entre marzo y abril de 1985 su segundo y más exitoso disco, el que los oficializó como músicos de profesión y los envió de viaje por toda Latinoamérica. Y ahora qué pasa, eh?, registrado en los Estudios Panda, fue el grito de batalla con el que ingresaron incluso en las discos. Con ventas superiores a las cien mil copias, la banda tocó más que nunca y tuvo que enfrentarse tanto a quienes se escandalizaban con su nombre como a algunos viejos seguidores que los veían alejarse de los principios punks y del sonido corrosivo de su debut de 1983, portador del clásico “Represión”. Lo cierto es que la banda, junto a su histórico manager Mundy Epifanio, logró mezclar pop, punk y new wave, además de crear uno de los primeros remixes para una banda rock (Uno-Dos Ultravioladores).

La tapa original de Y ahora qué pasa, eh?, de 1985 (Foto: Archivo)

Pil Trafa (voz), Sergio Gramática (batería), Robert “Polaco” Zelazek (bajo), Mundy Epifanio, Amílcar Gilabert (ingeniero de sonido) y Juan Cebrián (productor artístico) reconstruyen la historia de cómo una banda punk, ruidosa y contestataria se transformó en un fenómeno masivo.

Mundy Epifanio: En 1981, un amigo, Palo Carrugatti, me acercó un casete con unos demos de la banda. Se lo había llevado a Daniel Grinbank, pero no le había interesado. En esa época, yo era manager de Riff, que ya pintaban como artistas históricos, y me parecía que los Violadores tenían algo, así que firmamos y empezamos a hacer conciertos más seguidos. Me gustaba su actitud rebelde; yo también tenía algo de eso, con mis 25 años. Me acuerdo de un recital que hicimos el 2 de abril de 1982 en un teatro frente al Obelisco. El mismo día que empezó la guerra de Malvinas.

Pil Chalar: El primer disco de Violadores se grabó en plena guerra de Malvinas. Lo hicimos con la producción de Michel Peyronel (entonces baterista de Riff) entre mayo y junio de 1982, pero quedó en stand by, sin salir, por año y medio. Fue un lindo trabajo, en un estudio chiquito de ocho canales, con la formación original: yo en voz, Hari-B en guitarra, Stuka en bajo y Gramática en batería.

Sergio Gramática: Tocábamos en el under, con Sumo, Los Twist y bandas de la época. Pil debutó como cantante en un lugar que se llamaba Le Chevalet, en la calle Ecuador.

Robert Zelazek: Conocí a Hari-B (Pedro Braun) de muy chiquito, en 1977, porque su mamá era mi dentista y parte de su familia era polaca, como yo. En un momento, él viajó a Londres y trajo muchos discos. En su casa escuché a los Pistols, Blondie, Television, Elvis Costello… Me abrió la cabeza.

Mundy Epifanio: En Buenos Aires, había pocos lugares que pasaran rock. Las discotecas eran clave. Lugares como Fire, frente a la cancha de River, Freedom, frente a la ESMA, o Cinema, en la avenida Córdoba, y los antros que empezaban a aparecer a mediados de 1982 fueron importantes para hacer ruido. Uno de los primeros lugares donde pude hacer tocar a Los Violadores fue el Stud Free Pub, en Belgrano. Pero uno de los detonadores más importantes de la cultura underground, que nos adelantó a otros países, fue el Café Einstein, del gran Omar Chabán.

Juan Cebrián: Viví en Nueva York hasta 1983. Volví a Buenos Aires y me quedé muy sorprendido con la escena. Era increíble, había lugares, como Zero y Einstein, y bandas como Sumo y Soda Stereo. Empecé a trabajar con Nylon y con Los Encargados.

Pil Chalar: En ese período de transición a la democracia, cuando los milicos quemaban las pruebas de lo que habían hecho, se mantenían la represión y las redadas, se abrían y cerraban boliches. No teníamos muchas presentaciones y la música que se escuchaba era más “divertida”, como Los Twist o Soda Stereo. El primer disco lo agarramos medio a contramano, no iba mucho con el momento. Pero igual notábamos que aparecía nuestro público.

Los Violadores, a mediados de los 80: Robert Zelazek, Gustavo Stuka Fossa, Pil Trafa y, abajo, Sergio Gramática (Foto: Archivo)

Mundy Epifanio: La banda fue un quinteto durante un tiempo corto, con Hari-B, justo antes de irse, Stuka en guitarra, el Polaco en bajo, Gramática en batería y Pil en voz. Duró poco y quedaron los cuatro que grabaron el segundo disco.

Pil Chalar: En 1984 había un destape, se notaba un poco más de libertad. Algunos temas de Y ahora qué pasa eh? los veníamos tocando desde 1982, incluso con el quinteto, que duró solo un par de meses, con dos guitarras, Hari machacando y Stuka, que soleaba. Es el sonido que más me gustó en la historia de la banda. Siempre pensé que Violadores funcionaba mejor con dos guitarras.

Sergio Gramática: Hay un cambio importante en esa época. Stuka empieza a tocar la guitarra, entra El Polaco y Hari se va. El quinteto fue efímero, un par de shows nomás. Siempre quise que la banda fuera un cuarteto.

Robert Zelazek: Le Chevalet quedaba atrás del Hospital Alemán, sobre la calle Ecuador. Yo tocaba la guitarra en Trixy y Los Maniáticos, con Sandra Chaya, que era la mujer de Stuka. Nosotros y Los Violadores ensayamos juntos en una casa que nos prestaba el padre de Trixy en la calle Gavilán, y debutamos también con ellos en Le Chevalet. Entre los ensayos y ese show empecé a tener relación con la banda. Y resultó que Hari ya no quería estar, así que me ofrecieron tocar el bajo. Entonces pensé: el bajo tiene dos cuerdas menos que la guitarra, ¡así que debe ser más fácil! Fui a Daiam y cambié mi guitarra Hondo por un bajo Schaller. En poco tiempo debuté con los Violadores en el Einstein.

Mundy Epifanio: Había hecho la producción ejecutiva del primer disco y logré editarlo en Argentina, México y Uruguay. La verdad es que no vendió mucho; era de prever para uno de los primeros discos punks en Latinoamérica. Incluso pude meter a la banda en algunos programas de televisión, como Feliz domingo para la juventud. Pero no sabía cómo producir el segundo disco. Un maestro muy capo que tuve, el Beco Rota, que trajo a Queen a la Argentina, me preguntó qué iba a hacer con esta bandita que tenía. Le comenté que estaba pensando en el segundo disco y me dijo: “Tengo un chico amigo que sabe mucho de música, te va a caer bien y a los músicos también”. Ese chico era Juan Cebrián. Juan venía de Europa y Estados Unidos con mucha data. Se lo presenté a los chicos y decidimos que sería perfecto como productor. Pero un pequeño problema era que no tenía el dinero para grabar. Debía convencer a un estudio de que les pagara después, con la ganancia del disco. Un amigo, Miguel Krochik, dueño de Estudios Panda, me dijo: “¿Cuántas horas necesitás?”. Le dije que entre 100 y 120 estaba ok y me permitió usar el estudio cuando no iban otras bandas. Así pudimos grabar, con el plus de que en Panda estaba Amílcar Gilabert como técnico de sonido.

Sergio Gramática: Veníamos ensayando mucho en la casa de nuestro sonidista, El Loco Boogie, que les hacía el sonido a V8 y Riff, en Lomas del Mirador. A esos ensayos venía Cebrián, así que cuando entramos a grabar ya conocía bien los temas.

Pil Chalar: A principios de 1985, Mundy nos paró un poco la pelota. Dejamos de tocar en vivo y estuvimos ensayando mucho hasta que entramos al estudio. Cuando llegué a Panda me sorprendió la tecnología, era como estar en Star Wars. Había una consola de 24 canales, que no me gustó mucho, prefería el sonido con ocho canales. Sentía que estábamos comprimidos, con esa fuerza de ir como por un tubo. Con todos esos canales me parece que la banda se abría demasiado, la tecnología desparramó mucho el sonido. El tacho de la batería tiene ese sonido medio lata, se nota que la banda ya estaba influenciada por los sonidos de los ochenta. Creo que con menos canales sería otro sonido, pero por supuesto que no hubiera sido ni un cuarto de lo exitoso que resultó.

Juan Cebrián: Mi relación con los Violadores viene por Mundy. Cuando los conocí pegamos onda en un minuto. Fue un trámite. La grabación fue en Panda, de Miguel Krochik, con el que nos cagábamos de risa. Cada vez que pasaba por la consola nos decía si podía meter un cello en alguna canción. Pero con el que pegué la mejor de las ondas fue con Amílcar. La imaginación con la que laburó fue fundamental. Él venía de trabajar con Charly García, Los Twist, Suéter y los Abuelos, por nombrar algunos. Tuvo también una linda sinergia con Stuka, por eso el disco tiene miles de guitarras y Amílcar logró que sonaran bien. En el estudio los Violadores eran como chicos de barrio: cuando Stuka quería meter otra guitarra, yo preparaba una merienda con leche chocolatada y galletitas para los demás.

Amilcar Gilabert: Las grabaciones fueron normales y profesionales. La banda estaba abierta a trabajar. Les pedía algo y lo hacían. Si ellos me sugerían algo, se hacía. Tuve absoluta libertad. De por sí, me gustaba su sonido. Todo tenía que ser natural, no soy muy afecto a los plugins o a la compresión de la voz. El sonido que está en el disco es el sonido de ellos. Quería documentar a la banda en ese momento. Tenían un mensaje para decir y ese mensaje está clarísimo.

Mundy Epifanio: Cuando empezamos a grabar en Panda el grupo no tenía éxito en el mainstream, pero sí en el under. Era como la banda que les gustaba a los músicos. Gustavo Cerati la votó varias veces como una de sus favoritas. Grabar el segundo disco fue una apuesta necesaria: teníamos a los primeros artistas punks de América Latina. Era una banda distinta y avanzada.

Nada ni nadie: Stuka y Zelazek, en la presentación de Y ahora qué pasa, eh?. (Foto: Carlos Giustino/Aspix)

Pil Chalar: No estoy muy conforme con cómo suena mi voz. Estaba medio resfriado y no siento que le hayamos puesto muchas horas. Algunos coros son potentes, sé que todos los temas son increíbles, pero siempre tengo esa sensación de que podrían haber quedado mejor. El sonido está “popizado”, suena como música pop. Y fue Mundy el inventor de esto del “pop duro”. Igual, no me voy a quejar, fue una época de despegue y crecimiento. Nos dimos cuenta de que teníamos algo bueno, la gente del estudio pasaba y se quedaba escuchando los temas. Amílcar nos contó que le hizo escuchar a su hija de quince años el disco y la nena dijo que “Ultraviolento” era un hit. ¡Una visionaria!

Sergio Gramática: Cuando entramos al estudio nos dimos cuenta de que era mejor, con mejor tecnología. Yo toqué con la mejor batería, una Tama con un tambor Colombo. La verdad es que sacamos un sonido espectacular. Con la consola de 24 canales de Panda pudimos agregar más sonidos. A los coros que hacíamos Stuka y yo les dimos mucha importancia y Amílcar fue super importante para que todo suene compacto. La banda igual venía bien ensayada y me parece que Stuka empezó a mostrar todo su potencial en ese momento. Había grabado algunas cosas para el primer disco, pero en este su talento estaba saliendo por todos lados. Es un disco guitarrero, puede que haya una vertiente más pop, pero igual suena punk. No suena como Sumo, Virus o Soda. Aparte nos llamábamos Los Violadores; con ese nombre y la tapa, estaba todo dicho. El diseño de (Juan Pablo) Bianchi capta la época, una combinación perfecta entre el punk y la new wave.

Pil Chalar: Un día, grabando “Nada ni nadie”, se cortó la luz en el medio de la toma y pensé que habría que grabar todo de nuevo. Amílcar cortó la cinta, la empalmó y seguimos. Me quedé sorprendido por esos detalles, por cómo se manejaba en el estudio. El diseño de tapa es increíble, Bianchi laburó con un aerógrafo sobre una foto nuestra. Tiene guiños a los Pistols (el color), a los Clash. Es una tapa icónica.

Sergio Gramática: “Revolución Inter”, el primer track, es de Stuka. Me gusta mucho, va a toda velocidad. El Polaco tocó con un sonido distorsionado que me encanta.

Pil Chalar: Es un tema de Stuka, uno de los “nuevos”, que estrenamos en el disco, y tiene un beat especial que para mí comparte con “Como la primera vez”. Es una canción bailable y se pasaba en las discotecas. Fue una época en donde el rock argentino estaba de moda.

Mundy Epifanio: La canción se iba a llamar solo “Revolución”, pero no nos gustaba que quedara solo esa palabra. Le íbamos a poner “Revolución interior” y no sé qué pasó que a los muchachos tampoco les gustaba mucho lo de “Interior” y quedó “Revolución Inter”.

Sergio Gramática: El final de “Revolución” y el principio de “Como la primera vez” son una marcha impresionante. Empiezo con el bombo y el hi-hat, se suma la guitarra y explota todo. Es un tema punk con toques new wave. La usamos para abrir los shows que hicimos en el Luna cuando nos volvimos a juntar en 2016.

Pil Chalar: “Somos Latinoamérica” es mío y tiene algo de geopolítica. Era una parodia que hablaba de nuestra situación, lo debo haber compuesto en 1982. Lo tocábamos con Hari en la primera formación.

Mundy Epifanio: Yo tenía en mi mente que teníamos que trabajar con la banda en Latinoamérica y les ponía muchas fichas a Stuka y Pil para que compusieran canciones que hablaran del continente. Yo ya tenía puesto el ojo en México, Perú y Uruguay. Ellos, como compositores hábiles que son, generaron esta canción que refleja a la perfección lo que sucedía en esa época y lamentablemente sigue sucediendo.

Sergio Gramática: Al principio, “Sin ataduras” tiene un sonido de tambor que se le ocurrió a Amílcar y a mí mucho no me gustaba, sonaba como un cajón hueco. Cuando Pil entra con la voz, el tambor vuelve a sonar “normal”. Es un temazo.

Amílcar Gilabert: Se me ocurrió que estaría bueno cambiar la batería al principio. Se lo mostré a Sergio y le gustó. Me gusta intentar hacer cosas en el estudio cuando se está haciendo la mezcla.

Pil Chalar: “Comunicado 166” lo estrenamos el 9 de Julio de 1982, no entró en el primer disco porque ya estaba cerrado. Me hubiera encantado que fuera parte del debut. Tiene fuerza y la letra era perfecta para el momento. Esta versión suena un poco más rockabilly que la que tocábamos con Hari, que era más brusca, más ruidosa.

Sergio Gramática: Esta canción venía de mucho antes. La tocábamos desde 1982. Habla de Malvinas y Juan (Cebrián) nos pidió poner algo en inglés sobre Margaret Thatcher, por eso al final se escucha un “Fuck yourself, Maggie”.

Juan Cebrián: Si tuviera que elegir una buena combinación de canciones serían las últimas tres del lado A. Se nota la verdadera actitud del grupo. Un punky latinoamericano con carga política. Me acuerdo del “Fuck yourself, Maggie” del final de “Comunicado”, no me acuerdo de si fue Stuka, Pil o yo mismo el que cantó eso.

Sergio Gramática: “Quiero ser yo, quiero ser libre”, el primero del lado B, es de Hari, de 1981, un tema incluso anterior a la entrada de Pil.

Pil Chalar: Es el único de Hari en el disco y suena muy pop. Tiene lindos arreglos vocales, es un lindo tema hippie. El tema más hippie de los Violadores. Era nuestro segundo disco, sabíamos que si al disco le iba mal a la banda también. En esa época era todo medio así, muchas bandas desaparecieron cuando fracasaron con el segundo.

Sergio Gramática: Es otro tema anterior a la entrada de Pil. Es más, me acuerdo de que cuando le hicimos la prueba para entrar a la banda, la tuvo que cantar. Es algo raro lo que pasó con esta canción. Es la segunda canción del lado B: nunca pensamos que iba a ser un hitazo. Cuando escuché la mezcla y mi batería con tanta cámara parecía una manifestación callejera. Creo que inclusive pensamos en sacarla del disco. Mundy nos quería convencer de que quedara, con una teoría increíble: “Un título que combina números con una palabra es un hit”.

Mundy Epifanio: La canción era un éxito medio under cuando salió el disco, con el estribillo más punky, “Y ahora qué pasa, eh?”. Pero explotó cuando sacamos la versión remix. Nos hizo entrar en todas las discotecas.

Robert Zelazek: Para mí era un tema de relleno. Es más, yo creía que el corte que tendría más difusión era “Como la primera vez”.

Pil Chalar: Poner nuestro tema más conocido como la segunda canción del lado B dice mucho de lo que pensábamos de “Uno, dos, ultraviolento”. No le teníamos mucha fe. La letra estaba basada en La naranja mecánica, la novela de Anthony Burgess. Y ese año tuvimos la suerte de que se estrenara, después de mucho tiempo, la versión cinematográfica de Stanley Kubrick, lo que hizo que la letra fuera más comprensible. La Novena Sinfonía de Beethoven, que suena al principio, también le da ese algo más, la inmortaliza.

Juan Cebrián: Suena poderosa, el intro de viola de Stuka la vuelve épica. Es un temazo, su letra y el contexto, los coros vigorosos, casi de cancha, algo que los Clash usaban muy bien. Para “Uno, dos” buscamos gente que pasaba por la puerta de Panda y le decíamos si le gustaría participar en la grabación de un tema.

Amílcar Gilabert: No me acuerdo de quién fue la idea. Buscamos gente en la calle y le dijimos si quería intervenir en un coro. Está hecho de esa manera. Cosas que pasan en un estudio.

Sergio Gramática: Fue la primera canción del disco que escuché en la radio y no me gustó nada cómo sonaba. La puso Omar Cerasuolo en el programa El tren fantasma. En cambio, “Espera y verás” es uno de los que más me gustan de la historia de Violadores. Es un temazo, de los más largos y con mayor desarrollo. Lo que menos me cierra es un efecto tipo “gaita” de Stuka, pero está ok, quería experimentar. Siempre lo dejábamos para casi el final de los shows. Le decíamos a Juan (Cebrián) que nos gustaba la parte “reggae” de la canción, y nos decía: “¿Reggae? ¡Esto no es reggae!”.

Pil Chalar: Es una de mis favoritas. La letra es mía. Se la cantaba a los punks, a los que nos seguían desde el principio, que nos decían ahora que nos estábamos vendiendo al lucro, al vil metal. Es una canción que habla de lo que va a suceder, de que en un momento se acomodan los tantos. “Espera y verás”. Me gusta mucho la parte reggae, cuando dice “todo lo que hemos logrado, fue por un precio muy caro”.

Robert Zelazek: No me acuerdo nada de esa grabación, andaba muy “Speedy González” en esa época. La memoria me falla (risas).

Pil Chalar: “Nada ni nadie nos puede doblegar” es de Michel y de Stuka, les quedó fuera de un disco que estaban haciendo en 1984, “A toda máquina”. Cuando lo escuchamos lo quisimos meter. Creo que fue el último que entró. Lo canté muy mal en el estudio, después la canté mejor en vivo… Ni quiero escucharla. Los coros los armó Mundy y quedaron muy bien con la canción.

Mundy Epifanio: Un año después del disco, sacamos un EP con el remix de “Uno, dos, ultraviolento” y otros tracks que habían quedado fuera del disco. Se llamó Uno, dos, ultravioladores. El remix lo hizo un DJ que se llamaba José de Tarot y fue una bomba. Con mis amigos el Yeti y el Ruso Verea metimos el maxi en más de 200 discotecas de Buenos Aires y el interior. Entró como un tubo en todas las pistas: el rock nacional estaba de moda y además era punk. Creo que fue el primer remix de una banda de rock en Latinoamérica.

Pil Chalar: Ese remix salió un año después. Lo bueno fue que pudimos lanzar en ese EP canciones que habíamos grabado en Panda. Entraron “Por 1980 y tantos”, “El corregidor”, un demo de la canción “La era del corregidor”, que saldría en Fuera de sektor y me parece una de las mejores de Violadores; también “Chicas de la calle” y “Auschwitz”, que parece una canción trash.

Mundy Epifanio: Siempre me gustó generar productos nuevos para los artistas que manejo. Es una de las pocas fórmulas para que nuestros artistas sobrevivan en el tiempo y la gente los recuerde, los pueda ver y oír. En aquel momento un amigo tenía una distribuidora de videos muy grande y me propuso hacer un “video home”. Me pareció buena idea y conseguimos un equipo de grabación que tenía cracks que después serían muy conocidos: Alejandro Stoessel como director, Dani García Moreno, un héroe del video. Mi idea era trabajar con Chabán, que había armado el escenario del primer Paladium. La mañana del show Omar vino con las manos vacías y me dijo “Todo lo que va a estar en el escenario está en el mismo lugar del concierto”. Abajo de Paladium estaban las viejas bovinas que le daban electricidad a todo Buenos Aires a principio del siglo XX; tenían tres subsuelos con cosas. El colgado de Omar empezó a subir fierros viejos, elementos de electricidad, todo muy Mad Max, oxidado y destruido. Le dije: “Alguien toca esto y se muere de tétanos”. Dejamos eso de lado y salí corriendo a la calle Uruguay a buscar un local que hiciera cosas con telgopor. Tenía la tapa del disco y pedí las letras de la banda como de dos metros de alto para colgarlas del techo. El tipo me miró con cara de “es imposible hacerlo tan rápido”. No sé cómo lo convencí, pero a las cuatro de la tarde tenía todo, pudimos colgarlo y es lo que se ve en el video.

Sergio Gramática: Lo más importante que nos sucedió el año del lanzamiento del disco fue la salida de la radio Rock & Pop. Mundy se llevaba muy bien con Grinbank y la banda sonaba todo el día. El disco se presentó a fin de ese año en la discoteca Palladium, que estaba en la calle Reconquista y Paraguay. Hicimos dos shows ahí, el primero en diciembre de 1985 y el segundo (con 1,2 Ultravioladores bajo el brazo) en junio de 1986. Este último lo grabamos con muchas cámaras y sacamos un VHS con la empresa AVH (Argentina Home Video).

Robert Zelazek: Me acuerdo que había unos televisores donde estaba yo en el escenario. Para mí fue un show más, en esa época estábamos tocando muchísimo.

Pil Chalar: Omar Chabán fue el que armó el diseño del escenario, puso unos televisores. Estaban también Diana Baxter (de Loca…como tu madre), gente de la contracultura. Katja Alemann y Omar trajeron esos televisores blanco y negro y filmamos una parte del videoclip de “1, 2 Ultraviolento”. En junio de 1986 hicimos el segundo presentando 1,2 Ultravioladores con mucho éxito, todo agotado y la banda en pleno crecimiento. Es como una despedida del momento de Y ahora qué pasa Eh! y le estamos dando la bienvenida al momento Fuera de Sektor.

Juan Cebrián: El ambiente era una mezcla, punky y rock. El rock quería “agionarse” un poco a lo que estaba pasando en ese momento. Fue un lindo evento y trabajamos con Dani Garcia Moreno (el hermano de Charly García) que estaba en el camión móvil grabando todo. La producción fue para AVH que tenía unos VHS con bandas argentinas como “Sumo en El Astros” y “Los Abuelos de la Nada en el Opera” ¡para nutrir la sección de recitales de música de los videoclubes! Tan viejos estamos…. para mí es algo histórico.

Sergio Gramática: Todos los recuerdos que tengo son buenos de este disco. La relación de Juan, Amilcar, Mundy y nosotros. Este disco nos dio mucho, nos hizo tocar mucho y nos abrió muchas puertas. Es un disco que atraviesa generaciones, nosotros estábamos muy bien e íbamos todo para adelante.

Pil Chalar: Mi tía en la época de la salida del disco, agosto de 1985, tenía cáncer terminal y la iba a visitar a su casa. Mi viejo también había tenido un problema y me dieron el disco justo esos días. Me acuerdo que fui a lo de mi tía y le mostré la tapa. Ella, con mucha morfina, miró la tapa del disco y me miró con una mirada esperanzadora. Es algo que te marca eso. El disco es ese momento, es dinámico y a la vez el más “juvenil” de Los Violadores. El anterior es un disco de rabia, esa rabia que te hace crecer. Este me parece el primer disco rockero argentino que se puede bailar, y eso me gusta. Si estoy en una fiesta vintage y suena “Revolución” o “Somos Latinoamérica” mi pie se mueve, y si pasa eso y a la vez escuchás la letra, seguro te queda algo.

Robert Zelazek: Ese disco me llegó a dar repulsión. Me acuerdo un día en casa de Pil, que llevaba puntualmente todo, me dijo que íbamos por el show número mil. Mil shows tocando ese disco del orto… No podía escuchar “Ultraviolento” otra vez. Quería vomitar. Cada vez que aparecían composiciones nuevas era un alivio. Tocamos esas canciones millones de veces, todos los fines de semana. Se recontra gastó el disco. En ese momento había un circuito de discotecas. Tocábamos lo mismo siempre. Pero, como siempre, después de mucho tiempo volvés. Me fui a vivir a España y a Inglaterra, casi ocho años sin dedicarme a la música, y un día volví a escuchar el disco y me dije “Wow, mirá las cosas que hacíamos”. Es un disco que no perdió nada, ni auditivamente ni musicalmente. Tiene energía. Pero tengo que admitir que en un momento lo odiaba, cosa que no me pasó con el resto de los discos, quizás porque no tuvieron tanto marketing o no fueron tan exitosos.

Juan Cebrián: Volví a escucharlo y me encantó. Sigue fresco, es un disco neoyorquino que podría haber salido hoy. Una combinación de Tom Verlaine, de Television, con Nick Lowe más las guitarras increíbles de Stuka.

Mundy Epifanio: El relanzamiento en vinilo fue resultado del ímpetu de Maxi, de Pinhead Records, que siempre me decía que quería reeditarlo. Ya habíamos trabajado en el boxset Fundamentales con los primeros trabajos de la banda y un DVD, pero Maxi estaba entusiasmado con el vinilo. Sacamos primero 500 copias numeradas, que se agotaron, y sumamos 300 más. Se vendió todo. Me gusta que no se haga más y que quede la expectativa. Ahora vamos a editar, en octubre, Represión, un show que Los Violadores dieron en Le Chevalet en 1981, con la formación original.

Maxi Bueno (Pinhead Records): Siempre quise reeditar el disco en vinilo y era oportuno hacerlo el Record Store Day, cuando se lanzan discos raros o descatalogados. Llegó a todo el mundo, principalmente a países latinoamericanos donde la banda dejó su huella, pero también a Estados Unidos, Italia y España. Se trabajó el arte con los archivos originales y se agregó un póster inédito. Para el master, nos pusimos la meta de que suene mejor que el de época. Los vinilos en los ochenta no tenían la calidad que podemos tener ahora; con vinilos en 180 gramos, la música puede sonar como los músicos querían que sonara en aquel entonces.

Este artículo fue publicado en la edición impresa de septiembre de 2021 de Rolling Stone Argentina.