La transformación de un nuevo ícono

A dos años de su trabajo más personal, hablamos con una de las figuras públicas más grandes de México

Por  IGNACIO MAYORGA ALZATE

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SELENE ORTIZ TORENTINO

En 1995, por casualidad, Ximena Sariñana terminó protagonizando una serie de comerciales para el Sector Comunicaciones y Transporte de México. En ese momento no era posible medir la magnitud que tendría una de las frases que allí soltaba: “¿Ve esta cara? La va a recordar muy bien”. Y aunque la niña de 10 años se refería en ese momento a la necesidad de recordar las normas de seguridad vial, más de 20 años después el país no ha olvidado su rostro que, además, no parece envejecer con el tiempo. 

Sariñana, oriunda de Guadalajara, es un camaleón artístico, una dama de mil sombreros que puede colaborar en sencillos radiales con Jason Mraz o subirse a una tarima a cantar cumbia con Los Ángeles Azules, sin mencionar las transformaciones en su exitosa carrera como actriz, que van desde interpretar a la hija mimada y alcohólica de una familia de clase alta en Amar te duele, a una distraída y enternecedora música lesbiana en Niñas mal. 

Su primer disco, Mediocre, le valió dos nominaciones al Grammy Latino de 2008 y un disco de platino que le entregó Miguel Bosé, uno de sus primeros padrinos musicales, con quien uniría fuerzas después en su álbum de colaboraciones Papitwo y en su MTV Unplugged, recientemente estrenado. 

Sariñana también grabó un disco homónimo completamente en inglés —excepto por Tu y Yo, que supervisó su amiga y coterránea Natalia Lafourcade—, que permitió su ingreso a los mercados anglo. En 2014 la cantante presentó su último trabajo discográfico, No todo lo puedes dar, en el que asumió el control completo de la producción, dándole un aire nuevo a su sonido y permitiendo que su pop se vistiera con ropajes electrónicos, que su voz alcanzara nuevas dimensiones y su sonido llegara a nuevas atmósferas espirituales.

“La verdad creo que era un momento de bastante independencia en mi vida”, le dijo la cantante a ROLLING STONE, reflexionando sobre los dos años que lleva el disco circulando. “Tenía muchísimas ganas de aprender a producir, de adentrarme por el lado de hacer un disco un poco más personal, más un experimento que simplemente otro disco. La verdad es que todavía me gusta mucho el resultado y creo que fue un disco bastante bien logrado en ese aspecto”. El álbum es un trabajo inteligente y polifacético, un disco que aprovecha la plataforma de la música pop y la reinventa para llegar a lugares distintos, tanto a nivel sonoro como poético. Como sucede con los mejores libros, cada vez que se vuelve sobre No todo lo puedes dar se encuentra un nuevo detalle entremezclado con las historias de Sariñana: una textura, un eco lejano, un arpegio de piano que se había dado por sentado en un primer momento y que luego, gratamente redescubierto, continúa sumando magia a la experiencia.

El disco, en el que la cantante asegura haber encontrado su voz, refleja una Sariñana emancipada de los manejos y dinámicas de la industria discográfica, a una artista que produjo su trabajo de manera independiente, apersonándose del control de su arte, del valor de sus historias y sus sentimientos y del paisaje sonoro que decora su ser interno. “Creo que es bien padre que hoy día haya cada vez más artistas que están dispuestos a hacerlo todo ellos con tal de que su sonido sea respetado, y su visión sobre todo de lo que es ser un artista se vea totalmente representada y reflejada en su trabajo”, explica la cantante a través del teléfono. “Yo creo que Colombia tiene grandes ejemplos: desde Esteman, que es un artista pop de un pop distinto, innovador, que no hemos visto en América Latina hasta hoy, a gente como Monsieur Periné, que no quieren necesariamente encajar en lo que ya conocemos de la música popular latinoamericana”. 

“A mí me encanta poder compartir con toda esta nueva generación de artistas y poder poner mi granito de arena con mi propio sonido”, continúa la mexicana. Lo cierto es que ese sonido, esa particular textura, plantea una preocupación latente en el mundo de la música, un tema no resuelto y del que quizás no haya una respuesta única: el disco como entidad concreta, una esencia hecha de todas y cada una de sus partes. No todo lo puedes dar, como Caótica belleza o Caja de música, plantea un ambiente único, una experiencia de escucha que obliga a digerir el trabajo de cabo a rabo, asumiendo la experiencia que ello representa frente a los sencillos atomizados que lanzan miles de artistas para permanecer vigentes. “Eso también pasa. Y, la verdad, los mismos consumidores tenemos la culpa”, explica Sariñana. “Este rollo de las playlists de poner todos los hits en un solo espacio también hace que los artistas quieran escribir eso”. Frente a esa perspectiva, sigue siendo refrescante, aún dos años después, el proceso de escuchar un álbum completo como No todo lo puedes dar. “Eso me gusta: esos momentos de pararse y solo escuchar música es importante mantenerlos”.

Como Björk o Radiohead, a quienes menciona sin pretensiones como influencias decisivas, la independencia y el carácter experimental del álbum demostró ser una apuesta efectiva en las decisiones de Sariñana, un salto que solo se atrevió a dar después de un responsable proceso de maduración y reflexión musical. “El otro día hablaba con un amigo que tiene una banda en México que se llama Motel y me decía: ‘Es que ya, la verdad es que Radiohead nos fregó a todos’”, explica riendo la cantante sobre la incidencia del proyecto liderado por Thom Yorke en su música. “Son un ejemplo de una banda que hace creer a todo el mundo que uno puede ser lo más experimental y que puede girar por todo el mundo y que además te va a ir bien. O sea, llenar dos Palacios de los Deportes. ¿Qué banda en el mundo tiene el privilegio de poder ser tan experimental e innovadora y, al mismo tiempo, puede girar por todas partes y poder tener esa popularidad? Nos daba mucha risa porque no creo que exista un solo músico que no quisiera hacer eso: poder hacer lo que te de la pinche gana, musicalmente hablando, y tener todo ese reconocimiento”.

Sariñana se inscribe en una serie de proyectos musicales que, cada una a su manera, ha venido formando una corriente musical importante en México, convirtiéndose en un ejemplo claro para el resto de Latinoamérica. Lo cierto es que, hoy por hoy, las mujeres lideran la vanguardia musical del país azteca. Julieta Venegas, Natalia Lafourcade, Carla Morrison y el mismo sujeto de este perfil han probado que, desde la independencia y la inteligencia propia, se pueden construir sólidas carreras que tienen mucho más que decir que el prototipo que hace unos años imperaba de la estrella pop. “Me encanta que en mi país haya tantos ejemplos de mujeres haciendo producciones interesantes y que están muy conscientes de sus carreras y con su visión liderando el barco”, explica Sariñana. “Crecí mucho con ese ejemplo: cuando yo tenía 15 años, Julieta Venegas era algo totalmente innovador y no había más mujeres en la música, además de Ely Guerra, que estaban con esa bandera de ‘quiero hacer mi propio sonido y esto también es pop’. A mí me encanta pensar, y lo veo en las nuevas generaciones, que cada vez más y más hay mujeres y cada vez más y más hay artistas que están caminando a su propio ritmo, a su propio paso, y están organizando sus propias giras, produciendo sus propios discos y diseñando sus propios festivales y su propia mercancía. Eso es muy bonito de ver y de irle aportando, sobre todo”. 

Como estas mujeres y estos artistas, Sariñana se presenta como un rostro que, a pesar de su recorrido de décadas, sigue pareciéndonos siempre fresco. “Ahorita ya estoy más bien con la cabeza en otro proyecto, en otro disco, y más bien pensando en eso, en este nuevo proceso de crear un disco nuevo. De verdad es de las partes que más me gustan de lo que yo hago. Me quedó gustando producir”, concluye la cantante. Seguramente México, como el resto del continente, recordará muy bien la cara y la voz de Sariñana, pues ha demostrado que detrás de su apariencia de adolescente eterna, se esconde una mujer muy sabia que sigue aprendiendo de todos los procesos y vivencias que en su vida asume.