Tras conocer más detalles de la intensa ola de violencia que vive desde enero la República Democrática del Congo (RDC), se conoce ahora más sobre las consecuencias de los enfrentamientos entre las fuerzas rebeldes del grupo M23, respaldado por Ruanda, y el ejército congoleño. La intensificación de las hostilidades entre estas dos fuerzas ha desplazado a más de 700,000 personas, según la ONU.
El último informe de este organismo multilateral describe un panorama catastrófico: en la ciudad de Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte y fronteriza con Ruanda, las víctimas se cuentan por miles. La ciudad que es un importante punto para la extracción y el comercio de minerales está actualmente bajo el control del M23. El aeropuerto únicamente tiene operaciones militares autorizadas, las calles están llenas de cadáveres sin sepultar y el número de muertos es aún incalculable.
A este terrible escenario debe sumarse la reciente noticia de un hecho ocurrido hace algunos días, donde más de 150 mujeres, aunque algunas fuentes apuntan a más de 165, fueron violadas y asesinadas tras una fuga de presos en una cárcel de Goma. En medio de la toma de la ciudad por parte del M23 se generó el caos en la prisión. Durante la fuga, los reos habrían atacado a las mujeres y producido un incendio que causó la muerte de muchas de ellas, que no lograron huir. Debido a las condiciones de seguridad y las restricciones de los rebeldes, los equipos de la ONU no han podido investigar a fondo el incidente, como indicó Vivian van de Perre, vocera de la misión de la ONU en la RDC.
Desde la captura de Goma el pasado 27 de enero, los informes registran que hay alrededor de 2,000 cuerpos que no han podido ser enterrados en su totalidad. Las autoridades han convocado a voluntarios para enterrar masivamente a aquellas personas asesinadas en los combates. Aunque el M23 declaró un cese al fuego el pasado 4 de febrero, las condiciones humanitarias en la zona son alarmantes y los reportes indican que las cifras de víctimas continúan en aumento.
Un espiral de violencia con intereses internacionales
La violencia en la RDC, un país rico en recursos minerales, pero saqueado y desgarrado por la colonización belga y décadas de conflicto interno, ha llegado a niveles de violencia enormes en este 2025. Aunque durante gran parte del siglo XX y XXI el Congo ha tenido crisis de violencia, este nuevo brote genera una gran preocupación por el poderío militar del M23. “Las consecuencias de estos enfrentamientos son innumerables”, dijo van de Perre, advirtiendo sobre el riesgo de una nueva ola de combates en caso de que los rebeldes intenten tomar Bukavu, otra ciudad estratégica.
El M23 ha alterado completamente la vida del más de un millón de habitantes de Goma. La ciudad está notoriamente afectada y sus residentes están atrapados en medio de una guerra que no parece que se fuera a detener. Además, los cuestionamientos desde diferentes instancias internacionales llegan hasta Ruanda por el apoyo que le ha dado a esta milicia.
António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, hizo un llamado para que se respete el cese al fuego, pero también para que Ruanda termine su apoyo a las milicias rebeldes y se retire del Congo. “Silencien las armas. Detengan la escalada. Respeten la soberanía y la integridad territorial de la República Democrática del Congo. Respeten el derecho internacional de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario”, dijo.
Thousands of people have been killed in the eastern Democratic Republic of the Congo.
— António Guterres (@antonioguterres) February 6, 2025
Hundreds of thousands have been forced from their homes.
As leaders gather to address this crisis, my message is clear:
Silence the guns.
Stop the escalation.
Respect the sovereignty and… pic.twitter.com/17bSb5UtgR
Ruanda ha mantenido el apoyo al M23 desde hace años. Esta es una milicia compuesta por integrantes de la etnia tutsi, grupo sobreviviente del genocidio ruandés de 1994. Paul Kagame, presidente de Ruanda desde hace 25 años y de etnia tutsi, es quien respalda las operaciones de los soldados rebeldes, según ha explicado como una forma de defender los derechos de esta minoría en el Congo.
A pesar de que este argumento se remite a un pasado histórico de tensiones étnicas, no parece casualidad que la zona donde los rebeldes tienen mayor presencia en este momento sea un enclave comercial y minero de enorme importancia mundial. La explotación de minerales, en especial para el negocio de la tecnologia, es millonaria. Gran parte de los minerales que hacen posible el uso de aparatos tan cotidianos y masivos como los teléfonos inteligentes provienen de esta zona del Congo.
La complejidad del conflicto, las secuelas de la ocupación colonial, el genocidio de Ruanda entre las etnias hutus y tutsis, y los actuales intereses comerciales sobre la minería congoleña hacen de esta explosión de violencia una situación terriblemente preocupante para la población, que sigue atrapada en el conflicto, sin acceso a ayuda adecuada ni a condiciones mínimas de seguridad. No se debe olvidar además que la historia ha demostrado que aunque sean los hombres quienes protagonicen principalmente los combates, es en los cuerpos de las mujeres donde se inscriben las huellas imborrables de la guerra a través.


