La entrevista RS: cómo Chris Martin se curó a sí mismo

Después de 20 años de liderar una de las bandas más grandes de todos los tiempos, Chris Martin decidió que estaba cansado de darle gusto a los demás, y así, llegó a un punto álgido en su carrera

Por  ROLLING STONE

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Warner Music

EXTRAÍDO DE RS198, FEBRERO 2020

Cuando Coldplay apareció por primera vez en nuestras páginas, Rolling Stone se preguntó: ¿La banda de brit pop se convertiría en el nuevo Radiohead, The Verve o Travis? Hoy está claro. No eran ninguno de ellos. A través de estos 20 años, Coldplay ha tallado su propio lugar en el mundo: uno en el que llena estadios y desafía géneros, manteniéndose como optimista en una era de ironía.

Posiblemente es la banda más grande del mundo hoy –su gira de 2015, A Head Full of Dreams recolectó $523 millones de dólares, una carrera que comenzó con un set en el medio tiempo del Super Bowl acompañado de Beyoncé y Bruno Mars. Todo ese éxito causó que Chris Martin decidiera tomar un paso atrás. “Había una cierta paz”, declara en una tarde reciente en Nueva York. “Todo lo que tenemos que hacer ahora es seguir a nuestra musa”. El octavo álbum de Coldplay, Everyday Life no es algo que haya intentado antes. Un contemplativo disco doble que abraza el góspel, el folk e incluso el afrobeat. Martin aborda temas controversiales como el control de armas, el encarcelamiento masivo y racismo [“Trouble in Town” contiene audio de policías en Filadelfia acosando a un hombre negro] así como la paternidad [tiene dos hijos con su exesposa, Gwyneth Paltrow]. Está orgulloso del álbum, a pesar de que se siente inseguro sobre su futuro comercial. Pero esa paz es algo en lo que Martin ha estado trabajando desde que comenzó a escribir. Así es como llegó a ese punto.

Salvador Bonilla


¿Por qué surgió este ímpetu en ti por la música? ¿Cuándo comenzó?

Cuando tenía 11 años, estaba en una escuela [internado] muy conservadora. Y tenía un maestro que algo disidente. Antes me habían dicho que no tenía permiso de ser “musical”, porque no cantaba en el coro y esas cosas. Después llegó este hombre y me dijo: “No. Todos somos musicales”. Había varios teclados en el salón y nos dijo: “Vayan a divertirse”. Algo se abrió en ese momento. Al final de la clase le dije: “Mire, esto es lo que tengo” y fue muy alentador. Fue así cuando comenzó.

¿En ese momento?

En ese justo momento. No supe qué hacer con eso por algunos años. No la pasaba bien en esa época, entre los 13 y 14 años. Ahí fue cuando supe: “Tengo que hacer algo por mí mismo. Sólo pasarla bien y jugar futbol no está funcionando”.

¿No sentías que encajabas con los demás?

Un poco, pero estaba teniendo conflictos con temas de religión y sexualidad. Estaba muy confundido, como la mayoría de los niños a esa edad. Piensas: “¿Qué está pasando?”. Y puede ser brutal. Pero eso encendió el fuego para saber que tenía que trabajar por lo que quería.

¿A quién escuchabas?

Tuve una educación muy extraña, dual incluso. Por un lado, escuchaba mucha música de iglesia, porque teníamos que ir y cantar esos himnos todos los días, canciones enormes, hermosas. Pero por otro lado, me gustaba mucho James, todo el shoegaze que invadía Inglaterra a principios de los años noventa. También The Cure. Después me empezó a gustar U2 y R.E.M. Había un chico que iba un año arriba que yo y estaba obsesionado con el soul y el blues.

El nuevo álbum comienza con una invocación a la iglesia, un coro góspel. A lo largo del disco hay muchas referencias religiosas. ¿Cómo era tu relación con la iglesia y con Dios al crecer?

Tuve muchas suerte de niño, porque mi mamá es de Zimbabue. Así que pude ver un lado del mundo muy diferente. Eso me hizo darme cuenta que hay muchas más cosas pasando además de lo que me sucede. Mi relación con Dios en esa época era verlo como un hombre en el cielo que tenía barba, que era lindo pero también castigador. Si hacías algo mal, te arriesgabas a quemarte por bastante tiempo, lo que es terrorífico para un niño. Pero en el centro del miedo, también hay un gran calor que viene de los grandes profetas, Jesús incluido. Así que también me alimentaba de cosas hermosas. Por un tiempo pensaba: “La mitad de esto se siente increíble, pero la otra me da mucho miedo”.

Compartes ese contexto con U2. Eso fue básicamente el núcleo de quienes son como banda y cómo empezaron. Todavía hoy predican.

Cuando iba al internado, caminaba un poco chistoso. Además, era sumamente homofóbico. Pensaba: “Si soy gay, estoy completamente jodido por la eternidad”. Apenas estaba descubriendo la sexualidad. “Tal vez soy gay. No puedo serlo”. Estaba horrorizado. Estaba en una escuela con muchos compañeros muy rudos y todos me decían: “Definitivamente eres gay”. Fue muy extraño para mí por algunos años.

¿Pensaste que eras homosexual?

No lo sé. Sólo me decía a mí mismo: “Si sí lo soy, no puedo serlo porque está mal”. Así que eso creaba aún más caos.

¿Te convencieron de que lo eras?

Claro que estaba preocupado por eso. Como a los 15 años, todo este estrés paró de un día al otro: “¿Y qué si soy gay?».

¿Qué paró?

Ese miedo a que me molestaran. Probablemente el leer sobre Elton John ayudó. Darme cuenta que muchos de mis héroes eran gays y que eso no es lo que importa. Eso alivió una gran presión para mí, pero al mismo tiempo me hizo cuestionarme si todo lo que estaba aprendiendo de Dios era realmente algo en lo que creía. Hoy Dios es todo para mí. Está en todo y en todos; es amor y es el milagro en la célula de absolutamente todo.

Has estado haciendo música comercial por casi 20 años y sólo tienes ocho álbumes de estudio. ¿Por qué te tardas tanto haciendo un disco?

Es una gran pregunta. Siento que en todo este tiempo pude haber hecho hasta 50, pero me temo que serían peores.

¿Eso es modestia?

No es modestia en absoluto. Pero Rolling Stone y Coldplay tienen una historia accidentada. Tenemos una historia similar con todos los periodistas, pero lo agradecemos. Jamás quiero pensar: “Hicimos ocho piezas maestras”. Recuerdo la primera vez que llegamos a Estados Unidos, al programa SNL y leí la reseña de Rolling Stone sobre nuestro sencillo. No era buena.

¿Qué sencillo?

El primero,“Yellow”. Y claro que entendí que teníamos que mejorar.

Es interesante que recuerdes eso en lugar de las otras 30 cosas buenas que hemos dicho sobre Coldplay. En 2005 los nombramos La banda del año.

Sí, muchas gracias. ¿Por qué nos toma tanto tiempo? No sé, creo que hay algo en mi cuerpo que me dice cuando algo está terminado. Y eso sólo ha ocurrido ocho veces en mi vida. En realidad siete veces en los últimos 19 años. Porque una vez no sucedió y de todos modos lanzamos nuestro tercer LP de estudio: X&Y .

Pero tuvo resultados fantásticos…

Eso no es relevante.

¿Cuál es el momento en el que sabes que ya está listo?

Si esto suena pretensioso, perdóname [pero] es como un marco para una foto. Es muy obvio el tamaño de lo que le cabe dentro. Así que si hay 15 canciones relativamente buenas, si no caben en el marco, no son consideradas. Así que hay muchas canciones que no lograron el corte. Claro, no tantas como los 72 tracks que Bruce [Springsteen] lanzó.

Entonces, ¿qué tan diferente es Everyday Life para ti?

Bueno, es su propio mundo. Tuvimos que “ponernos muy bien los pantalones». Es la primera vez que realmente decimos las cosas que sentimos sobre temas controversiales. Y trata de ser empático. No está alterado. Es algo puro y crudo.

De cierta forma parece un álbum conceptual. ¿Por qué un álbum con un tema específico –y doble– en una época en la que la gente se concentra en sencillos?

¿Por qué nos estamos dando un balazo en las pelotas? Porque eso fue lo que me enseñaron a hacer. Lo último que hicimos fue divertido y tocamos para muchas personas en diferentes lugares del mundo. Fuimos al Super Bowl y fue algo increíble, así que se sentía paz. Lo único que teníamos que hacer ahora era seguir a nuestra musa. Quería cantar sobre otras personas y cómo me siento sobre ellas. Quería hacer música sobre lo que me hace sentir el estado del mundo actual y todo lo que está sucediendo. En realidad no es un concepto más allá de: “¿Cómo se ve un día normal para mí y para los demás?”.

Y al final dices: “Got to keep dancing when the lights go out”. ¿“Bailar aunque la luz se apague” es el concepto detrás del álbum?

Sí. Creo que honestamente, lo que hicimos con este disco fue: “A la mierda. No me importa lo que los demás piensen, sólo hay que dejarlo ser”. La manera en la que percibo la vida en estos momentos es que tienes que aferrarte a lo que quieres y a quienes quieres. Porque al final eso es cuidarte a ti mismo. Vernos como uno solo. Viajamos por el mundo tan seguido que nos veo así, como una gran familia. No creo en el tribalismo. Tampoco creo en el nacionalismo. Creo que fuimos puestos en este lugar por algo mucho más grande que nosotros. Eso me impresiona y me hace sentir agradecido de estar aquí y de poder hacer lo que hago.

Tienes algunas canciones sobre niños, como “Daddy”.

“Daddy” es en parte una canción para muchas personas que conozco a las que sus padres las abandonaron. En parte sobre mí y mis hijos. “¿Paso suficiente tiempo con ellos?”. Y en parte también es sobre la encarcelación masiva que existe en Estados Unidos. Muchos padres son removidos de sus familias por cuestiones sistemáticas e institucionalizadas, lo que está muy mal. Así que todas esas emociones se juntan y el resultado es algo como eso.

No suena como una canción de rock…

Hay que aclarar que no somos una banda de rock.

Y luego hay temas como “Guns” que es algo muy poco característico de Coldplay. Suena como una canción de protesta.

Claramente, como vivo en Los Ángeles ahora, estoy mucho más consciente de estos temas. Toco música todo el tiempo y de pronto una canción cae como del cielo, y esas son las que valen la pena. Muchos de los temas de este álbum sucedieron así.

Suena muy al estilo de Paul Simon, en el ritmo y la voz.

La verdadera respuesta es que viene de escuchar Rammstein y Paul Simon, un matrimonio extraño, sin duda. Le pregunté a uno de nuestros productores, Bill [Rahko], quien es fan del heavy metal, que me enseñara a tocar ese tipo de riffs. Creí que sería interesante probar algo así en una canción de folk acústica.

¿Cuándo encontraste tu falsetto?

Cuando Radiohead estalló. Era un adolescente y tenían un contexto muy similar al mío. Así que abrió una gama inmensa de posibilidades, en términos de poder lograr algo así. Ese disco fue The Bends y Thom Yorke había escuchado a Jeff Buckley cantando con falsetto. Y luego me di cuenta que yo también podía cantar así de agudo. Creo que a los 17, 18 años Radiohead y Jeff Buckley me cambiaron el mundo.

Has trabajado con Brian Eno en varios discos. ¿Qué tanto te influenció U2?

En nuestro tercer LP, definitivamente puedes escuchar a U2. Esa fue la única vez, si quieres la verdad, en la que dijimos: “Hay que adentrarnos en ese mundo”. Creo que U2 y R.E.M. fueron una gran influencia en cómo operamos: cómo se tratan entre ellos, como se dividen el crédito, el dinero y sus ganas de ser grandes sin sentir vergüenza. Es raro hablar de eso cuando acabamos de hacer un disco pequeño.

Pero de cualquier manera, va a seguir siendo una banda que llena estadios.

¿Quién sabe? No haremos una gira para este disco. Queremos hacer shows más pequeños, más íntimos. Lo que “una banda de estadio” significa para mí es una conciencia colectiva, más que nada. ¿Habrá momentos en los que todo el recinto esté cantando la misma canción? No son ellos viéndote o tú tocando para ellos. Somos nosotros creando algo juntos. Una energía inmensa.

¿Qué piensas cuando estás en el escenario?

Estoy pensando en esos momentos. Nos encanta cuando las pulseras se encienden. Básicamente fueron hechas por un hombre que hace juguetes sexuales. Hace 10 años iba a ir a uno de nuestros shows pero no pudo llegar, así que le escribió a Phil, mi mejor amigo y nuestro director creativo y le dijo: “Estoy inventando unas pulseras que se encienden. ¿Las quieren?”. Phil le contestó que sí. Así que me encanta cuando se ven las luces en el público. En esos momentos es cuando pienso: “Ok, esto lo amo [tocar para] toda esta gente». Lo amo.

Cuando ves a Bruce Springsteen es lo mismo. Conscientemente trata de hacer que te sientas bien.

Cuando Bruce Springsteen llegó a mi vida, fue exactamente igual que cuando conocí al poeta Rumi. Me cambió la vida. Bruce lo logró y después se propuso hacer algo desde esa posición en lugar de decir: “Ya lo logré, me voy a retirar y comprar un rancho”. En lugar de eso medita sobre qué hacer con un don como ese. Y logra superarse a sí mismo una y otra vez. Deja todo ahí. Me he dado cuenta al ver a Bruce que mi trabajo es totalmente para servirle a las personas que están escuchando. Dejarte usar al 100 por ciento por las fuerzas que te dieron este regalo.

¿Tomaste algo más específico que eso de Bruce?

También amo su música. La primera vez que lo escuché fue haciendo un cover a Johnny Cash, “Highway Patrolman”, lo que eventualmente me llevó a Nebraska. Recuerdo decir: “Esto no es lo que pensé que era Bruce Springsteen”. Entonces me regresé a [Greetings From] Asbury Park y a Born to Run. Comencé a alimentarme y a reconocer su atención al detalle.

Es leal. Es un pensador riguroso. Tú y yo nos vimos una vez en un concierto de Springsteen, en el backstage.

Claro. Nos vimos desde puntos diferentes de la habitación. Estaba a reventar. Me dijiste: “¿Me puedes traer algo de tomar, por favor?”. Y yo te contesté. “No. Soy un rockstar”.

Sabía que eras un rockstar. ¿Te causó curiosidad por qué una persona de prensa estaba sentado frente a ti en un camerino?

Definitivamente. En ese momento pensé: “Esta persona tiene publicaciones como US Weekly, de paparazzi y más”. No sabía cómo sentirme al respecto. Ahora tengo una opinión muy distinta sobre ti. Una persona a la que quiero mucho.

Déjame preguntarte dos cosas. Vi en algún sitio que eras considerado el vegetariano más sexy del mundo.

Sí. Definitivamente eso está mal en muchos niveles.

¿Qué otros títulos de ese estilo tienes?

Soy el pescetariano –que come pavo– más trabajador del norte de Londres. Un título menos glamuroso.

¿Qué le hace a tu cabeza ser considerado un sex symbol, una estrella?

Tendrías que preguntarle a alguien más. No me siento así en estos momentos, Jann. Cuando lo estoy haciendo en el escenario me siento así.

Eres como un anti rockstar, además eres extremadamente discreto.

No sé a qué te refieres con eso.

Eres selectivo con lo que compartes.

Sí, lo soy.

Y tratas de mantenerte lejos de la prensa.

Lo intento.

¿Por qué?

Todas nuestras canciones son muy personales. Así que está todo ahí. Nuestros amores y nuestras pérdidas. Y me siento más atraído a la idea de Bob Dylan de no explicar ninguna canción. Eso arruina su propia interpretación. Todas nuestras canciones significan demasiado para mí, han sido parte esencial de nuestra vida.

Algunos medios han asegurado que dijiste: “Quiero que Coldplay sea la banda más grande del mundo”.

Sí.

¿Lo dijiste?

Jamás diría algo así.

Lo he escuchado antes. The Beatles lo dijo. Es bien conocido que U2 también lo hizo. ¿Qué significa eso?

Eso es algo que ya no me importa. Creo que por fin me he dado cuenta que nuestro trabajo es ser nuestra mejor versión en el mundo. Y eso existe porque lo amamos. Llegaremos a las personas que necesitemos llegar haciendo discos y viajando por el mundo. Somos el mejor Coldplay del mundo.

Mira la presentación en vivo de Everyday Life en Jordania: