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Kimi: Alguien está escuchando

El año pasado nos entregó una magnífica cinta Noir con Ni un paso en falso. Ahora, Steven Soderbergh nos presenta otro estupendo trabajo que nos recuerda lo mejor de dos grandes maestros del suspenso.

Steven Soderbergh 

/ Zoë Kravitz, Devin Ratray, Robin Givens, Rita Wilson, Byron Bowers

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de HBO Max

No queda la menor duda que Steven Soderbergh es uno de los mejores directores de los últimos treinta años. Desde su debut con Sexo, mentiras y vídeo, pasando por títulos tan memorables como King of the Hill, Out of Sight, The Limey, Traffic, Solaris, Ché, The Girlfriend Experience, Haywire, The Informant, Behind The Candelabra y Contagion, Soderbergh ha demostrado no temerle a ningún género cinematográfico y ser capaz de realizar trabajos experimentales y vanguardistas (Kafka, Schizopolis, Bubble), como también asumir exitosos proyectos comerciales (Erin Brockovich, Ocean’s Eleven, Magic Mike) sin perder un ápice de su inteligencia, innovación y riesgo formal.

Aunque Soderbergh ya había trabajado dentro de los cánones del género del suspenso en cintas como Side Effects y Unsane, esta vez nos entrega una obra magistral en la que rinde homenaje a dos de los grandes maestros del género: Alfred Hitchcock (La ventana indiscreta) y Brian De Palma (Blow Out). 

Kimi, escrita por David Koepp (Jurassic Park, Carlito’s Way, Panic Room) y ambientada en los tiempos del COVID-19, está protagonizada por Zoë Kravitz, la talentosa hija del músico Lenny Kravitz y quien encarnará a Gatúbela en la próxima cinta de Batman

Kravitz interpreta a Angela Childs, una mujer solitaria cuya agorafobia se exacerbó debido al confinamiento, y quien trabaja para una compañía informática, encerrada en su casa. La labor de Angela consiste en solucionar los errores de comunicación de KIMI (con la voz de Betsy Brantley, la ex esposa del director), una versión equivalente a lo que en la vida real vienen siendo los asistentes virtuales como Alexa o SIRI. 

Cuando Angela no está trabajando, pasa el tiempo haciendo ejercicio con la música de Billie Eilish, mirando por la ventana y espiando a sus vecinos, e invitando a su casa a su vecino Terry (Byron Bowers) para tener sexo casual. Sin embargo, no se atreve a salir con él para desayunar en el carro de comidas ubicado al frente de su casa. Su madre (Robin Givens) se conecta con ella para decirle lo preocupada que está por su salud mental, pero Angela elude sus consejos, del mismo modo en que evita a su psiquiatra (Emily Kuroda) y a su dentista (David Wain). Esa es una de las grandes ventajas de la virtualidad, con tan solo un click, uno puede de dejar de interactuar con una persona en cuestión de segundos. 

Como si se tratara del sonidista interpretado por John Travolta en Blow Out, Angela descubre lo que parece ser un crimen, mientras revisa las interacciones de KIMI con una de sus usuarias. La mujer logra aislar los canales de sonido de los archivos de audio y escucha lo que probablemente es un asesinato. 

Angela acude su jefe para denunciar el crimen, pero este la remite a Natalie Chowdhury (Rita Wilson), la encargada de procesar este tipo de delitos. El dilema para Angela comienza cuando Natalie la cita en su oficina para exponer el caso. Estamos hablando de una mujer que prefiere sentir un intenso dolor de muela producto de un absceso, a salir de su casa para acudir a una cita odontológica. Sobra decir que detrás del descubrimiento de Angela se esconde una conspiración que pondrá su vida en peligro. 

Esta película, dirigida, fotografiada y editada por Soderbergh (utilizando los seudónimos de Peter Andrews y Mary Ann Bernard), es de un ritmo tremendamente efectivo y de una precisión quirúrgica, en donde en el primer acto se nos permite conocer las rutinas y las manías del personaje principal, para luego hacernos sufrir con ella en el espeluznante acto final. Si Hitchcock estuviera vivo hoy, probablemente hubiera hecho un trabajo muy similar al que Soderbergh realizó con KIMI. Así de buena es.

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