Jurassic World: Dominio

Con esta sexta parte, los dinosaurios se enfrentan a su final y es mejor que sea así

Colin Trevorrow 

/ Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Laura Dern, Jeff Goldblum, Sam Neill

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Cortesía de UIP

En 1993, Steven Spielberg adaptó la novela de Michael Crichton sobre un parque de diversiones fuera de control. En esa ocasión no eran unos androides vestidos de vaquero los que ocasionaban el caos (Crichton escribió y dirigió la película Westworld), sino unos dinosaurios vueltos a la vida gracias a la genética. Jurassic Park marcó un hito en cuanto a efectos especiales por computador (los dinosaurios jamás se habían visto tan reales en el cine) y terminó siendo un trabajo muy emocionante y divertido.

Presionado por los estudios, Spielberg asumió a regañadientes las riendas de una secuela llamada The Lost World (mismo título de la novela de Crichton y de una cinta de 1925 sobre animales prehistóricos basada en la obra de Arthur Conan Doyle). La cinta de 1997 poseía un elenco diferente (que incluía a Julianne Moore y Vincent Vaughn). Su tono fue más oscuro y sádico que el de su predecesora, pero eso no impidió que terminara siendo un gran éxito.

La tercera parte llegó años después, pero ya sin Spielberg, quien cedió la dirección a Joe Johnston, el autor de The Rocketeer, la magnífica cinta de superhéroes retro y de Querida, encogí a los niños, un divertido derroche de efectos especiales. El resultado fue una cinta cansada y torpe, que decepcionó a su público y que marcaría un supuesto final para la franquicia.

Pero como si se tratara del terco John Hammond (personaje interpretado por el fallecido Richard Attenborough), empecinado con resucitar a los dinosaurios, los estudios Universal deciden regresar con la saga, ahora bajo el título de Jurassic World y un nuevo elenco de actores, que incluye a Chris Pratt y Bryce Dallas Howard. Colin Trevorrow, quien hasta ese momento había dirigido la comedia irregular Safety Not Guaranteed, fue asignado para asumir la arriesgada misión y el resultado fue espectacular (hasta la fecha, esta cinta es la más taquillera de la franquicia y una de las películas más taquilleras de todos los tiempos).

Como era de esperarse, una secuela era algo inevitable y ella fue Jurassic World: Fallen Kingdom, una cinta muy exitosa pero que el director español Juan Antonio Bayona (autor de las excelentes El orfanato y Un monstruo viene a verme), no supo controlar. El resultado fue un producto frío, aburrido y abrumador que nos hizo olvidar rápidamente del encanto de las primeras dos películas.

Ahora llega el que se supone es el capítulo final de la saga sobre los dinosaurios. Jurassic Park: Dominion, con Trevorrow otra vez en la dirección, posee tanto las cualidades como los defectos de las cinco entregas anteriores. Es la cinta más extensa y pesada de todas (dos horas y media de duración), pero también goza del atractivo de los trabajos de Spielberg y del espíritu disparatado de la primera parte de la trilogía protagonizada por Pratt.

Los dinosaurios se han salido de los parques y ahora habitan entre nosotros. La ambición y el egocentrismo del genetista Lewis Dodgson (Campbell Scott canalizando a Steve Jobs, Elon Musk y Jeff Bezos) se ha desbordado. El entrenador de dinosaurios Owen Grady (Pratt) y su pareja, la ambientalista Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), ahora viven ocultos y cuidan de Maisie Lockwood (Isabella Sermon), la hija clonada de Charlotte, la hija fallecida del también fallecido magnate Benjamin Lockwood, el antiguo socio de Hammond.

Dodgson quiere recuperar a la niña para descifrar su código genético y llevar a cabo sus siniestras intenciones. Por eso la termina secuestrando y sus padres adoptivos van al rescate. Por otra parte, la paleo-botánica Ellie Sattler (Laura Dern) acude a su amigo, el paleontólogo Alan Grant (Sam Neill) para visitar a Dodgson y descubrir su conspiración. Quien les va a ayudar a descubrir los misterios es nada menos que el Dr. Ian Malcolm (Jeff Goldblum), compañero de aventuras de Sattler y Grant.

Como si se tratara de El imperio contraataca o El señor de los anillos, las correrías de Grady y Dearing, así como las de Sattler, Grant y Malcolm, transcurren de forma paralela y luego colapsan en el tercer acto (de hecho, la referencia al segundo capítulo de La guerra de las galaxias no es gratuito, ya que aquí tenemos a la piloto Kayla Watts (De Wanda Wise) un nuevo personaje muy similar al ambiguo Lando Calrissian del clásico de la ciencia ficción.

Hace poco, Judd Apatow presentó en Netflix su comedia The Bubble, inspirada en la controversia que se generó alrededor de la filmación de Jurassic World: Dominion, debido a que los estudios decidieron filmarla en plena pandemia, con los actores viviendo confinados en un hotel durante su producción. Aunque The Bubble no llega a ser un documental o un reflejo exacto de cómo fue la realización de la última parte de Parque Jurásico, no se puede evitar pensar en el cinismo, la falta de humanidad, el deseo de reventar la taquilla y de volver a despertar el interés por los parques temáticos en la era postpandemia, aspectos que se encuentran detrás de esta cinta como si se tratara de una amenaza fantasma.

Las premisas fundamentales de Jurassic Park: Dominion son tres. Primero, unir a los elencos de la cinta original con el de la trilogía contemporánea. Segundo, resolver los enredos desatados con la anterior película. Y tercero, llenar la pantalla de dinosaurios. Las tres premisas se resuelven a cabalidad, pero hubo un precio a pagar. La magia de las primeras cintas de Spielberg prácticamente ha desaparecido. Es hora de que los dinosaurios se extingan de nuevo.