Después de casi dos años de combates devastadores, Hamas anunció este jueves que la guerra en Gaza “ha terminado”. El movimiento islamista afirmó haber recibido “garantías” de Estados Unidos, Qatar, Egipto y Turquía para asegurar un alto el fuego permanente, la retirada de las tropas israelíes del enclave y la apertura de los cruces fronterizos, incluido el de Rafah, punto clave para el ingreso de ayuda humanitaria y el regreso de desplazados.
Khalil al Hayya, jefe de la delegación negociadora de Hamas, hizo el anuncio a través de una transmisión en Al Jazeera. En su mensaje, sostuvo que el acuerdo contempla además un intercambio de prisioneros: la liberación de rehenes israelíes a cambio de mujeres y menores detenidos en Gaza. Fue un gesto que muchos medios árabes interpretaron como el cierre formal del ciclo de guerra iniciado en octubre de 2023.
Las cifras, sin embargo, siguen siendo una herida abierta. Según las autoridades sanitarias del enclave, controladas por Hamas, más de 67 000 palestinos han muerto desde el inicio del conflicto, la mayoría civiles, y cientos de miles siguen enfrentando hambre y desplazamiento. En Israel, las víctimas de los ataques iniciales y los combates posteriores también marcaron una fractura histórica: la guerra cambió para siempre la geopolítica del Medio Oriente.
Mientras tanto, en París, ministros de Exteriores de varios países europeos y árabes se reunieron para discutir “el día después”: cómo reconstruir Gaza, establecer una gobernanza estable y evitar que el territorio vuelva a caer en el ciclo de violencia. Francia celebró la noticia con cautela. “Un alto al fuego no es una paz duradera”, advirtió el canciller Stéphane Séjourné, subrayando que la expansión de los asentamientos en Cisjordania amenaza cualquier posibilidad real de un Estado palestino.
Israel, por su parte, respondió con frialdad. Fuentes oficiales calificaron el anuncio de Hamas como “superfluo y perjudicial” y acusaron a algunos gobiernos europeos, en especial al de Emmanuel Macron, de intervenir en debates internos israelíes. El gobierno de Benjamin Netanyahu no ha confirmado su adhesión a un alto al fuego formal.


