A simple vista, el ascenso vertiginoso de su carrera podría parecer un golpe de suerte: presentarse en escenarios como Coachella, colaborar con artistas que admiraba desde niño como Jowell & Randy, y convertirse en uno de los rostros del reguetón mexicano. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Detrás de ese presente hay una historia que comenzó hace casi una década, marcada por el trabajo constante, la pasión y una ambición clara. Desde el inicio, tuvo un objetivo firme: vivir el sueño de convertirse en una estrella del reggaetón, sin perder de vista lo más importante, representar a su gente y a su lugar de origen, Valle de Chalco, en el Estado de México. Hoy, ese recorrido lo posiciona como uno de los exponentes más sólidos y destacados del reggaetón mexicano.
En su álbum debut, ÑEROSTARS, El Malilla presentó un sonido arraigado en la calle, acompañado de historias personales que decidió convertir en el eje de un disco decisivo. A partir de ese proyecto, se apropió del reggaetón romántico como su sello distintivo: una vía honesta y libre para expresar lo que siente.
Más allá de lo musical, su propuesta busca inspirar a nuevas generaciones a perseguir sus sueños y, al mismo tiempo, contribuir a consolidar la presencia del reguetón mexicano.


