Desde Temporada de patos, Fernando Eimbcke ha construido una de las voces más singulares del cine latinoamericano. Sus películas siempre han encontrado poesía en los espacios mínimos, en los silencios, en personajes aparentemente ordinarios cuya vida termina revelando profundas grietas emocionales.
Con Moscas, el director mexicano conserva esa sensibilidad, pero da un paso nuevo al incorporar el melodrama como parte esencial de su lenguaje cinematográfico. La historia de Olga (Teresita Sánchez) y Cristian (Bastián Escobar), unidos por una pérdida que ninguno sabe nombrar, habla del duelo, de la amistad y de la dificultad de establecer vínculos en un mundo que parece empujarnos constantemente hacia el aislamiento. Conversamos con Eimbcke sobre las influencias que marcaron la película, el lugar que ocupa dentro de su carrera, el inesperado origen de su título y la manera en que incluso un viejo videojuego puede convertirse en una metáfora de la esperanza.
Tengo una hipótesis. Dos de mis directores favoritos son Jim Jarmusch y Aki Kaurismäki, y siento que tu cine comparte una sensibilidad muy cercana a la de ambos. ¿Cómo recibes esa comparación?
Me da mucho gusto escucharla porque son dos cineastas que han significado muchísimo para mí. Recuerdo que ver Stranger Than Paradise, de Jim Jarmusch, literalmente me cambió la cabeza. Fue antes incluso de estudiar cine. Yo no tuve una formación de cinéfilo desde niño; descubrir esa película me hizo entender que existían otras formas de contar historias.
Con Kaurismäki ocurre algo parecido. Siempre me ha fascinado esa combinación de dolor y humor que atraviesa su cine. Son elementos que, de distintas maneras, han terminado formando parte del mío. Creo que lo que ha cambiado desde Temporada de patos hasta Moscas es que ahora abrazo mucho más el melodrama. En esta película la muerte está presente. Existe la posibilidad de que el espectador llore, de llevarlo hacia emociones que antes no buscaba con tanta claridad.
Pienso mucho en Kaurismäki porque logra algo extraordinario: incluso cuando está contando un melodrama, siempre encuentra espacio para el humor. En mi caso siento que en Moscas tanto el humor como el melodrama son más inocentes, más suaves. En él el golpe suele ser mucho más seco.
También hay otras películas que fueron fundamentales para construir esta historia: El chico, de Chaplin; Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica; y ¿Dónde está la casa de mi amigo?, de Abbas Kiarostami. Las menciono porque fueron decisivas para acercarme a la infancia. Hasta ahora casi siempre había trabajado con adolescentes, y aquí el reto era encontrar el equilibrio para filmar a un niño sin caer en el sentimentalismo. Cuando mezclas infancia y melodrama hay que caminar con muchísimo cuidado, porque es muy fácil manipular emocionalmente al espectador.
Creo que Moscas habla, sobre todo, de la amistad. Hay un momento en el que Olga y Cristian descubren una conexión que ninguno esperaba y, sin entrar en detalles para no revelar la historia, siento que ahí nace realmente la película. ¿Era ese el corazón del relato?
Sí, totalmente. Hay una escena que me gusta muchísimo, cuando ambos van caminando hacia la maquinita de videojuegos. Cada vez que la veo pienso: “Claro, son como dos niños jugando”. Ella termina participando de ese ritual, aprende cómo funciona el juego y, por un momento, deja de ser esa mujer completamente aislada que conocimos al principio.
Sí, creo que es una película sobre la amistad. Vivimos muy bloqueados, especialmente en las ciudades. Hacemos todo lo posible por evitar los vínculos porque relacionarnos con alguien implica una responsabilidad. Los afectos cuestan.
Y lo digo también por mí. Yo formo parte de esa generación que muchas veces levanta barreras para protegerse. Olga hace exactamente eso. Desde el comienzo vemos a una mujer cerrada al mundo. Lo que más le cuesta es construir un vínculo con otra persona, y mucho más con un niño. Pero poco a poco descubre que justamente ahí está la posibilidad de transformar su vida.
Crítica: Moscas – Rolling Stone en Español
Aunque la película termina perteneciendo al espectador, hubo una pregunta que me acompañó durante toda la proyección. ¿Por qué el título Moscas?
Este guion lo escribí hace unos veinticinco años. En aquella época escuchaba muchísimo a Shakira. Siempre me ha interesado la cultura popular: la música que suena en ese momento, las películas que está viendo la gente. Me gusta entender el contexto cultural en el que vivo.
Entonces escuchaba mucho Moscas en la casa y el guion originalmente llevaba ese título. Si piensas en la canción, habla del vacío que deja una ausencia, y esa imagen me parecía perfecta para el conflicto del personaje. Después apareció un problema de derechos. Era una película pequeña y resultaba imposible utilizar el título completo, así que simplemente quitamos “en la casa” y quedó Moscas.
Además, las moscas terminan funcionando como un personaje. Aparecen al principio y vuelven al final. No quiero decir más porque sería arruinar parte de la experiencia, pero me gusta mucho cómo ese elemento termina cerrando la historia.
Hay otra lectura que me sorprendió mucho. Sentí que Moscas también podía conmover profundamente a quienes crecieron jugando videojuegos. De alguna manera, también es una película sobre ellos.
Lo curioso es que yo prácticamente no jugué videojuegos. El único que tuve fue uno de esos primeros Pong, con las dos barritas y la pelotita. Después nunca seguí jugando. No era porque estuviera leyendo grandes novelas; simplemente prefería ver televisión. Me encantaban las telenovelas, El Chavo del Ocho, las películas de Ismael Rodríguez, Nosotros los pobres. Ahí se formó realmente mi educación sentimental.
Siempre les he tenido un poco de envidia a quienes sí crecieron jugando videojuegos. Tal vez por eso aparecen constantemente en mis películas. En Temporada de patos estaba FIFA; aquí aparece esta vieja máquina arcade. Recuerdo que durante Temporada de patos intentaba jugar entre toma y toma y era malísimo. Mis hijos me gritaban exactamente igual que ocurre en la película: “¡El botón rojo, el rojo!”. Y yo tenía que detenerme para mirar cuál era el rojo. Siempre fui muy torpe para eso.
Pero esa torpeza también me resulta divertida. Durante la escritura de Moscas el videojuego empezó a adquirir cada vez más importancia. Queríamos utilizar Space Invaders, pero no fue posible por cuestiones de derechos. Entonces comenzaron a proponernos nombres alternativos y apareció Cosmic Defenders.
Ese nombre nos abrió muchas posibilidades. Vanessa Garnica, la guionista, y yo empezamos a jugar con esa idea de los “defensores del cosmos”, porque el videojuego también representa la imaginación del niño y su manera de enfrentar un mundo que todavía no comprende del todo.
Y además estaba María Secco, nuestra directora de fotografía. A ella le fascinaban esas pequeñas luces LED que se encienden y se apagan constantemente. Había algo muy hermoso en esa alternancia permanente entre luz y oscuridad, casi como un latido, como un diálogo continuo entre la vida y la muerte. Todo eso terminó enriqueciendo muchísimo la película.
Para terminar, ¿qué viene ahora para ti después de Moscas?
Ya estamos trabajando en el siguiente proyecto. No será un largometraje enorme; seguimos en el proceso de conseguir el financiamiento. Nos gustaría que esta vez pudiera convertirse en una coproducción más amplia. Moscas la hicimos junto con España y ahora estamos explorando la posibilidad de trabajar con otros países europeos, quizá Francia, Alemania… estamos en ese proceso.
Lo bueno es que el guion ya está terminado. Ahora viene todo lo demás: conseguir los recursos, comenzar la búsqueda del elenco y poner en marcha la producción. Es la parte larga del camino, pero ya estamos ahí.
Antes de despedirnos, quería decirte algo. Lake Tahoe siempre ha sido una de mis películas mexicanas favoritas y Moscas me conmovió muchísimo. No esperaba un golpe emocional así. Es de esas películas que parecen caminar con absoluta calma y, cuando menos lo imaginas, te conectan profundamente con sus personajes.
Muchas gracias. Qué bonito escuchar eso. Me da muchísimo gusto. Siempre existe esa incertidumbre cuando haces una película tan pequeña e íntima. Uno nunca sabe realmente cómo va a conectar con los espectadores, así que escuchar que te conmovió de esa manera significa muchísimo para mí.
De verdad, muchas gracias por verla, por el tiempo y por el interés. Lo agradezco mucho.


