España desafía el mandato militar de la OTAN

Tensiones entre Madrid y Washington que podría marcar el futuro de la política de defensa europea

junio 26, 2025

Pedro Sánchez en la OTAN.

EFE.

Pedro Sánchez, presidente de Gobierno de España, ha quedado en el centro de la polémica internacional tras la reciente cumbre de la OTAN en La Haya, donde España se negó a respaldar el aumento del gasto militar al 5% del PIB, una exigencia impulsada por Estados Unidos y, especialmente, por Donald Trump. La decisión del presidente del Gobierno español fue interpretada por medios como el Financial Times como un riesgo de consecuencias impredecibles, tanto para las relaciones con Washington como para la estabilidad interna de su mandato.

Mientras la mayoría de países miembros de la OTAN —presionados por el ala dura estadounidense— respaldaron el incremento del presupuesto militar, España optó por una posición matizada. Si bien firmó el documento final de la cumbre, lo hizo bajo una cláusula que le permite aplicar los compromisos “de forma flexible y conforme a sus capacidades”. En la práctica, esto significa que España no se compromete a alcanzar ese 5%, una cifra que supondría más que duplicar su actual inversión en defensa.

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Para muchos analistas internacionales, la negativa de Sánchez es una jugada arriesgada. En un contexto global marcado por el regreso de Trump a la primera línea política —y su conocida hostilidad hacia los países que “no pagan lo suficiente” en defensa—, esta decisión coloca a España en la mira de posibles represalias comerciales o diplomáticas. “España es un problema”, declaró Trump, amenazando incluso con duplicar aranceles si el país no asume su parte, “pagará el doble”. 

Pero el conflicto va más allá de cifras. El gobierno español ha defendido su postura bajo la lógica de “gastar mejor, no gastar más”, y proteger el modelo social frente a una deriva militarista. En un momento en que las economías europeas intentan estabilizarse tras años de crisis, inflación y tensiones geopolíticas, redirigir una parte significativa del presupuesto nacional hacia gasto militar genera cuestionamientos éticos y estratégicos.

Desde la oposición, sin embargo, acusan a Sánchez de irresponsabilidad. Algunos sectores denuncian que la postura del presidente busca desviar la atención de los escándalos de corrupción que rodean a figuras cercanas a su entorno. Para otros, se trata simplemente de una reafirmación de soberanía: una muestra de que Europa —o al menos una parte de ella— no debe seguir ciegamente la agenda armamentista dictada por Washington.

La cumbre dejó claro que el liderazgo de la OTAN está más alineado que nunca con los intereses de Estados Unidos, y que cualquier desviación de ese guion será observada con desconfianza. La presión sobre España no terminará aquí. El pacto militar firmado en La Haya tendrá una revisión en 2029, pero las consecuencias políticas pueden sentirse mucho antes.

Lo que está en juego no es solo el porcentaje de un presupuesto. Es la definición del papel que Europa quiere jugar en el escenario global: subordinada a la lógica de la disuasión militar o comprometida con modelos de seguridad más amplios, donde la diplomacia, la justicia social y la independencia estratégica tengan un lugar real. Pedro Sánchez ha apostado por lo segundo. Y ahora, el reloj ya está corriendo.

MARTÍN TORO

Editor

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