Hace poco más de un año Carlos Ares presentó el proyecto personal en el que había estado trabajando por un largo rato, sacando espacio entre su trabajo como productor y compositor para otros artistas. El disco recibió el nombre de Peregrino porque significó una vuelta a lo esencial, un camino musicalizado con folk y una marcada influencia celta. “Trabajé mucho con la esperanza de que tuviera un buen recibimiento, pero eso nunca se sabe, al final es siempre una lotería. Lo que sabía era que la forma en la que iba a tener más posibilidades de que sucedieran cosas bonitas con mi música era siendo muy libre a la hora de crearla y siendo genuino y honesto”, comenta sobre las buenas impresiones que tuvo aquel LP.
Pero el capítulo de Peregrino ya ha pasado y ahora el coruñés presenta su nuevo álbum, La boca del lobo, en donde se percibe una continuidad en cuanto a temáticas y sonidos respecto a su predecesor, pero también hay cabida para momentos más experimentales. El disco estuvo listo en menos tiempo que el anterior ya que se dio en condiciones distintas, pero a su vez porque el músico deseaba tener un directo más dinámico para que su público disfrutara de canciones nuevas.
Ares charló con ROLLING STONE en Español sobre lo que hay detrás de La boca del lobo, el no olvidar sus raíces, si continuará trabajando en proyectos de otros artistas y la posibilidad de dedicarse a otros oficios en el futuro.
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Con Peregrino tardase varios años en construirlo y publicarlo. ¿Cuánto tiempo te tomó La boca del lobo?
Fue el año pasado. Tardé menos de un año, en realidad. Lo que le dediqué al álbum fue un periodo de tiempo muy corto, me llevó mucho menos porque no tenía que descubrir una dirección artística, ya la tenía. Peregrino me dio un poco la pauta y el camino por el que seguir, y La boca del lobo era simplemente continuar en ese universo creativo que tanto me motivaba. Entonces ya sabía un poco la identidad de esas canciones, llegué a ellas mucho antes. Pero vamos que Peregrino, en el momento en el que decidí por dónde ir, tampoco me llevó tanto tiempo. Lo que fue mucho más laborioso fue el dar con la dirección artística, porque las infinitas posibilidades a uno le nublan la mente. En el momento que lo tienes claro, ya todo va mucho más rápido.
¿Con qué elementos o con qué sonidos quisiste experimentar esta vez?
Igual que busqué en Peregrino, aunque creo que en este segundo álbum más la fusión y el equilibrio entre la vanguardia y lo clásico. Me divierte mucho encontrar un lugar en donde esas dos cualidades se complementen y se fusionen. Y supongo que esto también es un poco por el miedo que he tenido siempre a encasillarme en una única cosa. Siempre quiero proponer música que me permita ser versátil y que justifique mis cambios como artista.
Pretendo ser un artista que evolucione mucho con el paso del tiempo y que varíe de estilo y que se atreva a probar con cosas nuevas. Entonces creo que lo mejor para eso es acostumbrar a tu público a esa fusión de mundos, a esa variedad de propuestas. Y bueno, por eso siempre busco el equilibrio entre lo orgánico y lo electrónico, entre la vanguardia y lo clásico, porque me parece lo más rico en matices y lo que mejor me va a permitir a mí, en un futuro, cambiar y variar sin que resulte una sorpresa demasiado grande para mi público.
En estas canciones sigue estando presente este toque celta que ya habíamos escuchado en Peregrino. ¿Qué tan importante es para ti incluir estas pinceladas de sonidos celtas en tu música?
Es que no fue importante en ningún momento porque nunca lo pretendí. Fue algo que surgió de manera natural y creo que tiene que ver con mi personalidad y con mi cultura musical o con mis raíces. Pero fue algo que llegó sin querer, apareció y en el momento en el que lo percibí, me pareció muy bonito que mi música llevara un poco esa esencia de mi tierra y del lugar de donde yo soy y de la música de allá. Pero siempre desde la ignorancia. Yo no me considero un entendido en música celta ni folk. Hablo con muchísimo respeto siempre cuando utilizo estos términos y creo que tiene más que ver con algo que yo llevo dentro, que simplemente surge y aparece ahí en las canciones.
Ya que hablas de las raíces, la temática que abordaste en el disco anterior tiene una continuidad en ‘Autóctono’, que se siente como un homenaje a Galicia. ¿Qué tan importante es para ti recordar el lugar de donde vienes en tu música?
Es muy importante, en general, para mí refugiarme en todo lo que era mi vida antes de meterme en la burbuja de la música. Porque para mí se sintió así cuando me vine a vivir a Madrid, me vine a vivir bastante joven, solo durante muchos años –llevo aquí ya 11 años–, y fue para mí un ejercicio difícil porque venía de la soledad más absoluta, sin conocer a nadie, a una industria que es en ocasiones bastante despiadada, en otras ocasiones es muy bonita. Todo eso me generó bastante ansiedad y una sensación de soledad muy fuerte.
Y creo que, de manera natural, mi cuerpo y mi cabeza han necesitado regresar y recuperar sensaciones de mi infancia, de donde yo me crié, de la gente, de lo que es para mí la normalidad que creo que para cada uno, la normalidad es como el inicio de su vida, donde se establecieron un poco las bases, donde se diseñó el mundo interno y externo de cada uno. En mi caso, eso tiene todo que ver con Galicia y con la gente de allí. Entonces, para no perderme en el camino, siempre me viene bien regresar a mi tierra, regresar a mi gente, a mi vida, a mi rutina de allí y recuperar esas sensaciones, simplemente por conservar mi cordura.
¿Cómo llevas esta dualidad de vivir en la ciudad proviniendo de un lugar con más naturaleza alrededor?
Bien, la verdad que me adapto bien a casi cualquier cosa. Me gusta vivir en una ciudad grande, me gusta vivir en un pueblo, me gusta vivir en el monte, me gusta todo. También es cierto que aquí en Madrid siempre intento recorrer todos los alrededores, que tienen mucha naturaleza, hay montañas. Me gusta hacer actividades por la sierra de Madrid, es una manera también de seguir en contacto con la naturaleza y parece que no, pero en realidad está muy cerca. Yo tengo el coche, el único motivo por el que tengo el coche aquí, es para poder aprovecharlo y marcharme a la montaña los fines de semana o los días que tenga libres.
En este último año que has estado más activo con tu música, ¿qué tanto trabajo has tenido como productor y compositor para otros artistas?
Cada vez menos, porque así lo he deseado. Me apetece disfrutar y sentirme de verdad dedicado a mi proyecto. En este momento no quiero abrir demasiados frentes porque al final eso me pasaba bastante factura energética y creativa, incluso. Siento como que la inspiración y la creatividad es algo que hay que respetar mucho y necesita también darle aire, espacio, tiempo y descanso. Y en etapas anteriores de mi vida y de mi carrera profesional traté de ocupar absolutamente todo mi tiempo, también por necesidad, con trabajos. Y en este momento, que tengo la suerte de que mi propio proyecto, que mis canciones, me están dando muchísimo trabajo y una gira enorme y maravillosa, pues la verdad es que quiero limitarme a disfrutar de esa experiencia y de este momento dulce por el que estoy pasando ahora. Los días que tenga libres, lejos de tener la intención de ocuparlos con producciones y trabajos para otros, pienso utilizarlos para descansar y para reflexionar un poco también sobre la experiencia que estoy viviendo con mi música. Si me meto en producciones de otros artistas, será exclusivamente porque hay una motivación artística detrás superior, porque de verdad me apetece mucho y me va a hacer bien. Pero no voy a hacerlo, desde luego, por buscar trabajo.
Desde que iniciaste tu camino en la industria musical, ¿siempre tuviste claro que querías sacar material bajo tu propio nombre?
Sí, mis inicios fueron así. De hecho, fue una primera experiencia bastante frustrante, supongo que por inmadurez, entre otras cosas. Con esto quiero decir que yo no estaba preparado como para publicar nada. Siento como que no tenía clara mi dirección artística y eso creo que es lo básico para cualquier artista, o por lo menos para cualquiera que quiera presentar algo coherente.
En aquella época de mi vida me gustaban demasiadas cosas. Todavía tenía que ejercitar, afilar mucho el lápiz para sentir que mis canciones tenían unas letras sugerentes, o poderosas, o interesantes y lo mismo con la producción, lo mismo con mi manera de cantar. Siento como que estaba en un periodo en el que la fruta todavía estaba verde y no había madurado lo suficiente. Hay artistas a los que les toma menos tiempo, a mí me tomó muchos años.
Me tomó ese primer intento, esa primera experiencia con mi proyecto, de la que bueno, salió un trabajo, pero que para mí es simplemente un ejercicio. No lo considero una obra con la que yo me sienta identificado ni que disfrute. Después, una etapa intermedia bastante larga, trabajando y produciendo para otros y ejercitándome como compositor y como productor, ahí fue cuando de repente di con una dirección artística y con algo que dije: “Ahora sí que puede ser que esté preparado”. Y ya fue cuando me atreví a publicar, y a sentir esa coherencia que yo estaba buscando antes de publicar nada.
¿Dirías que este EP que publicaste en 2017 no sería tu debut sino sería Peregrino?
Intento no renegar de mi pasado porque creo que fue necesario para llegar a Peregrino, para llegar a los discos que vendrán en el futuro. Creo que cada una de las canciones que yo he escrito desde el inicio de mi carrera hasta ahora han sido todas valiosísimas, porque he aprendido mucho de ellas y me han permitido evolucionar como artista.
Creo que fue mi debut mi disco de 2017, un debut que yo podría utilizar una serie de adjetivos para catalogarlo y creo que serían en general bastante crueles, porque soy muy crítico conmigo mismo y no me siento del todo cómodo con ese trabajo. Es la dualidad de sentirse incómodo con un trabajo, pero al mismo tiempo agradecerle muchísimo su existencia porque creo que fue necesario para saber lo que no quiero hacer [risas]. Es un trabajo que me demostró y me hizo aprender cómo no quería crear, y me permitió luego saber y sacar las conclusiones de qué era lo que sí quería hacer y que más tarde descubrí con Peregrino y con otros proyectos.
¿Desde qué lugar emocional te gusta escribir y componer tus canciones?
Tiene todo que ver con ser honesto, no busco un estado emocional concreto. Busco emociones fuertes que supongan algo realmente importante, un aprendizaje en mi vida, ya sean negativas o positivas. He pasado por vivencias que han sido duras en el plano del amor, en el plano personal o en el plano familiar, todo este tipo de emociones fuertes son las que me parece que te motivan a escribir con un poco más de rabia o con un poco más de carácter.
Y eso es lo que busco habitualmente, siempre lo digo, que cuando no sucedan cosas de ese nivel de intensidad en mi vida, prefiero limitarme a no escribir. Porque no me gusta escribir por escribir. Me gusta necesitar sentarme a escribir algo en concreto que ya sé que tengo que escribir. Entonces siempre le doy tiempo al arte a llegar a mi vida, en forma de lo que sea: de conversación, de experiencia, de momento, de reflexión y en cuanto llega, es cuando me pongo a crear, eso es lo que necesito. No se me da bien crear sin motivos, y tener que inventármelos.
¿Y desde qué lugar físico?
Pues me gusta cambiar, me gusta que haya una historia detrás de cada canción y me gusta acordarme de la creación de las canciones un poco por el lugar donde las he hecho. Trato de moverme mucho, lo bueno de la tecnología hoy en día es que, con un ordenador portátil o una tarjeta y un micrófono puedo grabar en cualquier lado. De hecho, me gusta mucho también enfrentarme a sonidos de ambientes particulares. Me gusta grabar al aire libre, me gusta grabar en casas donde no necesariamente la acústica esté preparada para ello, sino que tenga una reverb natural. Ese tipo de experiencia me parece mucho más entretenida y que te va a dar un color y una sensación más interesante que grabar en un estudio, que creo que suenan todos iguales, igual de secos, igual de sosos y sobre todo que tampoco cuentan ninguna historia del proceso creativo.

¿Qué tan bien se te da componer con otras personas?
Pienso que muy bien. Me gusta componer en general, me gusta configurar mi cabeza de formas distintas. Creo que es muy enriquecedor pensar o intentar pensar cómo lo haría otro artista, porque te lleva a utilizar palabras nuevas, a utilizar melodías que quizás tú para ti mismo no escogerías y a la hora de producir pues también. Entonces, pienso que soy capaz de componer, de producir y de crear de una manera bastante versátil. Confío en que mi creatividad pueda proponer buenas ideas para canciones y para artistas de todo tipo y al mismo tiempo, me gusta mucho ese escenario porque es de donde más absorbo información y saco recursos para luego crear yo, para mí.
¿Y a la hora de hacerlo en tu música? ¿Eres más receloso en ese sentido?
Es cierto que soy bastante particular y es difícil que me propongan cosas con las que yo me sienta del todo cómodo, pero ya voy conociendo a ciertos autores y a ciertos artistas con los que he trabajado y en los cuales confío y busco en ocasiones su criterio y su sabiduría musical para decidirme a tomar un rumbo u otro, o incluso para que participen y formen parte de la autoría de la canción.
En este álbum hay varios músicos y varios artistas que me hacía mucha ilusión que formaran parte de los créditos de las canciones, entonces los quise involucrar y también pienso que es una manera de enriquecer la música de uno, porque al final es positivo salirse de tu propia cabeza. Al final, yo pienso que tu cabeza y tu manera de pensar están un poco limitadas, dentro de que es ilimitada la creatividad, pero creo que puedes caer en repetirte, en utilizar los mismos recursos y de repente, si viene alguien con ideas frescas, te va a aportar siempre cosas. Entonces sí que soy bastante independiente, en el sentido de que no me gusta esperar a nadie, no me gusta depender de que venga alguien para crear. Siempre termino creando yo solo, pero por una cuestión de que necesito hacerlo cuanto antes y sin depender de ningún horario. Darme a mí mis ritmos, mis tiempos y permitirme crear un poco egoístamente como el cuerpo me lo pide.
Carlos, revisando algunas de las entrevistas que has dado, me llamó la atención una en la que decías que en algún momento te desvincularías de la música, ¿por qué?
Por ser creativo. Porque creo que algo muy creativo dentro del mundo de la música es el hecho de desvanecerse del mundo de la música, creo que es algo original y además, me gusta llevar mi vida con esa libertad de decir, “No me gusta sentirme atado a nada, ni siquiera a esto”. Estoy disfrutándolo muchísimo y siempre pensaba que mi vínculo con la música iba a ser eterno, que yo no iba a poder despegarme de la música, pero al mismo tiempo me atrae bastante la idea de hacerlo por el hecho de experimentarlo, de ver qué es lo que sucede, cómo adaptaría yo mi vida al no dedicarme a la música, qué es lo siguiente que haría. Entonces, como ya estoy viviendo esta experiencia, quizás haya un momento en el que deje de suponer para mí algo nuevo y quiera buscarlo en otro ámbito. Por suerte tengo muchos gustos, hay muchas cosas que me gustaría hacer, no solo dedicarme a esto. Así que ya veré.
¿Qué otras cosas querrías explorar en lugar de la música?
Me gustaría terminar mis estudios y quizás meterme en una carrera como Biología. Me gustaría irme a vivir a un país extranjero a aprender algún idioma y quizás a trabajar en lo que fuera, en un chiringuito en Costa Rica sirviendo cócteles, o irme de voluntariado a algún país. O ahorrar dinero con un álbum súper exitoso y marcharme a recorrer África durante un año entero. Todo tipo de cosas. O simplemente vivir en mi ciudad, en A Coruña, tranquilamente y dedicarme a pasar más tiempo con mi familia. No sé, tengo muchos planes.


