marzo 7, 2022

El rock colombiano está dando buenas señales

Aunque todavía falta mucho por andar, los rockeros de Colombia han logrado abrir las puertas de la radio comercial y pública para llegar a nuevas audiencias

Por  MARTÍN TORO

Collage por Alias Ce. Fotografías: DIAMANTE ELECTRICO: SANTIAGO GARCÍA; OHLAVILLE: AN HUESO; BURNING CARAVAN: INSTAGRAM DE LA BANDA; LOSPETITFELLAS: ORTIZ-ARENAS.

Para muchos el momento de mayor transformación para el rock en Colombia se vivió hace ya más de 30 años, con el surgimiento de bandas como Aterciopelados, La Pestilencia o Kraken, que supieron cantarle al caos que atravesaba entonces el país. Estas agrupaciones fueron la chispa de una gran pasión e inspiración colectiva por seguir haciendo música a pesar de esas realidades tan brutales.

La falta de oportunidades, el escaso reconocimiento internacional, las dificultades para lograr buenas grabaciones, además de otros problemas, se encargaron de aletargar la evolución del rock en Colombia durante muchísimos años, mientras países como México y Argentina tomaban la delantera en Latinoamérica.

“Lo que faltó en esos momentos fue continuidad, que esos movimientos y bandas se dieran la mano con el siguiente y así fueran creando una escena, una comunidad”, comenta Andrés Sierra, bajista de Oh’Laville. El comienzo de los 2000 fue más bien catastrófico para el rock colombiano; la música y los públicos migraron hacia los clubes con la explosión de la música electrónica.

RECUPERANDO EL TIEMPO PERDIDO: “Estamos en búsqueda de restablecer esa identidad que se perdió hace unos años por las bandas que no quisieron seguir el legado del rock de los 90 y comienzos de los 2000”, Juan Antonio Toro, vocalista de Armenia.
@JAKES_TAPES

Sin embargo, desde hace unos 10 años, se ha venido gestando una nueva camada que se anima a perseguir lo que parecía imposible; se trata de gente que no parece tener miedo a decir la verdad, a criticar lo que está mal y a contar las cosas como son. No tienen miedo a innovar y explorar sonidos que posiblemente no alcancen mayor relevancia en el mainstream. De esto y muchas otras cosas está hecho el rock que Colombia tiene para exportar hoy.

“Estamos en búsqueda de restablecer esa identidad que se perdió hace unos años por las bandas que no quisieron seguir el legado del rock de los 90 y comienzos de los 2000. Por el nacimiento de la Internet pensaron que se las sabían todas, pero no”, dice Juan Antonio Toro, vocalista y líder de Armenia.

El apoyo entre las bandas ahora se siente mucho más, y por el bien de todos, se espera que sea realmente genuino; cada vez son más las colaboraciones, y los conciertos han ido diversificado sus carteles, esto ha hecho que la perspectiva de la audiencia ante los eventos cambie drásticamente. “Siento que ha habido un cambio generacional en el público en los últimos años, donde la gente ha comenzado a valorar lo que está pasando acá, y la pasión que tienen ahora por las bandas no pasaba antes, eso me tiene muy contento”, agrega Juan Galeano de Diamante Eléctrico, que es sin duda la banda con mayor proyección internacional, con varios Grammy en su vitrina y una gira reciente por los Estados Unidos junto a Café Tacvba. Parece que sí se puede.


“Los éxitos son éxitos, independientemente de si suenan en la radio o no, uno lo sabe cuando los escucha, y son pocas las agrupaciones en Colombia que hacen música con esa conciencia”, Julio César Escovar, periodista musical.


Ahora, en términos de sonido la cosa pinta bastante bien: hay bandas explorando las fronteras del rock con propuestas interesantes como Acid Yesit, que fusiona el jazz, el metal y funk, o Los Niños Telepáticos, que plantearon su perspectiva del rock progresivo con su álbum Estallados. Por otro lado, hay bandas como Tequendama, quienes sin utilizar guitarras y valiéndose de sintetizadores y potentes líneas de bajo, forjan un sonido gigante y moderno sin alejarse de las raíces del rock colombiano. Nicolás y los Fumadores encuentran nuevos caminos para desafiarnos a partir de su singularidad, y canciones como ‘Brisa’ nos remiten a cosas como Hora Local o los nadaístas. Surcando los límites de lo alternativo están agrupaciones como Oh’Laville, donde la energía y la precisión de las voces, los juegos de guitarras y las líneas de bajo pintan un panorama en el que habita el rock más potente junto a melodías suaves y letras que hablan desde lo más profundo.

Burning Caravan se tomó la tarea de rescatar los sonidos gitanos y balcánicos a un contexto latinoamericano; Los Petit Fellas vincularon el hip hop con saxofones, teclados e ingeniosos licks de guitarra; Armenia nos recuerda cómo debe suena una buena banda de rock cuando el capitán es el corazón guitarrero que palpita en su álbum Grita II.

“La gente está comenzando a entender que desde nuestro lado podemos proponer cosas innovadoras que no se hacen en ningún otro lugar. Muchas de las bandas están buscando ese sonido propio, sin copiar a ninguna banda de afuera ni querer parecerse a ningún proyecto que ya existe”, agrega Galeano.

Algunas agrupaciones han explorado otros rumbos para recordarnos de qué está hecha esta generación; Telebit, que además de explorar constantemente en términos sonoros, se ha convertido en la voz de muchos jóvenes cansados de la situación sociopolítica y económica en Colombia. Diamante Eléctrico también se manifestó en el marco del estallido social de 2021, y viene demostrando que se puede madurar para encontrar otras identidades sin ser esclavos de la distorsión. Esta es solo una fracción de la diversidad musical que Colombia tiene para aportar hoy en día, basta con salir una noche por Bogotá o Medellín para darse cuenta de la cantidad de bandas emergentes y pequeños proyectos que tienen el potencial para abrirse paso más allá del circuito nacional.

“La gran diferencia es que los referentes de las nuevas generaciones son, en parte, bandas colombianas. Ese es un cambio grandísimo, porque empiezas a ver cómo los sueños de los artistas sí se cumplen dentro del mismo país, sueños como grabar un disco que suene bien, que tu música sea reproducida, que puedas salir de gira”, comenta Andrés Sierra sobre este nuevo aire para el rock y sus géneros hermanos en Colombia.

AN HUESO

Este renacimiento no solo ha inspirado proyectos musicales, sino que ha traído un crecimiento significativo en términos de la industria musical, cada vez son más las oportunidades para los ingenieros, músicos, promotores y demás eslabones que hacen parte de la cadena. Esto hace que sea mucho más sencillo grabar y producir piezas de calidad internacional, que los espectáculos sean más profesionales y que la promoción de estos trabajos sea cada vez mejor.

Estas bandas deben enfrentar el desafío de alcanzar un sonido realmente competitivo, destacándose inteligentemente en medio de una cantidad de propuestas que quedarán relegadas por temas de producción, difusión, falta de consistencia o éticas de trabajo.

Más allá de todo eso, es muy diciente que muchas de las agrupaciones mencionadas hoy compitan en los listados de la radio nacional con gente como Placebo, Jack White o Imagine Dragons. “Colombia tiene muy buenas bandas, pero son muy pocas, y son aún más pocas las que han crecido con el concepto del radio hit, una canción que tenga un gancho, que sea música para los fanáticos”, dice Julio César Escovar, director de Radioacktiva, quien asegura que los éxitos son éxitos independientemente de si suenan en la radio o no, y es fácil reconocerlos al instante. “Son muy pocas las agrupaciones en Colombia que hacen música con esa consciencia, es muy importante saber quién es tu público y qué tanta durabilidad tiene a largo plazo la música que se hace”.

Algunos han entendido que el rock & roll se puede hacer seriamente, y así como puede ser un vehículo de expresión, también es un negocio. Esto hace que el público ahora encuentre el valor en el costo de las entradas y esté comenzando a entender que ese dinero realmente llega a quienes lo merecen para reflejarse en un ecosistema más sano y prometedor.

Y aunque aún nos falta un largo camino por recorrer en términos de infraestructura, el rock colombiano está pasando por un muy buen momento, un punto crítico en el que el apoyo de los medios, el público y los músicos vale más que nunca.