El origen musical de The Weeknd

El canadiense conquistó al mundo con su oscura sensualidad

Por  VALERIA VILLEGAS

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Wikimedia Commons

EXTRAÍDO DE RS151, DICIEMBRE 2015

Haciendo de las redes sociales su mejor aliado, el canadiense Abel Tesfaye –la mente creativa detrás del sensual y vaporoso R&B de The Weeknd– logró posicionarse con efectividad en los oídos de miles de personas alrededor del mundo. Todo fue producto de varios clips en YouTube y Soundcloud compartidos entre amigos y conocidos, mismos que con el tiempo llegaron a los oídos de Oliver El-Khatib, manager de Drake, quien los subió al OVO blog. Fue entonces que el misterio comenzó a rodear a Tesfaye, quien declinó las entrevistas en ese momento y construyó una suerte de mitología que lo convirtió en un animal raro y fascinante de la escena musical. “Si hubiera sido contraproducente, probablemente hubiera hecho entrevistas. Pero a la gente comenzó a gustarle esta cuestión de que yo fuera muy pinche raro”, declaró en entrevista con Rolling Stone EE UU.

Su rostro y su característico peinado son ahora moneda corriente en las imágenes que a diario construyen el discurso de la cultura popular, confrontando las expectativas que se tejen alrededor de los cantantes de R&B. Como The Weeknd, Tesfaye desafió la noción de enamorar por medio de la vista, omitiendo mostrar su cara en un inicio. “Era todo aquello que los cantantes R&B no eran”, cuenta. “No estaba en forma. No era un chico guapo. Era desgarbado como la chingada. No me gustaba la manera en que me veía en las fotos –cuando me veía en la pantalla de la cámara, decía: ‘Agh’”, cuenta.

El viaje continuó con sus misteriosos beats, ominosos pero poderosamente sexuales y con múltiples referencias a las drogas, ritmos que nos indujeron un estado alterado a lo largo de House of BalloonsThursday y Echoes of Silence, trilogía de mixtapes dada a conocer en 2011 y reeditada bajo el título Trilogy. A ello sobrevino su colaboración con Drake en Take Care, de  ese mismo año, y el destino pareció estar sellado. Después de ser firmado, Kiss Land (2013) hizo su aparición, producción que reflejaba, en palabras de Tesfaye, un estado introspectivo que no necesariamente fue lo que la radio esperaba.

No obstante, su habilidad para crear el soundtrack perfecto a una correría ilícita, nocturna y deliciosa, le ganó un lugar junto a consagrados como Beyoncé, The Rolling Stones, Sia y el mismísimo Danny Elfman en la banda sonora para la adaptación cinematográfica del bestseller de E.L. James, Fifty Shades of Grey. ¿Su aportación? La sensual “Earned It (Fifty Shades of Grey)”, un tema obsesionante que hizo sus notas danzar en la gran pantalla. Y entonces llegó Beauty Behind the Madness. Hasta este momento, “Can’t Feel My Face” permanece como el sencillo irrefutable del verano que hizo pedazos a su competencia al liderar las listas de Billboard, catapultándolo en el ojo público y haciéndole ganar popularidad entre los públicos más jóvenes. Aún más revelador resulta que esa canción haya sido desplazada por “The Hills” para ocupar el número uno, convirtiendo a The Weeknd – reporta Rolling Stone EE UU– en el 12º artista de la historia en lograr tan improbable hazaña. Tesfaye, un chico de ascendencia etíope originario de Toronto, aún se muestra incrédulo del éxito desmedido que ha amasado durante, a lo sumo, media década –mérito que pocos logran apuntarse con tan poco tiempo bajo el cinturón. Beauty Behind the Madness dio un tinte más luminoso a sus aletargados acordes y vendió más de medio millón de copias en tan sólo un par de meses, garantizándole un lugar en la cultura popular. “Vivimos en una era en la que todo es tan excesivo, que creo que es refrescante para todos el poder preguntarse: ‘¿Quién chingados es este tipo?’. Por eso es que pienso que mi carrera durará mucho tiempo: Porque todavía no le he dado todo a la gente”, apunta.

Eso no quiere decir que la confianza de Tesfaye se encuentre disminuida. Al contrario: Incluso desde la aparición de Trilogy, supo que su trascendencia era evidente. “Definitivamente cambió la cultura. Nadie podrá volver a hacer una trilogía sin pensar en The Weeknd. Muchos artistas comenzaron a trabajar más rápido, y aumentaron la velocidad después de eso: Justin Timberlake lanzó dos discos en un año, Beyoncé publicó un disco sorpresa”.

La personalidad sónica del cantante canadiense –contrario a lo que podría juzgarse a partir de su atractivo casi transcultural– reconcilia la tradición africana con la tónica dominante de la cultura popular abanderada por Estados Unidos. Por un lado están las raíces etíopes de su madre, Samra, quien se estableció en Toronto durante los años ochenta y mantuvo a Tesfaye como madre soltera, tomando la responsabilidad de múltiples trabajos sin que ello le impidiera inculcar en su hijo un profundo sentido de pertenencia con respecto a África y enseñarle amárico como primer idioma. Esto lo conectó con la música de intérpretes etíopes como Aster Aweke, que cita como su influencia en su suave estilo vocal. El tinte africano que inspira sus interpretaciones convive con una profunda admiración por Michael Jackson: “La gente suele olvidar que ‘We Are the World’ era para Etiopía”, dice. “En casa, si no estábamos escuchando música etíope, escuchábamos a Michael. Él era nuestro ícono”.

Su conocimiento de lo local y lo global, su poco ortodoxa presentación y el encanto que se desprende del discreto desenfreno de sus letras y sus ritmos lo ha convertido en uno de los íconos que se levantan como voceros de una nueva generación que prueba que todo es posible con un poco de paciencia y un buen servidor de internet. Mientras tanto, nosotros seguiremos en espera de su siguiente obra de provocación. Si bien Beauty Behind the Madness disminuye la incendiaria vibra de sus primeros trabajos, ha invitado a controversias con cortes como “High for This”, que cita un pasaje con una chica que se encuentra drogada previo a un encuentro sexual: “El tono es oscuro, el ambiente constituye esa oscuridad. Pero no hay nada forzado. Quieren pasarla bien. Quieren estar ahí. Si acaso se arrepintieran de sus decisiones es otra cosa. Pero siempre se hace con consentimiento”, consigna.

Con el beneficio de la duda de por medio, las atmósferas que es capaz de regalar en una sinfonía entre erotismo y vanguardia son innegables minas antipersona para tenernos imaginando una aventura de proporciones literarias desde nuestras propias sábanas.

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