En enero de 2025, apareció en los anaqueles digitales de Amazon un nuevo ensayo que rápidamente se convirtió en un fenómeno intelectual. Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad, firmado por el filósofo hongkonés Jianwei Xun, fue adoptado en seminarios, conferencias y círculos académicos, entre ellos por Cecilia Danesi, investigadora del Instituto de Estudios Europeos y Derechos Humanos (Universidad Pontificia de Salamanca). Aclamado por muchos como “el libro del año”, su contenido ofrecía una reflexión inquietante sobre los nuevos mecanismos de manipulación que configuran la percepción colectiva.
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“Existimos en un estado de hipnosis permanente, donde la conciencia se domestica”, se lee en sus páginas, profundizando en cómo las élites económicas y políticas utilizan las nuevas tecnologías para someter a las masas sociales a un estado equivalente a la hipnosis. Sin embargo, lo que parecía una obra reveladora ha dado lugar a una polémica aún mayor: Jianwei Xun, en realidad, nunca existió. Fue una invención del filósofo y profesor Andrea Colamedici, quien, junto con la inteligencia artificial (IA), no solo creó la obra, sino también al autor ficticio.

¿Cómo se descubrió? A medida que la figura de Xun ganaba notoriedad, comenzaron a surgir dudas sobre su trasfondo. La verdad salió a la luz cuando Sabina Minardi, redactora jefe de la revista italiana l’Espresso, intentó contactarlo para una entrevista. Tras varios intentos fallidos, Minardi descubrió que el autor no era más que un eco virtual: Colamedici, quien se presentaba como traductor, en realidad era coautor del ensayo, generado a partir de un diálogo con dos herramientas de inteligencia artificial generativa, ChatGPT y Claude.
Según mencionó el propio Colamedici, su intención nunca fue “engañar al lector”. La creación de Xun fue concebida como una performance, una declaración artística, con el objetivo de resaltar los riesgos y peligros de estos sistemas digitales.
“El propósito era académico, resaltar mecanismos peligrosos de uso de la inteligencia artificial por parte de las grandes tecnologías mediante un uso imprudente de esta y, en cambio, invitar a su uso consciente”, explicó al diario El País. “Quería dejar claro no solo los peligros, sino también mostrar la práctica de las tesis que él encarnaba, por lo que es un libro que simultáneamente explica una teoría y la encarna al mismo tiempo”.
Sin embargo, su “experimento filosófico” se sitúa en una zona gris tanto en el plano ético como en el legal, llegando incluso a contravenir el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial. Acordada por las instituciones comunitarias el 8 de diciembre de 2023 y aprobada por el Parlamento Europeo el 13 de marzo de 2024, esta normativa considera una infracción grave no etiquetar de forma clara textos, vídeos o audios generados con IA. Al omitir desde un inicio el uso de herramientas automatizadas en sus versiones en inglés e italiano, Hipnocracia no solo vulneró este marco legal, sino que también encendió un nuevo debate sobre la manipulación deliberada ejercida por el mismo Colamedici.
“Lo hice porque la intención era hacer todo más efectivo, no solo presentar una teoría, sino crear un libro que fuera tanto teoría como práctica, que ofreciera a los lectores la oportunidad de vivir más intensamente lo que estaban leyendo”, justifica el editor italiano, quien ya ha actualizado la página oficial de Jianwei Xun para incorporar los detalles revelados.
Hipnocracia pone a prueba nuestra noción de la autoría y el pensamiento crítico. “El paisaje mediático es un océano donde ya no sabemos si estamos viendo agua o su simulación perfecta”, se menciona en el libro, una reflexión que resuena con los conceptos de hiperrealidad del filósofo francés Jean Baudrillard. Según él, la realidad ha sido simulada hasta perder toda referencia a lo real, en un mundo donde los signos y las imágenes se han vuelto más reales que la propia realidad. El fenómeno suscitado es un reflejo de nuestra sociedad, en la que la representación y la firma han adquirido mayor importancia que el contenido mismo.
En un contexto dominado por la inmediatez y la superficialidad, el ser humano contemporáneo ha dejado de cuestionar el origen de los mensajes; los adopta sin reflexión, en busca de generar impacto. Esto se amplifica en un escenario donde lo real y lo virtual se entrelazan, hasta volverse indistinguibles —como demuestra el ensayo— entre lo genuino y lo fabricado, entre lo humano y lo creado por algoritmos.
Quizás lo más inquietante de Jianwei Xun no sea que no exista, sino que su inexistencia haya pasado desapercibida. ¿Estamos preparados para vivir en un mundo donde los pensamientos más provocadores no provienen necesariamente de mentes humanas, sino de procesos colectivos, asistidos y mediados por tecnologías? ¿Valoramos la idea por lo que representa y la reflexión que provoca, o por su fuente, humana o digital? ¿Qué entendemos por autenticidad?
El engaño de Colamedici pone de manifiesto la urgente necesidad de transformar la manera en que analizamos, consumimos, procesamos y creamos información. Es una advertencia, un caso de estudio, que invita a la reflexión sobre la fragilidad de la verdad en un panorama digital cada vez más complejo, donde ni siquiera las instituciones parecen tener el poder de protegernos. Debemos reconocer la simulación en la que habitamos. No dejarnos arrastrar por su hechizo, pero tampoco refugiarnos en el cinismo excesivo, lo que nos lleva a una interrogante: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para asumir la responsabilidad que estas tecnologías nos confieren?


