El Justiciero

Mads Mikkelsen conjuga a los mejores vengadores en la historia del cine, para luego deconstruirlos, en una estupenda cinta de acción a la escandinava

Anders Thomas Jensen 

/ Mads Mikkelsen, Nikolaj Lie Kaas, Andrea Heick Gadeberg

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de Cinecolor

Las películas sobre venganza pueden ser unos despampanantes ballets de sangre, como John Wick, Hardcore Henry o Shoot ‘Em Up. Pero también existen unas cintas más brutales, agrestes, tristes y oscuras, que se atreven a ahondar en la dimensión humana de los sujetos vengadores, como lo son Get Carter y Harry Brown (protagonizadas por Michael Caine) o Mr. Majestik y Death Wish (protagonizadas por Charles Bronson).  

A este segundo grupo pertenece la película danesa El justiciero, protagonizada por un Mads Mikkelsen que canaliza al Caine y al Bronson de las películas mencionadas anteriormente, pero también al Chuck Norris de Code of Silence, al Clint Eastwood de Dirty Harry, al Arnold Schwarzenegger de Commando y al Bob Odenkirk de Nobody.

La cinta no solo gira en torno a la venganza sino también nos habla sobre el azar como parte de la vida. En un enigmático prólogo, se nos muestra a una niña caminando por las calles de Estonia junto con su abuelo. Es Navidad, y el abuelo quiere regalarle a su nieta una bicicleta. El problema es que el vendedor solo tiene una bicicleta de color rojo y la niña quiere una de color azul. El vendedor les dice a sus clientes potenciales que va conseguirla. Acto seguido, el vendedor les hace una llamada a sus cómplices y estos le roban la bicicleta azul a Mathilde (Andrea Heick Gadeberg), la hija de Markus, nuestro protagonista vengador.    

Al robo de la bicicleta se suma otro acontecimiento. Markus, quien hace parte del ejército, llamada a su esposa Emma (Anne Birgitte Lind) para avisarle que no puede ir a la casa para celebrar las festividades, ya que tiene una misión que lo obliga a estar lejos de su familia por varios meses. Esto lleva a Emma a hacer un cambio en su rutina y le propone a su hija salir. El auto no arranca y esto hace que las dos decidan tomar el tren. 

Entra en escena Otto (Nikolaj Lie Kaas), un experto en estadística y cálculos de probabilidad, quien ha sido despedido de su trabajo y se encuentra sentado en el tren al que abordan Mathilde y Emma. Otto le cede su puesto a Emma, cuando de repente ocurre una fatalidad que acaba con la vida de varios pasajeros, entre ellos, la madre de Mathilde. En el tren también viajaba un hombre que iba a testificar contra una peligrosa pandilla de delincuentes conocida como Riders of Justice. Otto está convencido de que hay una conexión entre el accidente del tren y la pandilla, y lleva sus inquietudes a Markus. 

Markus quiere vengar la trágica muerte de su esposa y Otto se une a la causa, por unas razones que después se revelarán. Junto a ellos también se unen Lennart (Lars Brygmann), un amigo de Otto de gran inteligencia, pero con un sinnúmero de problemas psicológicos, y Emmenthaler (un estupendo Nicolas Bro), un experto en computadores con rasgos autistas, paranoico, sensible en extremo y con obesidad mórbida. Estos cuatro chiflados del infierno buscarán acabar, de una manera violenta y sistemática, con todos los miembros de los Riders of Justice, sin importar las consecuencias.

No esperen una película de venganza tradicional. Aunque El justiciero incluye tiroteos, muertes violentas y hombres malvados y perversos, lo cierto que es que la cinta de Anders Thomas Jensen (el guionista de las magníficas Después de la boda y En un mundo mejor), deconstruye gradualmente el mito del hombre testosterónico en busca de retaliación, del mismo modo que Clint Eastwood lo hizo con los vaqueros solitarios en Los imperdonables. Este es el tipo de película cool que Tarantino nos recomendaría con sumo entusiasmo. Impredecible. Desquiciada. Salvaje. Imperdible.