¿El cliente siempre tiene la razón?

Un thriller argentino ambientado en unos de los contextos más estresantes de la actualidad: Un centro de atención de reclamos.

Carlos Gil, Ricardo Hornos  

/ Nicolás Francella, Emilia Attías, Yoel Bercovici, Ignacio Borderes

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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© WARNER BROS

El fallecido director Joel Schumacher alcanzó a incluir dentro de su filmografía dos estupendos thrillers psicológicos de corte minimalista, herederos de los clásicos de Hitchcock La soga y Llamada mortal. El primero fue Un día de furia, en el que Michael Douglas interpreta a un hombre divorciado y sin trabajo, quien está al borde del colapso y decide hacer algo al respecto, tomando una serie de decisiones violentas y radicales ante la injusticia del sistema social en el que está inmerso.

El segundo es Enlace mortal, en el que Colin Farrell encarna a un hombre atrapado en una cabina telefónica, a merced de un francotirador (Keifer Sutherland) que quiere darle una lección que nunca olvidará.

Las premisas de estas dos cintas se conjugan en el thriller argentino En la mira, que marca el debut como directores de Carlos Gil y Ricardo Hornos. Todo un veterano de la industria, Gil trabajó en los años 80 y 90 como asistente de dirección en las películas Cocaine Wars, La noche de los lápices, Apartment Zero y Highlander II. Por su parte, Hornos fue uno de los productores de El robo del siglo, una magnífica cinta protagonizada por Guillermo Francella y Diego Peretti, acerca de uno de los robos más infames en la historia de Argentina.

En la mira cuenta en el papel protagónico con Nicolás Francella, hijo del destacado Guillermo Francella de El robo del siglo, y también de algunas de las mejores películas del cine argentino como El clan, Los que aman odian, Animal y el reciente fenómeno de Netflix, Granizo. Nicolás carga con esta película y demuestra que el talento está en los genes.     

Nicolás Francella debe enfrentarse a un cliente más que insatisfecho.

El joven actor interpreta a Axel Brigante, el empleado de un call center quien pese a las características difíciles de su trabajo (clientes hostiles) y al ambiente aversivo de su entorno laboral (un jefe insufrible), es un trabajador dedicado y que trata de cumplir con su labor de la mejor manera posible. 

La vida de Axel va a sufrir una inesperada sacudida cuando recibe el llamado de Figueroa Mont (con la voz del actor Gabriel Goity), un cliente inconforme con su internet y que desea cancelar el servicio. Pero como ya está cansado de reclamar y no encontrar respuesta, Mont le informa a Axel que le está apuntando con un rifle de alta precisión y mira telescópica. Es así que, si Axel no resuelve de una manera rápida y efectiva el problema de su cliente, este se dispondrá a volarle la cabeza de un disparo.

Más allá de los giros sorpresivos y de la meticulosidad de Gil y Hornos a la hora de armar su thriller –con la ayuda de Adrián Garelik, el guionista de la película Vino para robar–, el poder de En la mira radica en que no toma partido por el victimario (cliente insatisfecho) como tampoco por la víctima (el empleado del call center). Eso hace que tome una dimensión más amplia y compleja que la de las películas de Schumacher, que nos presentan un punto de vista sesgado, ya sea por la realidad del victimario (Un día de furia) como la realidad de la víctima (Enlace mortal).

Es por eso que la película de Gil y Hornos se convierte en un interesante ensayo sobre la empatía, esa posibilidad que tenemos los seres humanos –aunque no todos– de ponernos en los zapatos del otro, y que aquí se extiende más allá de la relación cliente y empleado a otras relaciones interpersonales (jefe y subalterno, novio y novia, esposo y esposa, colega y colega, novio y amante, padre e hija). Aquí radica la diferencia de En la mira con los thrillers genéricos a los que nos tiene acostumbrados Hollywood.