El buen patrón

Javier Bardem vuelve a lucirse, esta vez como el jefe de una fábrica de balanzas enfrentado al desequilibrio causado por sus propias decisiones, en la nueva cinta del director de Los lunes al sol

Fernando León de Aranoa 

/ Javier Bardem, Manolo Solo, Almudena Amor, Óscar de la Fuente

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de Cinecolor

El director español Fernando León de Aranoa, autor de cintas como A Perfect Day y Loving Pablo, vuelve a colaborar con Javier Bardem y el resultado no pudo ser mejor. El buen patrón es una sátira social en la que Bardem interpreta a Blanco, el jefe de una empresa fabricante de balanzas, la cual heredó de su padre. 

Blanco es un jefe en apariencia justo y que se jacta de afirmar que considera a sus empleados como parte de una gran familia. Quienes tenemos la experiencia de trabajar en empresas, sabemos que cuando el jefe habla en esos términos, las cosas no pintan para nada bien.

Las balanzas son un símbolo utilizado por Aranoa para mostrarnos como en el mundo del trabajo, lo laboral y lo profesional nunca llegan a estar en un sano equilibrio. Blanco, con su apariencia de jefe bonachón, comprensivo y humano, esconde un profundo egoísmo, un orgullo excesivo y unas enormes ansias de poder. Su hipocresía y falta de honestidad es lo que conduce a este hombre a una serie de eventos desafortunados.        

Aranoa regresa a retratar las vicisitudes de la clase trabajadora veinte años después de la estupenda Los lunes al sol, también protagonizada por Bardem en compañía del gran Luis Tosar. Pero aquí todo se cuenta desde el punto de vista del patrón y no desde los subalternos. Sin embargo, la crítica ácida e inteligente se mantiene intacta (El buen patrón bebe mucho de Los santos inocentes, el clásico del cine español protagonizado por Alfredo Landa y dirigido por el recientemente fallecido Mario Camus).  

Junto al personaje de Blanco (más negro que gris), encontramos a José (Oscar de la Fuente), un empleado recientemente despedido, quien decide protestar en un lote baldío frente a la fábrica, lo que enfurece a su ex jefe, más aún cuando se aproxima la visita de una comisión y detrás de ella se encuentra un posible nuevo premio a la excelencia empresarial. 

Miralles (Manolo Solo), es el jefe de producción a quien Blanco conoce desde niño, el cual se está desempeñando irregularmente debido a sus problemas maritales. Su supuesto amigo se muestra interesado en sus líos personales, pero en realidad lo que le preocupa más a Blanco es su desempeño laboral. 

Al mismo tiempo Blanco, quien aparentemente está felizmente casado con Adela (Sonia Almacha), la dueña de una boutique, se encuentra de cacería. Su víctima es Liliana (Almudena Amor) la nueva practicante, joven y bella, pero para nada tonta. 

Las cosas se complican más cuando Fortuna (Celso Bugallo), un empleado con muchos años de dedicación, le pide a Blanco que lo ayude con su hijo, un pandillero que disfruta golpear a los inmigrantes en los parques. Mientras tanto, en la empresa, Blanco rivaliza con Khaled (Tarik Rmili), un inmigrante que no cree en las palabras amables de su jefe y quien compite por desbancar a Miralles tanto en lo laboral como en lo personal. 

Las situaciones con José, Miralles, Liliana, Khaled y el hijo de Fortuna (a quien Blanco lo pone a trabajar como mensajero en la boutique de su esposa), se van a conjugar y colapsar como si se tratara de un efecto dominó y al mejor estilo de una película de los hermanos Coen.  

Puede ser que sus diecisiete nominaciones a los Premios Goya sean algo exagerado, pero no cabe duda de que El buen patrón es todo un espectáculo.