julio 4, 2022

Drogas recreativas, tratamientos alternativos

Aún con mucho camino por recorrer, las sustancias psicodélicas se aplican cada vez con mayor frecuencia y eficacia para tratar trastornos en el estado de ánimo, adicciones y otras problemáticas

Por  NICK BOYCE

ILUSTRACION-DE-KATIE-TAYLOR

Los invitados han formado un círculo y cada uno está cavando su propia tumba. Después, se los obliga a acostarse adentro de ellas; desde arriba les tiran tierra sobre sus cuerpos postrados. La luz del sol se filtra a través de la vegetación tropical y una figura etérea, de pie en el centro de la reunión, repite lugares comunes con un acento muy marcado. Hasta acá, la ficción: así es una de las sesiones de terapia en la reciente serie Nueve perfectos desconocidos. La dueña de casa, Masha (Nicole Kidman), invita a un selecto grupo de personas a su retiro espiritual y les hace beber sustancias psicodélicas sin su consentimiento. Sin saberlo, los huéspedes empiezan el día con un batido de frutas cargado de psilocibina (el principio activo de muchos hongos psicodélicos) y pasan la mayor parte del tiempo relajándose en la exuberante naturaleza californiana. Hay alguna sesión de acupuntura, alguna actividad de grupo, pero no hay mucha terapia de verdad, con profesionales. La serie coquetea con la idea de la terapia psicodélica, pero, como cabe esperar de un drama basado en una novela, está muy lejos de la realidad.

En la actualidad se están haciendo muchos estudios científicos sobre el tratamiento de los trastornos mentales con ayuda de sustancias psicodélicas. Según un artículo de la revista Australian & New Zealand Journal of Psychiatry, en 2021 se realizaron aproximadamente cien ensayos clínicos con drogas psicodélicas en todo el mundo. No son escapadas tropicales para ricos sino experimentos rigurosos basados en evidencia concreta, que podrían reconfigurar la forma en que pensamos la clínica de la salud mental.

FOTO: Olya-Prokopets

Psicodélica star

Científicos y médicos experimentan con sustancias comúnmente consideradas como drogas recreativas y no como medicamentos. Los ensayos incluyen el LSD, la ayahuasca y la psilocibina y también drogas muy usadas en fiestas como el MDMA y la ketamina, que no son estrictamente psicodélicas pero se utilizan para tratar trastornos graves. Aunque en su mayoría se trata de sustancias prohibidas, se están utilizando cada vez más en la investigación. Por caso, la ketamina fue aprobada recientemente en Australia para tratar el trastorno depresivo, frente al que otros medicamentos no han funcionado. Y no es solo con la depresión que estos tratamientos podrían ayudar. Hay esperanza de que las llamadas terapias psicodélicas puedan utilizarse para tratar trastornos de ansiedad, la dependencia al alcohol y las drogas, el tabaquismo e incluso la dismorfia.

A pesar de su asociación con los “hongos mágicos”, la psilocibina no se usa como una pócima maravillosa. No es tan simple como tomarse un licuado junto a la pileta en un momento de relax en un carísimo retiro en la selva. Tomar drogas psicodélicas les permite a los pacientes experimentarse a sí mismos de una manera especial y crear un ambiente propicio para enfrentar los traumas reprimidos. Cuando se combina con una terapia intensa e individualizada, la evidencia sugiere que el empleo de estas drogas puede llevar a una mejora significativa en algunos trastornos psiquiátricos.

Fundado en 2021, el Instituto Psychae es un centro australiano especializado en medicina e investigación psicodélica. Uno de sus sus fundadores, Jerome Sarris (que se define a sí mismo como “un trágico aficionado a la Stratocaster” y tiene una impresionante colección de guitarras), es uno de los principales expertos del mundo en plantas enteógenas medicinales. Ha llevado a cabo una amplia investigación sobre la ayahuasca, una combinación de dos plantas que se consume en forma de té y ha sido utilizada por los pueblos indígenas en la cuenca del Amazonas durante siglos.

Según Sarris, al tomar ayahuasca “estás formando nuevas conexiones en tu cerebro mientras se reducen otras… tenés todas estas diferentes interrelaciones biológicas, pero también tenés la experiencia psicológica”. Sarris aclara que todavía no es posible tener certezas, pero los estudios en los que ha participado muestran el enorme potencial de la ayahuasca. “Es una nueva frontera del conocimiento, apenas estamos descubriendo cuáles pueden ser los beneficios particulares para la salud mental, pero nuestros datos fueron realmente muy convincentes. Pudimos ver que las personas que reportaron el uso de ayahuasca mostraron una dramática reducción de los síntomas depresivos. También vimos una reducción en los síntomas de ansiedad y un fuerte efecto en la reducción del trauma, así como en el uso de alcohol y sustancias”.

FOTO: Jill-Levers

Sarris cree que estamos en medio de una “pandemia de la salud mental”, y su objetivo es ofrecer una mejor atención a los pacientes en un entorno seguro. Aunque su objetivo actual es tratar los problemas de la salud mental, no descarta que en el futuro se investigue si las drogas psicodélicas podrían usarse para ayudarnos a explotar nuestra creatividad latente. “En el futuro preveo que la atención se dirigirá más formalmente hacia los efectos [de estas drogas] en la conciencia humana”, explica. “Estos efectos pueden aplicarse para abordar cuestiones sociales y existenciales, y para mejorar el crecimiento psicoespiritual, la creatividad y la innovación”.

La doctora Susan Rossell, especialista en cognición de la Universidad Tecnológica de Swinburne, está llevando a cabo un estudio con psilocibina en Melbourne para tratar el trastorno depresivo. “Pensamos que [la psilocibina] resetea el cerebro o le permite abrirse a nuevas experiencias… para ir deshaciendo los obstáculos que a menudo pueden tener las personas con trastornos mentales graves”. Rossell toma un sorbo de té de una taza rosa con el dibujo de una cebra mientras habla de su investigación, en la que intenta “perfeccionar los ingredientes” explorando diferentes combinaciones de dosificación y terapia. En primer lugar, el terapeuta establece una cantidad de sesiones para comprender mejor los desencadenantes del trastorno del paciente y la forma en que aborda su depresión. Solo entonces se le ofrece tomar psilocibina.

Un día en la vida

Un día típico de tratamiento comienza temprano a la mañana, ya que los efectos de la toma pueden durar de seis a ocho horas. El paciente pasa ese tiempo en la clínica de Rossell, que no se parece en nada al consultorio aburrido en el que te espera tu médico de cabecera; es un espacio lleno de plantas, pinturas y un sofá en el que reclinarse. La música suena mientras el paciente se dedica a las manualidades o a hojear algunos de los libros de arte a su disposición.

En las instalaciones de la clínica, el terapeuta puede tener supervisión sobre el paciente, y estar atento a que no ocurran efectos negativos. También puede guiarlo suavemente a través de su experiencia, pero no hay necesariamente un protocolo de terapia formal durante la sesión de toma. Como explica Rossell, “el verdadero trabajo comienza un par de días después, cuando la mente del paciente ya ha experimentado una apertura, y se empieza a trabajar en los problemas que se han identificado antes de la terapia”. Los ensayos de Rossell aún están en curso, pero los resultados de los estudios globales sugieren que la psilocibina puede ser un tratamiento extremadamente eficaz contra el trastorno depresivo. “Una de las razones por las que se está haciendo popular esta terapia es que hay más personas que se recuperan con la terapia asistida con psilocibina que las que hemos visto con cualquier otra intervención clínica surgida en los últimos 20 años. La tasa de recuperación es realmente alta, en torno al 40-50%, algo inaudito con cualquier otro (tratamiento)”.

Para entender la experiencia desde otra perspectiva, entrevisté a una mujer que ha participado en múltiples ceremonias de toma de ayahuasca. Rachel (cambiamos su nombre para proteger su anonimato) es una exitosa profesional australiana de treinta años, de buen aspecto, con una forma de ser que oscila rápidamente entre el carácter pensativo y momentos más explosivos. Cuando se enciende la cámara, Rachel está sentada en su balcón, bajo el sol de Sidney. Su perro está tirado perezosamente en el suelo detrás de ella. Rachel habla animadamente de sus experiencias en un centro de ayahuasca en Perú. “Es como una operación espiritual a corazón abierto”, dice medio sonriendo, medio aterrorizada. En el centro al que asistió, situado en las selvas bajas del Amazonas, los invitados participan en ceremonias nocturnas en las que se sientan en círculo mientras los chamanes cantan “canciones antes de beber el té de ayahuasca, que desencadena la experiencia psicodélica”. Rachel se refiere a la droga como “medicina” y le da el pronombre “ella”, como si la sustancia tuviera conciencia propia. Algunas personas lo sienten así: que la droga te habla directamente. “A veces sigue repitiendo el mensaje”, dice Rachel. La droga te muestra lo que necesitás para mejorar tu vida y tus relaciones. Rachel se lo toma en serio: “El mensaje es muy claro… sabés lo que que tenés que hacer, pero si estás dispuesto a hacerlo es otra historia”. Según ella, la experiencia puede ser diferente con cada toma, y variar de una persona a otra. A veces la ceremonia puede durar unas horas y a veces puede durar toda la noche. Algunas personas lloran con desenfreno, otras vomitan, se purgan física y psicológicamente. Aunque las primeras veces de Rachel fueron “suaves y apacibles”, describe su cuarta experiencia como “una explosión”. Con una ligera risa, explica: “Es como si me hubiera golpeado en la cara o me hubieran inmovilizado y no pudiera moverme. Fue como si se hubiera obliterado mi yo por completo”. Dado que Rachel compara la experiencia a una paliza psicológica, uno se pregunta por qué la gente se somete a todo esto y si realmente vale la pena.

Aunque Rachel aclara que no se apresura a volver a hacerlo, explica que su vida “ha cambiado de una forma que no se puede creer… la vida en casa, el trabajo, las relaciones, la familia”. Ha conseguido entender la relación con su madre como nunca antes. Es difícil comprender los efectos sin experimentarlos de primera mano, y posiblemente aún más difícil de expresarlos en palabras, aunque muchos describen haber vivido algún tipo de experiencia mística. Como dice Rachel, “todo lo que veo es energía”.

El centro al que acudió Rachel es un lugar al que van personas de entre 20 y 60 años de todo el mundo. Aunque no es un entorno clínico formal, hay facilitadores que son responsables de la seguridad de los invitados. Todos tienen que proporcionar sus antecedentes médicos para comprobar que están en condiciones. Los chamanes también están presentes y les ofrecen a los participantes un “baño con flores” y algo de comer después de la ceremonia, lo que los ayuda a volver a la realidad. Después de las ceremonias se organizan sesiones grupales para trabajar la experiencia como colectivo. También hay normas que obligan a los participantes a abstenerse de comer comida chatarra, hacer fiestas y tener sexo en las semanas anteriores y posteriores.

Todo esto no es precisamente barato. Rachel pagó 2.000 dólares, y algunos lugares cobran hasta 10.000. Los retiros de ayahuasca han surgido en todo el mundo y van desde campamentos hasta los resorts de lujo. El conocido Rythmia de Costa Rica también ofrece un club de salud, gimnasio, spa, masajes, baños de barro y una pileta. Además de las tarifas, hay que tener en cuenta el costo de los vuelos. Puede que no parezca tan caro si pensamos que te puede cambiar la vida, pero el precio deja estas experiencias fuera del alcance de la mayoría.

En el otro extremo del espectro, uno puede encontrar gente que vende ayahuasca en botellas, para aquellos que quieran arriesgarse a tomarla sin ninguna supervisión ni orientación.

y recurren a los remedios psicodélicos. “Hay grandes riesgos con el autodiagnóstico”, advierte el doctor Winstock.

La microdosificación, tomar una cantidad tan pequeña de una sustancia psicodélica que no llega a tener efectos alucinógenos, es otra tendencia en aumento. Muchos afirman que la microdosis incrementa la creatividad y la sensación de bienestar general, pero no hay suficientes estudios que respalden tal noción. Como estas sustancias siguen siendo ilegales en la mayoría de los países, la microdosificación se hace sin dirección de profesionales médicos. Se pueden encontrar tutoriales en Internet, pero lo que puede ser una microdosis para una persona puede no serlo para otra. Los médicos advierten que la gente a veces se equivoca al tomar más de una microdosis, lo que los deja con un efecto muy extraño, entre la euforia y la sobriedad.

Para algunos, estas sustancias están tan asociadas con el consumo de drogas recreativas que no pueden contemplar otras aplicaciones. Winstock explica que nuestra comprensión de las sustancias puede llegar a ser muy reduccionista: “Nos gustan las dicotomías, pensar que hay drogas buenas y malas… Y no es tan sencillo”.

Aunque el panorama parezca prometedor, faltan años de investigación y pruebas antes de que estos tratamientos se conviertan en una práctica médica aceptada. Y si será algo accesible para todo el mundo, todavía está por verse. Un tratamiento intensivo de semanas de duración es mucho más caro que tomarse una pastilla una vez al día. También hace falta formar toda una generación de profesionales. La socióloga Monica Barratt, que lleva veinte años trabajando en políticas de drogas, subraya que “los tratamientos psicodélicos tienden a ser utilizados por personas con una posición un poco más privilegiada”, y por eso podrían tener menos estigma que otras sustancias ilícitas.

¿Se convertirá la terapia psicodélica en un  lujo para ricos? Depende de cómo respondan los gobiernos y sistemas de salud. Aunque, como señalaron varios entrevistados para este artículo, el costo de seis a diez semanas de tratamiento intensivo es mucho menor que el de tratar a alguien con una adicción de por vida o el de sobrellevar un trastorno mental incapacitante.

En el caso de muchas de estas sustancias, la adicción no es un problema. Se produce un efecto de autolimitación porque la tolerancia que generan es muy rápida. Winstock afirma que nunca ha visto a nadie “buscar tratamiento para tratar la adicción al éxtasis o el ácido”.

Todos los entrevistados coincidieron en que se necesita más investigación y que la preocupación principal en este momento es garantizar la seguridad de los posibles pacientes. Mientras tanto, quizá debamos dejar abierta la posibilidad de que estas sustancias sean buenas para algo más que para drogarse. Como explica Winstock, “la diferencia entre lo que consideramos una droga recreativa y una medicinal se reduce a tus propias razones al momento de usarla”.