Después de su debut en París, Cubel presentó la segunda parte de su colección “Entretejidos” AW 2025 como desfile de cierre del Bogotá Fashion Week, consolidándose como el gran acto final de una de las pasarelas más influyentes de Latinoamérica . Lejos de abrazar la pomposidad, Humberto Cubides aborda la moda desde la alternatividad: resignifica técnicas ancestrales y rescata la memoria de las comunidades campesinas e indígenas para ponerlas al nivel de las semanas de la moda más vanguardistas del mundo.
Con “Entretejidos”, Cubel teje un diálogo entre la botánica, los rituales y las creencias de nuestros orígenes, cuestionando el legado colonial y poniendo en primer plano la autonomía cultural desde las raíces ancestrales . Cada prenda se concibe como un punzado de historia y territorio: siluetas inspiradas en la vestimenta cundiboyacense, materiales naturales —lana, alpaca, paños de lana y lyocell— y una paleta que viaja del marrón terroso al negro más profundo, evocando tanto el paisaje andino como la noche que cobija nuestros mitos .
En este cierre magistral, Cubel no solo clausuró el Bogotá Fashion Week; abrió un nuevo capítulo para la moda colombiana, donde la innovación y la tradición caminan de la mano hacia un futuro sostenible y emocional.
El título de la colección encierra un peso simbólico profundo, pues evoca los cruces culturales entre América y Europa mientras cuestiona el pacto colonial que selló la memoria de nuestro territorio. Con “Entretejidos”, Cubel desafía esa herencia de imposición y reivindica el desarrollo autónomo de las raíces ancestrales: el valor del campo, la botánica, los rituales y las creencias que han sostenido nuestras comunidades indígenas y campesinas.

La narrativa de la colección parte de la relación entre la moda y el trabajo con artesanos, mostrando cómo la colonización alteró las formas tradicionales de producción textil. Cubides rescata el tejido comunitario precolonial—un esfuerzo colectivo donde la vestimenta se forjaba en torno al uso cotidiano y ceremonial—para devolverle su estatus de acto creativo y político. En esta investigación, la silueta campestre y los símbolos del mestizaje cundiboyacense se alían con la experimentación en sastrería: trajes, abrigos y reinterpretaciones del poncho se yuxtaponen en capas y texturas, explorando paños, tafetán y bordados que hablan de un pasado vivo y de un futuro por tejer.
En “Entretejidos” AW 2025, Cubel parte de una pregunta fundamental: ¿qué es un mapa? ¿Un registro neutral del territorio, o una imposición de nombres, límites y sentidos sobre una tierra que ya tenía sus propias voces? Esta inquietud da lugar a una reflexión decolonial profunda: la cartografía como herramienta del poder colonial y, al mismo tiempo, como símbolo de desarraigo. El diseñador Humberto Cubides recoge esta tensión y la reinterpreta en clave textil: cada prenda se convierte en un territorio a recorrer, cada trazo en una cicatriz de memoria viva.

En este universo, los mapas no son simplemente líneas geográficas, sino huellas emocionales. Los cortes, costuras y bordados crean topografías sobre el cuerpo. Las prendas, en vez de contenerlo, lo atraviesan. Los estampados no decoran: son gestos gráficos que remiten a caminos, quebradas, rutas migrantes y rutas espirituales. Las siluetas, muchas de ellas inspiradas en la indumentaria campesina de la sabana cundiboyacense, invitan a pensar el vestir no como ornamento, sino como un acto de cuidado, protección y pertenencia.
Cubel propone así una semiótica de la tela, donde la moda se convierte en lenguaje crítico. Los textiles funcionan como documentos vivientes, capaces de narrar el trauma del despojo, pero también la potencia de las resistencias locales. En lugar de replicar el patrón impuesto, la colección subvierte el mapa y lo convierte en telar: cada puntada une, no separa; cada pliegue recuerda que el territorio, antes que propiedad, fue siempre tejido colectivo.

Uno de los pilares fundamentales de la propuesta de Cubel en “Entretejidos” AW 2025 es su trabajo colaborativo con comunidades artesanas, donde la moda se entiende como una extensión del territorio y el pensamiento colectivo. Para el desarrollo de la colección, el diseñador Humberto Cubides emprendió un proceso de investigación que incluyó una visita al Museo del Traje de Bogotá, donde encontró claves fundamentales: la falda campesina, el plisado y bordados tradicionales. Estos elementos fueron reinterpretados desde el imaginario estético de la marca, generando una conexión directa entre el archivo textil colombiano y la experimentación contemporánea.
Uno de los gestos más poderosos de la colección es la incorporación de bordados basados en la técnica de las molas, realizadas por mujeres de la etnia Gunadule bajo la dirección de Rosmery Uribe. Estas molas no sólo adornan las prendas: sus figuras lineales, originadas como símbolos de protección, son resignificadas aquí como trazos de un nuevo mapa. Cubel, con respeto y sensibilidad, transforma estos códigos culturales en una cartografía emocional que reimagina el territorio indígena desde el cuerpo y el tejido.

Asimismo, la colección rinde un homenaje profundo al sombrero como símbolo de conexión entre la mente, el trabajo y el paisaje. “Cargarlo en tu cabeza es una conexión con el pensamiento y el trabajo”, señala el diseñador. Esta pieza, que ha mutado a lo largo de los siglos en función del lugar, la época y el uso, se convierte en “Entretejidos” en un eje estilístico y filosófico. La colaboración con Woma Hatmakers y un grupo de artesanas de Sopó, Cundinamarca, lideradas por Cecilia Alarcón, da como resultado una serie de sombreros y gorros tejidos que trascienden la funcionalidad para habitar un plano simbólico: el de la sabiduría que viaja del campo a la ciudad sin perder su raíz.

Con “Entretejidos” AW 2025, Cubel no solo presentó una colección: trazó un manifiesto. En una industria donde muchas veces lo superficial se impone sobre lo significativo, Humberto Cubides reafirma que la moda también puede ser crítica, comunitaria y profundamente emocional. Su desfile de cierre en el Bogotá Fashion Week fue una declaración de principios: desde la investigación histórica hasta la cocreación con comunidades indígenas y campesinas; desde la materia orgánica transformada en joya hasta las alianzas interdisciplinares con artistas visuales y sonoros, todo en Cubel apunta hacia un diseño que no se limita a vestir, sino que propone una manera de habitar el mundo.
Más que reinterpretar tendencias, Cubel reconstruye símbolos. Desentierra los saberes del pasado para volverlos legibles en el presente. Traza rutas que no están en los mapas coloniales, sino en los hilos, los cuerpos y las memorias que se cruzan en cada puntada. En ese gesto está su radicalidad: mirar hacia el futuro honrando las raíces.
Cubel, sin recurrir a lo grandilocuente ni a lo artificial, ha demostrado estar a la altura de las mejores pasarelas del mundo. Y lo ha hecho desde el lugar más valioso posible: el territorio, el origen, el tejido. Colombia ya no necesita buscar referentes en otros continentes.


