Crítica: Un detective suelto en Hollywood 4 (Beverly Hills Cop: Axel F)

Eddie Murphy regresa al papel que lo convirtió en superestrella, pero ahora cansado y sin gracia.

Mark Molloy 

/ Eddie Murphy, Taylour Paige, Joseph Gordon-Levitt, Kevin Bacon

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Netflix

Luego de consagrarse como comediante de Stand-Up y parte del elenco del programa Saturday Night Live, Eddie Murphy se convirtió en una superestrella del cine en la década de los ochenta, gracias a tres películas iniciales: 48 hrs. (1982), el estupendo buddy cop dirigido por Walter Hill y co protagonizado por Nick Holte; Trading Places (1983), la irreverente comedia de John Landis en la que Murphy compartió con Dan Aykroyd, otro gran alumno de SNL; y Beverly Hills Cop (1984) de Martin Brest, curiosamente la más floja de las tres, pero también la más taquillera, donde Murphy es el único protagonista (además de una memorable banda sonora que incluía a The Pointer Sisters, Glenn Frey, Harold Faltermeyer y Patti LaBelle).    

En esta cinta que mezcló comedia y acción por partes iguales, Axel Foley (Murphy), es un astuto y ocurrente detective de Detroit, que viaja a Beverly Hills para investigar el asesinato de su amigo de la infancia, Mikey Tandino. La investigación lo lleva a enfrentarse con un poderoso y peligroso criminal. Con la ayuda de los policías locales Billy Rosewood (Judge Reinhold) y John Taggart (John Ashton), Foley desentraña una red de tráfico de drogas y contrabando de arte.

Tres años más tarde, Tony Scott dirigió la inevitable secuela en la que Foley regresa a Beverly Hills cuando su amigo, el capitán Andrew Bogomil (Ronny Cox), es herido de gravedad. Foley descubre que un grupo de criminales está detrás del ataque. Junto a Rosewood y Taggart, Foley se embarca en una peligrosa misión para detener a estos criminales y descubrir la verdad. La película de Scott mantuvo el tono cómico y de acción de la primera entrega, aunque con un enfoque ligeramente más oscuro y estilizado, característico del fallecido director de The Hunger y Top Gun. La verdad sea dicha, Beverly Hills Cop II es una mejor cinta que su predecesora (con todo y Brigitte Nielsen a bordo), y la banda sonora que incluía a Bob Seger, George Michael y The Jets es tan buena o mejor que la anterior (¡Sacrilegio! Gritarán algunos adoradores del cine de los ochenta mientras se rasgan las vestiduras). 

Siete años después se decide hacer una tercera parte, dirigida por John Landis, pero sin la magia de las anteriores entregas y sin la energía que tanto el actor como el director aportaron cuando trabajaron juntos en Trading Places (la banda sonora también llega a ser poco memorable a más no poder). En esta secuela, Axel Foley investiga la muerte de su jefe y mentor, el inspector Todd (Gil Hill), lo que lo lleva a un parque de atracciones llamado Wonder World en Los Ángeles. Foley descubre que el parque es una fachada para una operación de falsificación de dinero. Con la ayuda de Rosewood y la seguridad del parque, Axel se enfrenta al cerebro detrás de la operación criminal. Sobre decir que no fue muy bien recibida y que sepultó la franquicia…hasta ahora.

La cuarta parte de Beverly Hills Cop llega treinta años después de la tercera y cuarenta años después de la primera, buscando satisfacer a todos aquellos que aparentemente quieren que todas las películas taquilleras de los años ochenta y noventa se vuelvan a hacer o tengan su secuela. Pero esta estrategia de mercadeo disfrazada de arte se parece mucho a esas giras nostálgicas de veteranos que regresan al escenario, pero sin la magia y vitalidad de aquellos tiempos. Lo vimos este año con las insípidas nuevas entregas de Ghostbusters, Bad Boys y ahora con Un policía suelto en Hollywood 4. Pero hay que decir que, de ese trío de explotación descarada a la nostalgia, esta es la mejor (y definitivamente es superior a la desastrosa Parte III).

En varias entrevistas, Murphy ha confesado que dejó de reírse porque todo el mundo lo identificaba con su peculiar carcajada. Quitarle eso al personaje de Axel Foley es tan frustrante como hacer una serie de Batman sin el traje. Más allá de esta notable ausencia, nada ha cambiado desde entonces. Aunque es cierto que los personajes principales se ven más viejos, al parecer todo sigue igual en los departamentos de policía de Detroit y Beverly Hills, esto con el propósito de darle gusto a la audiencia nostálgica, como pasó con Coming 2 America, esa otra secuela trasnochada de un éxito de Murphy que también se estrenó en una plataforma de Streaming. Pero ahora todo se siente artificial, cansado y sin emoción.  

La historia parece un pastiche creado por una inteligencia artificial y no posee plausibilidad o lógica alguna. En el primer acto, Foley causa estragos en una secuencia de acción inicial en Detroit, acompañado de The Heat Is On de Glenn Frey. Luego viaja a Beverly Hills, debido a que Jane Saunders (Taylour Paige), su hija, se encuentra en peligro. ¿La razón? Ella es una abogada que no quiere saber nada de su padre y quien, al defender a un criminal, descubre junto con Rosewood (quien ahora es un detective privado), una conspiración criminal al interior de la policía.

Es así que, en el segundo acto, Foley causa más estragos, ahora acompañado de Shakedown de Bob Seger, incluido en la banda sonora de la segunda parte; Neutron Dance de The Pointer Sisters de la primera parte; un remix de Axel F y un “nuevo tema” que es un Mash-up de Hot In The City de Billy Idol y Players de Coi Leray (que a su vez samplea a The Message de Grandmaster Flash). Foley se reencuentra con Taggart, quien ahora es su jefe inmediato y como era de esperarse se pelea con él ¿La razón? El veterano policía defiende a su amigo, el capitán Cade Grant (Kevin Bacon, el otrora icono de los ochenta), un policía tan corrupto, que no se preocupa por ocultarlo. Sobra decir que, en el tercer acto, la hija de Foley es secuestrada por Serge y todo termina en un tiroteo (esto no es un spoiler, ya que desde que se menciona a la hija de Axel se veía venir).

Ahora, para darle cabida a la “nueva generación”, aparece además de la hija, Bobby Abbott, un joven policía y ex novio de Jane, que es prácticamente una xeroxcopia rejuvenecida de Rosewood, encarnado por un Joseph Gordon-Levitt venido a menos. Hay que decir que Abbott es el único personaje con alma en esta cinta. ¡Ah sí! Paul Reiser vuelve como el jefe de Detroit Jeffrey Friedman y Bronson Pinchott regresa como Serge para satisfacer a los nostálgicos.  El debut como director de largometrajes de Mark Molloy se siente tan cansado como la ejecución de sus actores y carece de cualquier tipo de riesgo. Murphy, quien ya está por encima del bien y del mal, debería encauzarse por proyectos tan interesantes y audaces como ese magnífico biopic del actor y comediante Rudy Ray Moore conocido como Dolemite Is My Name (2019). Pero como sucede con Adam Sandler, otro distinguido alumno de Saturday Night Live, la pereza le gana y prefiere seguir en su zona de confort, pese a que logra brillar en proyectos como Uncut Gems. No será para nada extraño que Murphy nos “sorprenda” a futuro con The Golden Child 2, Boomerang 2 o The Nutty Professor 3. Esperemos que no sea así.     

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