Crítica: Quinografía

Un documental que no solo retrata al creador de Mafalda, sino también al país que lo vio nacer, exiliarse y regresar.

octubre 30, 2025

En tiempos de biografías perezosas y documentales que se contentan con repetir lo ya sabido, Quinografía se atreve a ser otra cosa: un mapa emocional. Mariano Donoso y Federico Cardone abordan la figura de Joaquín Salvador Lavado, Quino, no desde el fetichismo de Mafalda, sino desde una pregunta mucho más arriesgada. ¿Quién era este hombre antes, después y más allá de su creación?

Lejos de limitarse a celebrar, Quinografía excava. A partir de una caja olvidada, repleta de fotos, cartas, discos y dibujos hallados en una antigua casa familiar, el filme arma una biografía coral, sensorial y a ratos impresionista, en la que la figura pública de Quino se deconstruye con el mismo humor melancólico que caracterizó sus tiras. Aquí no hay narrador omnisciente ni voces en off condescendientes. Hay silencio, búsqueda e historia.

Donoso y Cardone entienden que contar la vida de Quino es también contar la historia del exilio, de la memoria política y de las ausencias. La muerte temprana de sus padres, su relación con su tío Joaquín (primer referente artístico), el peso simbólico de la abuela comunista que inspiró a Mafalda, el miedo concreto de la Triple A, el exilio en Europa y su retorno a Mendoza ya ciego, en busca de refugio familiar, todo compone el lienzo mayor de una vida atravesada por los vaivenes de un país que Quino supo observar como pocos.

El material de archivo inédito es un hallazgo. Las fotografías familiares, las cartas, las entrevistas e incluso la última conversación grabada con Quino antes de su fallecimiento en 2020 permiten que el artista hable por sí mismo. Pero no es solo un ejercicio de memoria, es también una obra con forma. La dirección está cargada de sensibilidad visual, con una puesta sobria que deja respirar las imágenes. El ritmo es contemplativo, casi literario. Hay espacio para el humor, la ternura y la crítica, sin necesidad de subrayar.

El documental también funciona como una reflexión sobre la figura del artista como espejo de su tiempo. En boca de su sobrino Guillermo Lavado (inspiración para el personaje de Guille) o de figuras como Joan Manuel Serrat, Miguel Rep y Jorge Valdano, aparece el otro Quino: el tímido, el noctámbulo, el que odiaba la autoridad impuesta, el chico jovial que llegó al colegio en Argentina, para convertirse en un hombre retraído, malgeniado y protector acérrimo de su vida privada. 

Sin caer en la solemnidad, Quinografía entiende que el humor de Quino estaba hecho de tragedia e inteligencia y de ternura y furia política. Por eso las viñetas que aparecen, elegidas con precisión quirúrgica, no son solo ilustrativas, sino reveladoras. Ese náufrago esperando un tren sobre tres metros de rieles oxidados, ese hombre de espaldas frente al desierto, ese sujeto que toma pastillas debido a la contaminación causada por una fábrica de pastillas, esa niña que se niega a tomar la sopa y que señala el bolillo del policía como un palito abollador de ideologías. Todo eso está contado aquí, pero no como símbolo congelado, sino como parte viva de una sensibilidad.

Es inevitable que Quinografía dialogue con la miniserie Releyendo Mafalda (dirigida por Lorena Muñoz) y que sirva como preámbulo para la próxima serie animada que prepara Juan José Campanella. Pero este documental se distingue por ir más allá del personaje y acercarse al hombre. Sin solemnidad, sin épica forzada y sin editorializar.

Hay algo profundamente humano en la manera en que el documental muestra a Quino volviendo a Mendoza sabiendo que va a morir. Como si cerrara un círculo. Como si Mafalda, finalmente, lo esperara en casa.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

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