Crítica: Puñales por la espalda: De entre los muertos (Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery)

La tercera entrega de esta saga detectivesca convierte el pecado, la fe y la culpa en un juego de ingenio tan blasfemo como enrevesado.

Rian Johnson 

/ Daniel Craig, Josh O’Connor, Josh Brolin, Glenn Close, Kerry Washington, Andrew Scott, Cailee Spaeny, Jeremy Renner, Mila Kunis, Thomas Haden Church

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Netflix

La tercera entrega del universo Knives Out parte de un asesinato cometido a plena vista durante una ceremonia religiosa y construye, a partir de allí, un relato que combina intriga, sátira moral y un conocimiento de las reglas del género.

En esta ocasión el crimen ocurre en una iglesia neogótica del estado de Nueva York. Un sacerdote conservador, carismático y temido por su congregación, es apuñalado en Viernes Santo ante un grupo de fieles que rápidamente se convierte en un catálogo de sospechosos. Johnson aprovecha ese escenario para cargar el relato de simbolismo religioso sin llegar a convertirlo en sermón. La fe aparece como estructura de poder, refugio y excusa, pero nunca como certeza. Estamos ante una cinta de detectives cartesiana, en la que para llegar a la verdad, todo debe ponerse en duda. 

El regreso de Daniel Craig como Benoit Blanc está cuidadosamente dosificado. Su detective racionalista entra tarde en escena, permitiendo que el filme se sostenga primero en la construcción del entorno y de sus personajes. Cuando Blanc finalmente interviene, el relato pierde en términos de la exploración de la vida personal del detective, pero gana en dirección y dimensión ideológica. La confrontación entre la lógica detectivesca y un universo regido por creencias, rituales y relatos que se aceptan sin prueba.

Esa tensión encuentra su mejor expresión en Josh O’Connor, extraordinario como el padre Jud Duplenticy. Exboxeador, sacerdote por imposición y hombre atravesado por la culpa, Jud es el personaje más complejo de la cinta. O’Connor compone una figura llena de matices, capaz de resultar vulnerable, amenazante y persuasiva en cuestión de segundos. Sus escenas con Blanc, más dialécticas que físicas, se convierten en el verdadero eje dramático de la película.

El elenco coral funciona como una galería de vicios y contradicciones. Josh Brolin impone presencia como el sacerdote asesinado, figura autoritaria, onanista y mesiánica; Glenn Close ofrece uno de los grandes placeres de la película como una contadora que conoce todos los secretos y disfruta ejercer control; Andrew Scott satiriza al escritor en crisis venido a menos; mientras Kerry Washington, Cailee Spaeny, Thomas Haden Church y Jeremy Renner completan un entramado de ambiciones, resentimientos y silencios estratégicos.

Desde el punto de vista formal, Johnson vuelve al misterio de cuarto cerrado, pero lo hace sin nostalgia decorativa. La estructura está al servicio del engaño controlado del espectador. Cada giro responde a una lógica interna y cada revelación reordena la información. El guion se permite humor, referencias literarias y comentarios meta, pero son tantos los giros retorcidos y reforzados que la cosa tiende a volverse Scooby-Doo (de hecho, Blanc lo menciona).

Sin embargo, más allá del enigma, Wake Up Dead Man plantea una reflexión constante sobre las ideas de la fe y la redención. La película observa cómo el discurso moral puede ser utilizado para justificar abusos, manipular conciencias o encubrir intereses personales. En ese sentido, el crimen funciona menos como excepción que como consecuencia de un sistema cerrado sobre sí mismo.

Puede que aquí la saga haya alcanzado un cierto nivel de madurez, pero al igual que sucedió con la entrega A Haunting In Venice de Kenneth Branagh como Hercules Poirot, queda un sinsabor incómodo. Johnson demuestra que Knives Out puede seguir creciendo si se mantiene fiel a dos principios: respeto por la inteligencia del espectador y placer genuino por el juego narrativo. Wake Up Dead Man cumple con ambos y se salva, pero eso sí, con algunos problemas de sobreextensión solvencia. 

Tráiler:

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