Crítica: Padre madre hermana hermano (Father Mother Sister Brother)

Tres historias mínimas revelan que en la familia lo que más pesa no es lo que se dice, sino lo que se calla.

Jim Jarmusch 

/ Tom Waits, Adam Driver, Mayim Bialik, Charlotte Rampling, Cate Blanchett, Vicky Krieps, Indya Moore, Luka Sabbat

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de MUBI

Jim Jarmusch tiene un modo de observar el mundo que no envejece. Lo mira con paciencia, con un humor que nunca pretende impresionar y con una sensibilidad que parece hacerse más fina con los años. Father Mother Sister Brother recupera ese formato de estampas que el director ya había probado en Mystery Train y Coffee and Cigarettes, pero ahora lo hace desde un lugar distinto. Antes la estructura fragmentada era un ejercicio de estilo. Esta vez funciona como modo de mirar a los vínculos que unen y separan a padres e hijos.

La película se organiza en tres relatos que podrían no tener conexión visible, pero Jarmusch se encarga de llenarlos de pequeñas resonancias. Un reloj que puede ser falso. Un silencio incómodo sobre una mesa llena de tazas. Un viaje en auto que sirve para decir todo lo que no se dijo en años. Esas repeticiones no funcionan como trucos. Son latidos. Y terminan uniendo paisajes tan distintos como un rincón nevado del noreste de Estados Unidos, una casa victoriana en Dublín y un departamento vacío en París.

En el primer segmento, Adam Driver y Mayim Bialik interpretan a dos hermanos que van a visitar a su padre, encarnado por un Tom Waits que domina cada pausa. La escena que los muestra sentados sin saber de qué hablar resume a Jarmusch mejor que cualquier explicación. Hay incomodidad, cariño, sospecha y ternura escondida. Nada dramático ocurre, pero todo es significativo. Así funciona el director cuando está inspirado.

En el segundo relato, Charlotte Rampling recibe a sus hijas. Cate Blanchett juega a ser la mayor responsable que intenta mantener la armonía. Vicky Krieps es el huracán que hace temblar la compostura de su madre con mentiras piadosas y verdades que nadie quiere tocar. Esta parte es la más cercana a Coffee and Cigarettes, no por su estética, sino por cómo Jarmusch convierte un encuentro doméstico en comedia seca, casi microscópica. El ritmo, las interrupciones y la tensión contenida entre tazas de té logran un retrato de familia que es tan preciso como incómodo.

La tercera historia cambia el tono, acercándose a la joven pareja japonesa de Mystery Train. Indya Moore y Luka Sabbat interpretan a dos hermanos que vuelven al departamento vacío de sus padres. Aquí Jarmusch se vuelve más contemplativo. No hay conflicto abierto. Hay duelo, recuerdos y descubrimientos que ayudan a entender quiénes fueron esos padres que, como todos, vivieron mucho más de lo que mostraron. Este cierre le da al conjunto una tristeza suave y una claridad inesperada.

Aunque el formato retorna a la fragmentación que Jarmusch exploró en su juventud, el espíritu es otro. Ya no hay distancia irónica ni ese desdén juguetón por las convenciones. Aquí hay afecto. El cineasta mira a sus personajes sin juicio y sin necesidad de rematar ninguna idea. Les da espacio, ritmo y silencio. Y los silencios, más que las palabras, son los que revelan el corazón de la cinta.

Visualmente, esta es una obra serena. Frederick Elmes y Yorick Le Saux encuentran belleza en gestos mínimos. La iluminación baja, las texturas de los interiores y los movimientos suaves de la cámara crean un clima donde lo pequeño adquiere peso emocional.

Father Mother Sister Brother puede pensarse como un regreso a las raíces, pero también como una evolución. Tiene el ADN de sus primeras películas, pero posee también esa madurez de Paterson que suaviza los bordes sin volver todo duro, seco o demasiado blando. Es una película donde nada extraordinario sucede y, aun así, todo importa.

Jarmusch confirma que los lazos familiares pueden ser un misterio irresuelto. A veces lo único que queda es aceptar que jamás conoceremos a quienes amamos por completo, que la intimidad también vive de huecos y que en esos huecos puede haber humor, incomodidad, amor, mentiras y memoria. Todo a la vez, en silencio, como en estas tres viñetas pequeñas que terminan sintiéndose muy profundas.

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