Crítica: Mi villano favorito 4 (Despicable Me)

Una película tonta, poco original y sobrecargada de personajes, pero gracias a los Minions, todo queda perdonado.

Chris Renaud, Patrick Delage 

/ Con las voces de Steve Carell, Kristen Wiig, Will Ferrell, Joey King, Sofía Vergara

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de UIP

Siete años después de la última entrega, llega a las pantallas la cuarta parte de Mi villano favorito, y aunque es cierto que existen otras dos películas de este universo, las cuales son los spin-offs y a la vez precuelas de los Minions (la última estrenada hace dos años), lo cierto es que hay que ser un fanático de hueso colorado para seguirle la pista a esta desquiciada franquicia. Dejémoslo de este modo: No importa si lo que se estrena es una secuela de Mi villano favorito o una secuela de Minions, ¡lo importante es que haya muchos Minions!

Y es que estos pequeños seres creados por Eric Guillon y con la voz de Pierre Coffin, de forma cilíndrica, color amarillo, gafas protectoras y uno o dos ojos a lo sumo, rápidamente se convirtieron en unos personajes tremendamente populares. ¿La razón? Su humor sencillo, su naturaleza traviesa y, lo más importante, su lenguaje único conocido como “Minionese”, que es una mezcla de varios idiomas reales y palabras inventadas.  

La palabra Minion en inglés significa “secuaz” y originalmente, estos personajes cumplían la función de asistir a Gru (Steve Carell), un “anti-villano” que planeaba robar la luna (en el primer spin-off fueron los secuaces de un tiranosaurio Rex y de Napoleón).

En esta nueva cinta la historia es casi inexistente y es reemplazada por una multitud de nuevos personajes que se atiborran junto con los de las cintas anteriores. Primero que todo, tenemos a un villano con un horrible acento francés llamado Maxime LeMal (Will Ferrell), que nos hace preguntar cuál es el lío con los villanos franceses hoy en día (hace poco tuvimos otro en la terrible cinta animada Capitán Avispa). El villano en cuestión quiere vengarse de Gru por un evento traumático y humillante de infancia relacionado con Karma Chameleon, el tema ochentero de Culture Club (no pregunten). En vez de Minions, LeMal tiene como secuaces a una manada de cucarachas (guácala) y, de hecho, tiene los poderes de esos repugnantes insectos. Lo acompaña una secuaz/novia llamada Valentina, con labios colmados de bótox, cuya voz es otorgada por una maravillosa Sofía Vergara.

También tenemos a un nuevo integrante en la familia de Gru, que hasta la última entrega estaba conformada por su esposa Lucy (Kristen Wiig) y sus tres hijas adoptivas Margo (Miranda Cosgrove), Edith (Dana Gaier) y Agnes (Madison Skyy Polan reemplazando a Elsie Fisher y a Nev Scharrel) quienes, por cierto, nunca crecen, como si se tratara de los niños de Los Simpsons. El nuevo miembro en cuestión es Gru Jr, un bebé que parece robado de la franquicia de DreamWorks The Boss Baby  y que odia a su papá, pero ama a su mamá. Igualmente, por parecerse a Un jefe en pañales (o a Jack-Jack, el bebé de Los increíbles de Pixar), no deja de ser adorable.

Como si no fuera suficiente, tenemos a Poppy (Joey King), una adolescente que chantajea a Gru para convertirse en una aprendiz de villano, lo que vendría siendo una “Minion humana”. Además, Silas Ramsbottom (Steve Coogan), ese jefe de la Liga Anti-Villanos (LAV) que parece sacado de una película sesentera de espías producida por la Rank Corporation, irradia a cinco de los pequeños Minions con algún tipo de radiación, al parecer extraída del Universo Marvel, para convertirlos en un equipo de superhéroes conocidos como los Mega-Minions: Tim se estira, Dave aplasta, Jerry mastica y Gus vuela (estos son la parodia de Los Cuatro Fantásticos). Y Mel se convierte en Cíclope, un “X-Minion”, capaz de disparar rayos láser por su único ojo. La estrategia de marketing de convertir en superhéroes a los personajes de una franquicia infantil, ya se había hecho La super película de La Patrulla Canina, pero aquí la cosa funciona mucho mejor. “¡Estamos cansados de los superhéroes!” le grita una adorable anciana a los Mega-Minions, en un irresistible comentario auto-paródico.   

¿Es Mi villano favorito 4 una secuela tonta y sobrecargada de personajes poco desarrollados? ¡Puedes apostar a que así es! Pero, la verdad ¿importa? Si un espectador está dispuesto a pagar un boleto para ver en una sala de cine una nueva entrega de esta franquicia conformada por seis películas hasta la fecha, es porque quiere ver a muchos, muchos Minions haciendo travesuras. Y esta película nos da a los amantes de los Minions en la vena del gusto. A veces no hay que pedirle peras al olmo (o a los Minions inteligencia). 

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