Crítica: Joven vampiro busca… (Vampire Humaniste Cherche Suicidaire Consentant)

Una vampira adolescente se enamora de un chico suicida en una comedia romántica que se acerca más al universo de Merlina que al de Déjame entrar.

Ariane Louis-Seize 

/ Sara Montpetit, Félix-Antoine Bénard, Steve Laplante

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Cine Colombia

¿Cuál es el personaje adaptado con más frecuencia en el cine y la televisión? Definitivamente es Drácula, el personaje creado por Bram Stoker y todos sus derivados (y eso incluye al Conde Pátula, a Blade el Cazavampiros, y, por supuesto, a la saga de Crepúsculo). 

Y es precisamente una variación de esta última, la divertida ópera prima de la directora canadiense Ariane Louis-Seize, cuyo título original es Vampira humanista busca a una persona para un suicidio consentido. La idea de vampiros adolescentes no es para nada novedosa. Tampoco lo es la idea de una familia de vampiros y de un hijo que no quiere seguir la tradición de sus padres. Mucho menos es nueva la idea de un mortal que se enamora perdidamente de uno de estos oscuros seres inmortales. Estas ideas ya hacen parte integral de los innumerables relatos vampíricos que hacen parte de la cultura popular. Pero Louis-Seize logra que las premisas anteriores se sientan como algo refrescante y eso va más allá de la mera inversión de los géneros en los protagonistas arquetípicos. 

La vampira humanista es Sasha (Sara Montpetit de Falcon Lake), una vampira de 62 años, pero de apariencia adolescente que le gusta tocar el piano, pero que no desea matar a alguien para beber su sangre. Sasha nunca desarrolló colmillos y sobrevive gracias a la generosidad de su cariñoso padre (Steve LaPlante) que caza mortales por ella, pese a las advertencias de una madre (Sophie Cadieux) mucho menos tolerante con la actitud rebelde de su hija. 

La persona suicida es Paul (Félix-Antoine Bénard), un chico sensible, retraído y depresivo que trabaja en una bolera y que es víctima del matoneo en la escuela. Al igual que sucede con Crepúsculo, la vampira y el mortal se conocen y se sienten atraídos el uno por el otro, pero todos sabemos que esa relación tendrá muchas dificultades para prosperar. 

Los padres de Sasha la envían a vivir con su prima Denise (Noémie O’Farrell), una chica sin ningún reparo a la hora de cazar para alimentarse. Cuando Paul se entera que Sasha es una vampira, los dos acuerdan un trato. El chico se convertirá en la primera víctima de la aspirante a vampira y esta lo ayudará a vengar las injusticias cometidas contra él. Pero el amor estropeará los planes de los dos.  

Es una lástima que a esta película le falte la violencia necesaria en un relato vampírico (los amantes del cine de terror se encontrarán con una comedia romántica para adolescentes muy lejana a Déjame entrar). Tampoco se perdona que no se trabaje a fondo la idea de una chica “humanista” con un fuerte impulso de matar o se explore a cabalidad la psique de un adolescente que contempla el suicidio debido a su profunda depresión. Pero como una cinta sobre vampiros sin pretensiones y con el ánimo tan solo de divertir y entretener (en la tradición de Buffy la cazavampiros, Los muchachos perdidos, La hora del espanto o la reciente Abigaíl), la cosa llega a funcionar muy bien.   

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