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Crítica: Historias para no contar

El director de Krámpack y Truman regresa con una divertida comedia coral acerca del patetismo y la ironía inherentes a las relaciones humanas.

Cesc Gay 

/ Anna Castillo, Maribel Verdú, Javier Cámara, Álex Brendemühl, Antonio de la Torre, Brays Efe, María León

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Cine Colombia

Francisco Gay Rovira, el director y guionista procedente de Barcelona, cuyas películas firma como Cesc Gay, continúa en su exploración sobre las dinámicas de la vida amorosa y las relaciones humanas, con una comedia dividida en cinco episodios diferentes, retomando la propuesta coral que ya había abordado en su cinta sobre la fragilidad de la masculinidad en Una pistola en cada mano

Cada uno de los episodios (“Tengo ganas de verte”, “Sandra”, “Los martes y los jueves”, “Me has hecho muy feliz estos meses” y “París”), está protagonizado por personas adultas de clase media alta y cuenta ese tipo de anécdotas que todos hemos vivido, esas cosas que no sabemos por qué las hacemos, pero que las terminamos haciendo. Esas vivencias de nuestro pasado que, por vergüenza, pudor, bochorno, por evitar el ridículo o simplemente por orgullo, preferiríamos que no se contaran. De ahí el título. 

Gay logra con mucho humor, pero también con mucha sensibilidad y ternura, contar estas situaciones absurdas y extrañas cargadas de patetismo e ironía, en donde no hay un camino preestablecido, una resolución clara o un final feliz en el horizonte. Como la vida misma. 

En “Tengo ganas de verte”, la mejor de las cinco historias, una mujer llamada Laura (Ana Castillo), aburrida de su pareja y atraída por Álex (Chino Darín), un joven que conoció en el parque mientras paseaba a su perro, termina encerrando al simpático chico en el baño cuando llega su esposo Raúl (Javier Rey) a casa. Laura en realidad no necesita empujarlo al baño, porque no está sucediendo nada entre ella y Álex y todo está en su cabeza. Demasiado tarde. 

“Sandra”, la segunda historia tan divertida como la anterior, nos muestra a Luis (Álex Brendemühl), un hombre retraído que no ha podido superar un desengaño amoroso, llegando a la casa de su amigo Carlos (Antonio de la Torre) y su esposa Ana (María León), una pareja bohemia que empuja a Luis a consumir cocaína y a salir con una actriz (Eva Reyes) a quien conoció en un café. El problema aquí está en que Laura está pasando por una transición. Nada que hacer.

“Los martes y los jueves”, la más difusa de las cinco historias, nos muestra a tres amigas actrices presentándose para la audición para una película. Ángela (Nora Navas), es una mujer insegura y, de acuerdo con Blanca (Maribel Verdú), algo mitómana. Carol (Alexandra Jiménez), le cuenta un secreto bochornoso de Blanca a Ángela, para mostrar que su vida no es tan perfecta como se cree. Y al final, Carol termina en una audición diferente. Tres amigas con esqueletos en el armario que cada una conoce de la otra. ¿Les parece conocido?

En “Me has hecho muy feliz estos meses” el escritor y docente universitario Andrés (José Coronado) invita a cenar a su novia Bárbara (Alejandra Onieva), su estudiante mucho más joven y agraciada que él. El objetivo de la cena consiste en proponerle que vivan juntos, de acuerdo con lo que le confiesa a su amigo David (Javier Cámara), quien con algo de cinismo le dice “la cuestión es complicarse la vida ¿no?”. El problema está en que Andrés se entera de que Bárbara ya está saliendo con otra persona y va a aprovechar la cena para terminar con él. Esta es una situación en la que ambos querrán salir ganando, pero ambos terminarán perdiendo.   

“París”, la historia final, nos muestra a Edu (Quim Gutiérrez), un hombre casado con Sofía (Verónica Echegui) y a la espera de un hijo, quien le confiesa a su amigo Jota (Brays Efe), que en el pasado tuvo un desliz con una periodista y que cree, a partir de una foto que encontró dentro de un libro, que Sofía ya está enterada de todo. Haciendo caso omiso de los consejos de su amigo, Edu decide ser completamente honesto con Sofía y ella hará lo mismo, poniendo en tela de juicio las ideas de que la verdad libera y sobre si la honestidad sin límites es lo más saludable para una relación.

Puede que algunas de las historias sean más potentes que otras y que la película, en términos generales, no tenga la fuerza y contundencia de la obra maestra de las películas corales Relatos salvajes, pero sus tragicomedias humanas nos recuerdan por qué a Cesc Gay, a menudo lo llaman el “Woody Allen de Barcelona”.