Crítica: Five Nights At Freddy’s 2

Five Nights at Freddy’s 2 es tan torpe, mal hecha y vacía que convierte a su terrible predecesora en un modelo de coherencia y elegancia.

Emma Tammi 

/ Josh Hutcherson, Elizabeth Lail, Piper Rubio, Wayne Knight, Matthew Lillard, Skeet Ulrich, Megan Fox

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de UIP

Five Nights at Freddy’s 2 no es solo una mala película de terror. Es insolente y cínica en su mediocridad. Se comporta de una manera increíblemente solemne como si nada tuviera que justificarse, como si un par de animatrónicos gigantes basados en Chuck E. Cheese y referencias sueltas al videojuego pudieran reemplazar lo que toda película necesita para existir, que es una puesta en escena decente, lógica interna, ritmo y un mínimo de inteligencia. Nada de eso aparece. Ni por accidente.

La cinta es tan acartonada que da la impresión de ver un storyboard sin terminar. Cada transición es un tropiezo. Los personajes se mueven de un lugar a otro como si alguien les hubiera recortado los planos intermedios. La película no sabe ni cómo llegar del punto A al B, y aun así pretende que el público se deje arrastrar por una trama que ni siquiera intenta construir.

El ejemplo más claro es la infame secuencia del profesor interpretado por Wayne Knight (el odioso Newman de Seinfeld y la obligada víctima de los dinosaurios en Jurassic Park). Para asesinarlo (algo totalmente predecible), la película arma una excusa tan arbitraria y estúpida que termina siendo una parodia involuntaria. Lo manda a su oficina por unas llaves irrelevantes mientras habla por teléfono con alguien irrelevante en un colegio abierto un sábado por la noche. Luego llega Chica, la polla con voz de Megan Fox y le tritura el cráneo como una especie de alegoría accidental a la falta de cerebro de esta cinta. La escena es tan absurda y ridícula que parece escrita por alguien que nunca ha visto una película de terror.

La torpeza se multiplica cuando los animatrónicos salen a la calle. En vez de tensión, producen risa. No por diseño, sino por incapacidad absoluta de coreografiar un susto. Son criaturas pesadas filmadas con la energía de un ensayo escolar. La violencia nunca asusta porque la película le teme al propio concepto de terror. Todo está recortado, suavizado, despojado de impacto. Un slasher sin filo.

Scott Cawthon, creador del juego y guionista único aquí, demuestra que entiende de lore pero no de cine. Cada escena funciona como un intento torpe de “conectar puntos” de la mitología, pero la acumulación de datos no construye horror ni emoción. Lo que debería sostener un relato se convierte en un ruido constante. Es como ver a alguien repetir la Wikipedia del juego mientras otro usa la cámara como un garrote para dejar al espectador atontado.

Las nuevas ideas son peores que las viejas. La Marionette podría ser una figura poderosa, pero su concepto queda enterrado bajo un guion incapaz de sostener una regla interna. Su “cruzada contra padres negligentes” es tan mal ejecutada que parece escrita por una IA sin supervisión humana. Ni siquiera llega al nivel de copia fallida del cine de Wes Craven (Nightmare on Elm Street, Deadly Friend, Scream). Es una sombra lejana de algo que alguna vez funcionó en otro producto cultural. El videojuego no es la película y viceversa.

El regreso de Matthew Lillard y la aparición de Skeet Ulrich (los villanos originales de Scream) prometían guiños meta que nunca llegan. Los trae, los muestra dos minutos, los separa y los hace desaparecer. Un desperdicio tan grande que ya ni molesta; solo confirma que el filme no sabe usar nada de lo que tiene. Lo que pudo haber sido una divertida cinta camp a lo Killer Klowns From Outer Space termina siendo una insoportable Garbage Pail Kids: The Movie. Willy’s Wonderland, la versión no oficial de Five Night’s At Freddy’s con un Nicolas Cage mudo y adicto a las bebidas energizantes, enfrentándose a animatrónicos satánicos es infinitamente superior. ¡Demonios! Inclusive la terrible película de los Banana Splits convertidos en asesinos animatrónicos es una obra maestra en comparación.

Para colmo, Tammi (autora de la primera parte), se niega a darle un final. Literalmente. La película termina como si se hubiera quedado sin metraje, sin presupuesto o sin ganas. No cierra, concluye o resuelve. Es un esbozo. Un borrador de un mal estudiante que entrega lo justo para aprobar con caridad. Pero aquí no hay caridad posible.

Lo más triste es que el público adolescente que alimentó el éxito de la primera será otra vez el que alimente este producto flojo, vacío, sin visión ni respeto por su propia audiencia. Al igual que la película de Minecraft, Five Nights at Freddy’s 2 es el ejemplo perfecto de un cine que no quiere ser cine. Quiere ser tendencia, mercadeo y un video de TikTok estirado a 104 minutos.

Five Nights at Freddy’s 2 es la secuela que confirma un diagnóstico claro: Si Freddy el oso, la polla con voz de Megan Fox y los demás vuelven una tercera vez, será porque a Blumhouse ya no le importa asustar, entretener o respetar. Solo quiere que pagues por ver sin el más mínimo esfuerzo.

Al final, el comentario más honesto sobre la película no sale de un crítico, sino del propio mercadeo. El balde de palomitas promocional es más divertido que todo lo que ocurre en pantalla.

P.D. Hay dos escenas post créditos.

Tráiler:

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