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Crítica: El asesino

Un asesino profesional comete un error y debe encargarse de quienes lo contrataron, en una magnífica cinta cortesía del director de Se7en.

David Fincher 

/ Michael Fassbender, Charles Parnell, Tilda Swinton, Arliss Howard

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Netflix

Matz es el seudónimo del escritor francés Alexis Nolent, quien ha ganado reconocimiento en el mundo del cómic francés por sus contribuciones notables al género noir y policiaco, como el excelente Una bala en la cabeza, que fue adaptado al cine Walter Hill en el 2013. Otro de sus trabajos más destacados de Matz es su colaboración con el artista brasileño Luc Jacamon en la serie de trece volúmenes El asesino (Le Tueur en francés), publicada en 1998.

Su trama se centra en un personaje principal sin nombre que trabaja como asesino a sueldo. El protagonista es un hombre metódico que, a pesar de su profesión violenta, describe sus acciones a través de unos monólogos internos altamente reflexivos. La serie explora la complejidad moral de sus decisiones, así como las consecuencias emocionales y personales de su estilo de vida. A medida que el asesino realiza sus trabajos, se enfrenta a dilemas éticos y situaciones peligrosas que dan lugar a una narrativa rica en matices y giros inesperados. Jacamon contribuye significativamente al atractivo visual de la serie con un estilo distintivo que captura la atmósfera sombría del relato.

David Fincher, el director que nos entregó hace tres años la maravillosa cinta basada en el único guion que escribió su padre, sobre el guionista de la mejor película de todos los tiempos, regresa con la adaptación de El asesino, un proyecto que llevaba veinte años cocinándose, con un guion de Andrew Kevin Walker, quien ya había colaborado con el director en el clásico del noir policíaco Se7en, y que evoca cintas minimalistas sobre asesinos como Le Samouraï de Jean-Pierre Melville, The Limey de Steven Soderbergh o Killing Them Softly de Andrew Dominik.

Michael Fassbender, quien regresa a las pantallas luego de cuatro años de ausencia, es el asesino titular sin nombre quien, al inicio de la cinta nos habla sobre cómo el tedio es el mayor reto de su trabajo. Esta no solo es una advertencia a todos los aspirantes a asesinos a sueldo, sino a aquellos espectadores que no soportan dos minutos de metraje sin explosiones o derroche de efectos especiales, debido a que sus estructuras cognitivas han sido estropeadas por esa infinidad de vídeos breves e insulsos que contaminan tanto las redes como el cerebro de los usuarios.   

Como en la novela gráfica de Matz, el asesino filosofa sobre la amoralidad del ser humano, mientras escucha la música de The Smiths, esperando tener en la mira a su víctima para que pueda recibir una bala en la cabeza. Estamos hablando de un asesino frío, metódico y riguroso, con una disciplina a prueba de balas y un completo control de su cuerpo (algo que Fassbender sabe hacer muy bien). Sin embargo, errar es humano y algo sale terriblemente mal. Las personas que contrataron al asesino ahora querrán deshacerse de él y, por implicación lógica, él tendrá que matarlas. 

Es así como el asesino tiene una nueva misión, la cual consiste en proteger su vida. Eso lo lleva de París a la República Dominicana, donde tiene una hacienda de lujo en la que vive La Novia (Sophie Charlotte); para luego viajar a Nueva Orleans, donde deberá reunirse con El Abogado (Charles Parnell) que lo reclutó para este negocio; y luego a Florida, donde tendrá que enfrentarse a El Bruto (Sala Baker); después a Nueva York, donde se encontrará con su colega La Experta (Tilda Swinton, estupenda como siempre); y finalmente a Chicago, para encontrarse con El Millonario (Aliss Howard) que lo contrató. 

El ejercicio estilístico de Fincher es de una gran elegancia y hace uso de todos los elementos que hacen parte de las cintas de espionaje: múltiples locaciones, armas con silenciador, persecuciones, peleas, paranoia, traiciones y casas seguras que guardan tanto dinero en efectivo como armamento y pasaportes falsos. Pero el alma oscura de esta cinta está en el imperturbable personaje de rostro cansado construido por Fassbender. Es toda una bendición para los cinéfilos que tanto el actor como su director hayan regresado. Los necesitábamos con urgencia. 

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