Crítica: Confiesa, Fletch (Confess, Fletch)

La tercera película del ingenioso y despreocupado periodista investigador es un triunfo, gracias al director y actor apropiados.

Greg Mottola 

/ Jon Hamm, Lorenza Izzo, Kyle MacLachlan, Roy Wood Jr., Ayden Mayeri, Marcia Gay Harden

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Netflix

Las dos películas iniciales de Fletch están basadas en las novelas escritas por el fallecido ex reportero del Boston Globe Gregory McDonald y siguen las aventuras de Irwin Fletcher, un periodista investigador conocido por su ingenio rápido y su habilidad para disfrazarse. Chevy Chase, un distinguido alumno de Saturday Night Live protagonizó ambas películas en un intento, no del todo fallido, de aprovecharse del éxito de Beverly Hills Cop de su colega Eddie Murphy (las cintas tienen dos temas instrumentales a cargo de Harold Faltermeyer y el tema Bit By Bit de Stephanie Mills guarda una gran similitud con Neutron Dance de The Pointer Sisters).

Fletch (1985) de Michael Ritchie, nos mostraba al periodista investigativo trabajando encubierto en la playa de Los Ángeles, investigando una red de tráfico de drogas. Durante su investigación, un hombre llamado Alan Stanwyk (Tim Matheson) se le acerca y le ofrece una gran suma de dinero para matarlo, alegando que tiene una enfermedad terminal y quiere evitar el sufrimiento. Fletch, naturalmente escéptico, acepta la oferta como una oportunidad para investigar más a fondo. Mientras profundiza en el misterio, Fletch descubre que nada es lo que parece y desentraña una compleja conspiración que involucra a Stanwyk, la policía local y otros personajes sospechosos. Con su ingenio y su habilidad para cambiar de identidad, Fletch logra desenmascarar la verdad y exponer a los culpables.

En la secuela Fletch Lives (1989), también a cargo de Ritchie, el periodista hereda una mansión en Louisiana de su tía fallecida. Decidiendo tomarse un tiempo libre de su trabajo en Los Ángeles, viaja al sur para reclamar su herencia. Sin embargo, al llegar, descubre que la mansión está en ruinas y que hay una serie de personas interesadas en la propiedad por razones desconocidas. A medida que investiga, descubre una conspiración que involucra a un televangelista corrupto, un abogado sin escrúpulos y otros personajes nefastos que desean hacerse con la propiedad por su valioso terreno. Como podrán darse cuenta, las cintas de Fletch son mucho más barrocas y complejas que las de Un policía suelto en Hollywood, donde la trama es básicamente la misma en todas (una persona cercana a Axel Foley está en peligro o es asesinado y él viaja de Detroit a Beverly Hills para resolver el misterio).

Ahora, treinta y tres años después de la secuela y treinta y siete luego de la primera entrega, regresa Fletch con una tercera parte y dos retos a superar. El primero es la muerte de Michael Ritchie, quien nos dejó en 2001. El segundo es más preocupante. Las películas de Fletch son recordadas principalmente por la interpretación de Chevy Chase, cuyo humor y carisma dieron vida al personaje de una manera memorable. Aunque no fueron éxitos de taquilla masivos, ambas películas han ganado un estatus de culto con el tiempo. Y, a diferencia de Eddie Murphy quien ha encarnado a Axel Foley en todas las entregas de Beverly Hills Cop, Chevy Chase ya no es más Fletch. Milagrosamente, ambos retos son superados con creces.

El director Greg Mottola (autor de las sólidas y alocadas comedias Superbad, Paul, Clear History y Keeping Up With The Joneses), logra un muy buen trabajo reemplazando a Ritchie. Se nota a leguas que el director es un gran fanático de la película original, así como el guionista Zev Borow. Pero Mottola, de una manera muy inteligente, se acerca más al espíritu de los libros (que son nueve y dos más protagonizados por el hijo de Fletch), y no tuvo miedo en incluir más personajes y más trama para Confess, Fletch, su cinta basada en el segundo libro de McDonald. Asimismo, Mottola deja ver su amor por las cintas noir de los años cuarenta protagonizadas por Humphrey Bogart como The Maltese Falcon (1941) y The Big Sleep (1946), y del mismo modo por las películas neo-noir de los setenta como The Long Goodbye (1973) y Night Moves (1975). Después de todo, pese a que la cinta de Mottola se desarrolla en la época actual, los libros están ambientados en los años setenta y eso no se olvida aquí.

El otro reto fue encontrar al actor que reemplazara a Chase como Fletch y ahí también se da un gran acierto. Aunque al actor Jon Hamm se le asocia con dramas y especialmente por su trabajo como el publicista Don Draper en la magistral serie de televisión Mad Men, quienes hemos seguido de cerca su carrera sabemos muy bien de sus enormes dotes cómicas (sus múltiples participaciones en Saturday Night Live son memorables).

En esta película, Fletch deja el periodismo porque, según él, la profesión ha sido degradada por las redes sociales (toda una gran verdad), a diferencia del libro y la película original, en donde se ha retirado y huido de los Estados Unidos después de haber asegurado una gran cantidad de dinero de un empresario corrupto. Convertido ahora en una especie de investigador privado, el Fletch de Hamm habla rápido y con mucho ingenio, al igual que lo hacía Chase, pero ahora sin recurrir a los múltiples disfraces.

Fletch es contratado para un trabajo en Roma por la hermosa y misteriosa heredera italiana Ángela de Grassi (Lorenza Izzo de Once Upon a Time in Hollywood). Las invaluables pinturas familiares del Conde Clementi Arbogastes de Grassi (Robert Picardo), padre de Ángela, han sido robadas y este ha sido secuestrado. Después de envolverse románticamente con su clienta, Fletch sigue una pista que lo lleva a Boston, donde el botín robado es ofrecido en venta por un comerciante de arte germofóbico y adicto a la música EDM (Kyle MacLachlan de Twin Peaks). Pero cuando Fletch llega a hospedarse en una casa alquilada, encuentra a una chica muerta en la sala.

Con el desaliño y desparpajo característico del personaje, Fletch llama a la policía. Los encargados del homicidio son el curtido policía Monroe (Roy Wood Jr.) y su asistente novata Griz (Ayden Mayeri), quienes, hay que decirlo, constituyen una dupla maravillosa. Ambos creen que Fletch es el homicida, pero todos sabemos que no es así. ¿Quién es el culpable? Es ahí cuando la cinta se inclina hacia el género whodunit y nos trae a la mente la obra maestra The Last Of Sheila (1973) y la saga de Knives Out protagonizada por Daniel Craig, solo que su Benoit Blanc está más cerca de Hercules Poirot mientras que el Fletch de Hamm está más cerca al Axel Foley de Beverly Hills Cop.

Mientras Fletch investiga, aparece toda una serie de personajes variopintos sospechosos del crimen, como la condesa y madrastra de Ángela (Marcia Gay Harden estupenda como siempre), Tatiana Tasserly (Lucy Punch), la ex esposa de Owen (John Belhamm), el dueño de la casa donde se hospeda Fletch; y la vecina Eve (Annie Mumolo), dueña del perrito Mignon.Pero el personaje secundario más divertido y efectivo es definitivamente Frank Jaffe, el exjefe de Fletch en el periódico, quien es interpretado por John Slattery, compañero y colega de Hamm en la serie Mad Men (ambos participaron juntos como una parodia de los publicistas en Unfrosted, la delirante sátira de Jerry Seinfeld a los biopics corporativos).  

Es muy probable que Confess, Fletch termine siendo un clásico de culto como sucedió con las películas de Chevy Chase, y ojalá sea así, porque se lo merece. Esperemos que haya una secuela en camino.

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