Crítica: Bob Esponja: En busca de los pantalones cuadrados (The SpongeBob Movie: Search for SquarePants)

En su cuarta aventura cinematográfica, Bob Esponja vuelve a zambullirse en el absurdo con una energía inagotable que no reinventa nada, pero mantiene el humor de la serie.

diciembre 17, 2025

Cortesía UIP.

¿Están listos chicos? ¿Quién vive en una piña debajo del mar? Antes de entrar en esta nueva entrega, conviene trazar el mapa. Bob Esponja ha tenido hasta ahora cuatro incursiones en la pantalla grande: Bob Esponja: la película (2004), que funcionó como una inesperada síntesis emocional y satírica de la serie, pero que falló con la incursión de la hija de Neptuno (un personaje con la voz de Scarlett Johansson, tan molesto como Jar Jar Binks); Bob Esponja: Un héroe fuera del agua (2015), una expansión más ruidosa y autoconsciente que combinó acción real con animación y con Antonio Banderas como el pirata Barba Burger; Bob Esponja: Un héroe al rescate (2020), marcada por la transición tecnológica definitiva a la animación 3D y el tono de despedida encubierta a su creador Stephen Hillenburg, fallecido en 2015; y ahora Bob Esponja: En busca de los pantalones cuadrados  que apuesta por la continuidad pura y dura, sin intención de ruptura con la serie.

Dirigida por Derek Drymon y escrita por Pam Brady y Matt Lieberman, la película se instala cómodamente en el corazón del universo Fondo de Bikini. No busca reinventar la fórmula ni ampliar el canon, sino comprimir en 88 minutos una avalancha de chistes visuales, persecuciones frenéticas y humor físico y verbal llevado al límite. El punto de partida es mínimo y funcional: Bob Esponja cree haber “crecido” lo suficiente para demostrar valentía, fracasa estrepitosamente y termina, junto a Patricio, envuelto en una aventura sobrenatural que incluye al Holandés Errante (nada menos que Mark Hamill) y una maldición de quinientos años.

El relato es deliberadamente leve. La narrativa no avanza por acumulación dramática sino por encadenamiento de sketches. Cada secuencia parece diseñada para desembocar rápidamente en la siguiente explosión de color, sonido o disparate. Esa decisión define tanto la virtud como la limitación de la cinta. El ritmo es incansable y casi hipnótico para el público infantil, pero también agotador para un espectador adulto que recuerde la ironía y el subtexto melancólico del anterior largometraje.

Visualmente, la película encuentra su mayor logro en el descenso al inframundo marino. Allí la animación se permite zonas más oscuras, texturas casi grotescas y un coqueteo inesperado con el terror ligero con esqueletos piratas, criaturas híbridas y una imaginería que roza lo gótico sin perder el tono de comedia. Es en estos pasajes donde el filme parece realmente expandir el universo, aunque sea por momentos.

El reparto vocal es, como siempre, una garantía. Tom Kenny sigue siendo el corazón absoluto del personaje. Su Bob Esponja conserva una mezcla rara de inocencia, entusiasmo y fragilidad que nos recuerda al fallecido Paul Reubens y explica por qué el personaje ha sobrevivido casi tres décadas sin agotarse. Bill Fagerbakke mantiene a Patricio en su línea de candidez absurda, trasero flácido e inteligencia casi nula, mientras que Clancy Brown (que además inicia el relato en acción real), vuelve a dotar a Don Cangrejo de esa combinación de avaricia y figura paternal para Bob que lo hace más humano de lo que aparenta. Rodger Bumpass (Calamardo), Carolyn Lawrence (Arenita) y Mr. Lawrence (Plankton) aparecen en dosis menores, relegados por una estructura que prefiere al dúo protagonista. Vale la pena mencionar que quienes se quejen por la casi ausencia de los dos últimos, deberían revisar las películas para Netflix Al rescate de Fondo de Bikini: La película de Arenita Mejillas (2024) y Plankton: La película, que debutó a comienzos de este año. 

Sobra decir que el show se lo roba Luke Skywalker como el Holandés Errante. Su interpretación vocal, desatada y juguetona, aporta una energía distinta, casi anárquica, y recuerda que Hamill entiende el villano caricaturesco como un espacio de libertad total (escúchenlo dotar de voz al Joker en las aventuras animadas de Batman). Su presencia es el gesto más cercano a la sorpresa dentro de un conjunto muy reconocible.

Temáticamente, la película vuelve sobre una idea recurrente en la franquicia: el valor no se mide por la fuerza, la estatura o la fanfarronería, sino por la capacidad de enfrentar el miedo sin perder la bondad. Es un mensaje noble, claro y eficaz para su público principal. El problema no es lo que dice, sino lo familiar que resulta. La evolución emocional de Bob Esponja es predecible, el cierre reconfortante y la continuidad interna del universo se maneja con una ligereza que roza con el desinterés.

Bob Esponja: En busca de los pantalones cuadrados funciona como un recordatorio de por qué el personaje sigue siendo una figura central de la cultura pop infantil gracias a su optimismo radical, su capacidad para convertir la vulnerabilidad en fuerza y su humor sin cinismo. Para los más pequeños, es una fiesta ininterrumpida; para los adultos, un regreso amable pero poco desafiante. 

Bob Esponja no se pierde en su búsqueda; simplemente da vueltas en círculos. Y aun así, sigue siendo un lugar al que resulta fácil volver, aunque esta vez el viaje se sienta más como una cangreburger en promoción que como una comida realmente memorable.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

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