Juanes: “Tuve que tocar fondo para volver a amar la música”

En conversación con Rolling Stone en Español, Juanes desarma su nuevo álbum Juan Esteban, revisita sus momentos más oscuros y explica por qué, después de dos décadas, apenas ahora siente que volvió al punto de partida.

abril 14, 2026

Cortesía.

Hay algo profundamente honesto en la manera en la que Juanes habla de su presente. No hay artificio, no hay discurso prefabricado. Hay, más bien, una claridad que solo llega después de haber atravesado el desgaste, la duda y la reconstrucción. Su nuevo álbum, Juan Esteban, no es solo un título: es una declaración de identidad, una síntesis emocional de todo lo que ha sido, desde su infancia hasta hoy. “Juan Esteban de alguna manera es todo lo que ha tenido que pasar en mi carrera como Juanes, incluso antes como Equimosis y en toda mi infancia… es todo lo que yo soy de alguna manera”, explica, como quien finalmente logra nombrarse sin intermediarios.

Esa necesidad de volver al origen no es casual. De hecho, es casi una urgencia. Durante años, la maquinaria de la industria, el éxito y la exposición lo fueron alejando de ese centro creativo que lo definía. “Yo comencé con mucha inocencia y espontaneidad haciendo música, pero con el tiempo la tensión, el éxito y todo lo que pasó me fueron sacando de ese centro… llegué a un lugar muy triste donde comprometí mi arte”, confiesa.

Lo que sigue en su relato no es una narrativa romántica de crisis, sino una confesión directa sobre el desgaste: alcohol, depresión, desconexión total con la música. “Yo llegué a odiar algo que amaba demasiado… eso fue lo más duro”, dice. Y en esa caída, paradójicamente, encontró el punto de quiebre necesario. “Ahí fue cuando toqué fondo y entendí que tenía que volver a la esencia”.

Lo interesante es que ese proceso no fue inmediato. No hubo epifanía repentina ni redención instantánea. Fueron años, discos, intentos, búsquedas. “Esto ha sido un proceso de más de 16 años… desde 2010 hasta hoy, reconstruyéndome poco a poco”, explica. Y es en ese recorrido donde aparecen proyectos clave como MTV Unplugged, Loco de Amor, Origen o Vida Cotidiana, que funcionan como estaciones en ese regreso progresivo hacia sí mismo.

Hoy, en cambio, el tono es otro. Hay calma, pero también entusiasmo. “En este momento siento una plenitud artística y personal… nunca había hecho tanta música como ahora”, dice, con una convicción que no necesita adornos.

Ese presente creativo tiene mucho que ver con una idea que repite como mantra: madurar hacia la infancia. “Mi estado de WhatsApp es ‘madurando hacia la infancia’… porque siento que es muy importante recordar de dónde vengo”, cuenta. Y en esa frase se condensa gran parte del espíritu del disco: no se trata de nostalgia, sino de reconexión.

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Esa reconexión también se manifiesta en la forma en la que crea. Juanes sigue siendo, ante todo, un músico obsesivo, casi compulsivo en su relación con el instrumento. “Yo toco guitarra prácticamente todo el día… estoy viendo televisión y estoy practicando, estoy en la sala improvisando, siempre estoy tocando”, dice. La música, más que una profesión, es un estado constante.

Y es ahí donde aparece uno de los conceptos más interesantes de su proceso: la música como canal. “Es como si uno fuera un canal… dependiendo del día, de lo que sientes, de la información que recibes, todo eso se transforma en canciones”, explica. En un mundo saturado de estímulos, esa sensibilidad se convierte tanto en motor creativo como en fuente de ansiedad.

En Juan Esteban, ese flujo se traduce en una mezcla orgánica de sonidos que atraviesan el continente. Desde la cumbia hasta el bambuco, pasando por el funk y el rock, el disco funciona como un mapa emocional de América Latina. “He descubierto que la cumbia es demasiado potente… desde México hasta la Patagonia está en todos lados”, dice. Y no lo plantea como una exploración externa, sino como algo que ya estaba en su ADN.

La producción del álbum también refleja ese regreso a lo esencial. Junto a Nico Cotton, Juanes apostó por una aproximación casi artesanal al sonido. “Vamos a la parte humana, manual, carpintería total del estudio… eso es lo que yo amo”, explica. Nada de shortcuts digitales: amplificadores reales, pedales, instrumentos tocados a mano. Un enfoque que no solo responde a una estética, sino a una filosofía.

La elección de Cotton no fue casual. Llegó en un momento inesperado, tras la imposibilidad de trabajar con su colaborador anterior. Pero la conexión fue inmediata. “Conectamos de una… vi su forma de trabajar y dije: este es el man con el que quiero trabajar”, recuerda.

Esa obsesión por el detalle se extiende incluso a los instrumentos. Uno de los descubrimientos clave del álbum fue el bajo Hofner, que aportó una textura específica al sonido. “Ese bajo sonaba increíble… para mí fue un gran descubrimiento”, cuenta con entusiasmo casi técnico.

Pero más allá de lo sonoro, Juan Esteban también es un disco profundamente colaborativo. Artistas como Bomba Estéreo, Mon Laferte, Conociendo Rusia o Vivir Quintana aparecen no como invitados estratégicos, sino como extensiones naturales del universo del álbum. “Me conecté con ellos naturalmente… hay algo muy especial en lo que cada uno representa”, explica.

En paralelo, hay otra capa menos visible pero igual de importante: la visual. Juanes no solo compone y produce, también dibuja. Y en este disco, decidió llevar esa faceta al frente. “Llevo más de 16 años pintando caras… y esta vez se convirtió en la portada del álbum”, cuenta. El resultado no es un capricho estético, sino otra forma de narrarse.

Al final, sin embargo, todo vuelve a la misma pregunta: ¿cuándo entendió realmente el alcance de su música? La respuesta no está en un estadio lleno ni en un premio. Está en las historias. “La gente me cuenta cosas muy profundas… que su mamá los llevaba al colegio con mis canciones, que se casaron con ellas… ahí es cuando uno entiende”, dice.

Y quizá ahí está la clave de todo. No en el hit, ni en la cifra, ni en la carrera. Sino en esa conexión invisible que atraviesa generaciones. Juanes lo resume sin rodeos: “Me siento afortunadísimo… porque esto realmente se ha conectado con la gente”.

Después de todo, Juan Esteban no es un regreso. Es, más bien, un reencuentro. Con la música, con la raíz, con el niño que alguna vez sintió —por primera vez— que ahí estaba todo.

MARTÍN TORO

Editor

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