Contagio en altamar

Una científica trata de convencer a la tripulación hostil y supersticiosa de un barco, de quedarse confinada para evitar el riesgo de una pandemia. Cualquier parecido con la realidad…

Neasa Hardiman

Connie Nielsen, Dougray Scott, Hermione Corfield, Ardalan Esmaili

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de Contracorriente

Poco antes de que estallara la pandemia causada por el COVID-19, se presentó en cines Underwater, un desastroso intento por imitar las películas Alien y El secreto del abismo. Esta cinta, que contaba con la presencia de Kristen Stewart como la final girl arquetípica de la estructura narrativa de las historias de terror, nos mostraba a un grupo de investigadores submarinos sucumbir ante la presencia de una criatura de origen desconocido.  

Ahora llega a las salas de cine la cinta de terror irlandesa Contagio en altamar, la cual trata de hacer lo mismo, pero esta vez en un barco primitivo y no en un sofisticado laboratorio en el fondo del mar. La guionista y directora Neasa Hardiman (entrenada en la televisión y con su primer largometraje a cuestas), nos cuenta la historia de Siobhan (Hermione Corfield), una estudiante de doctorado en biología marina, en extremo dedicada a su profesión, pero con serios problemas de interacción social, los cuales bordean los límites del síndrome de Asperger.    

Siobhan, quien se ha especializado en observar patrones de la vida submarina y generar algoritmos que predicen cambios ambientales, tiene la oportunidad de hacer sus prácticas a bordo de un barco llamado Niamh Cinn-Óir (nombre obtenido de la mitología irlandesa) y comandado por una pareja de esposos llamados Gerard y Freya (Dougray Scott y Connie Nielsen, en reemplazo de Toni Collette). La tripulación del Niamh Cinn-Óir (que traduce “criatura de cabello rubio”), se muestra hostil ante la presencia de Siobhan, debido a que ella es pelirroja y, de acuerdo con sus creencias, es de mala suerte para los marineros.

Sin importar las supersticiones, Siobhan se embarca con Gerard y Freya, quienes cuentan con una tripulación conformada por Ciara (Olwen Fouéré), Johnny (Jack Hickey), Sudi (Elie Buoakaze) y Omid (Ardalan Esmaili). En el trayecto, el Niamh Cinn-Óir se topa con la presencia de orcas, las cuales son señal de buena fortuna, de acuerdo con otra superstición marinera. Pero Siobhan sabe, basada en su paradigma como científica, que las orcas son un síntoma de que algo no está bien, ya que se encuentran por fuera de su hábitat natural. 

Siobhan tenía razón. El radar detecta una gran masa que se aproxima al barco y al toparse con este, comienza a alterar la estructura de la madera. La científica se arriesga a sumergirse con su traje de buzo para indagar de qué se trata y descubre unos extraños tentáculos pegados al barco, los cuales pueden ser parte de una criatura gigantesca y desconocida. Al parecer, la criatura ha soltado una enfermedad parasitaria en el barco, la cual comienza a contagiar de una manera fatal a la tripulación del Niamh Cinn-Óir, primero enloqueciendo a las víctimas y luego provocándoles la muerte. 

Es así que Siobhan tiene que convencer a los demás que lo mejor es permanecer en el barco mientras se intenta acabar con los parásitos, ya que llegar a un puerto portando esta enfermedad de la que se sabe poco o nada, puede llegar a provocar una pandemia.   

¿Les suena conocido? En Contagio en altamar se aplica la frase de “cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”, y esto hace que esta mezcla entre Alien con Enigma de otro mundo se convierta en una cinta mucho más aterradora de lo que pudo haber sido si se hubiera estrenado en el 2020. El discurso racional, basado en evidencias científicas y emitido por una persona que practica el distanciamiento social, aquí se enfrenta al discurso de la mayoría, basado en la hostilidad, la paranoia, el egoísmo y la superstición. Antes de ver Contagio en altamar, es mejor hacer una advertencia: esta película puede afectar profundamente a quienes están recluidos en sus casas y se encuentran llenos de miedo y angustia por contraer una enfermedad que puede resultar fatal. Pero también puede ser una cinta catalizadora, que permita generar una discusión necesaria al interior de las familias, sobre cuáles deben ser las medidas y las decisiones más sensatas y acertadas ante una situación apremiante como la que está viviendo el mundo en estos momentos.