Colombiano con permiso de trabajo murió baleado por agentes del ICE

El joven de 26 años murió durante un operativo migratorio en Maine. Mientras el Gobierno de EE. UU. sostiene que el agente actuó en defensa propia, legisladores y organizaciones denuncian contradicciones y exigen una investigación independiente.

julio 15, 2026

Getty Images

La muerte de un colombiano de 26 años durante un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Biddeford, Maine, vuelve a poner bajo escrutinio las tácticas de la política migratoria estadounidense. Lo que comenzó como una operación de vigilancia terminó con un joven abatido a tiros frente a su esposa y su hija de tres años y una nueva ola de cuestionamientos sobre el uso de la fuerza por parte de las autoridades federales.

El caso ha causado especial indignación porque, según organizaciones defensoras de migrantes y varios legisladores, el colombiano contaba con permiso de trabajo y número de Seguro Social vigente. Además, el senador independiente Angus King aseguró que el fallecido ni siquiera era el objetivo principal del operativo, una afirmación que cambia por completo la narrativa inicial presentada por las autoridades.

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La versión oficial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostiene que el agente abrió fuego después de que el conductor intentara utilizar su vehículo como arma para escapar. Sin embargo, testigos, organizaciones civiles y congresistas han pedido cautela ante esa explicación, recordando que aún no existen grabaciones corporales del incidente y que la investigación apenas comienza. El FBI y la Oficina del Inspector General del DHS ya asumieron el caso.

Más allá de lo que determine la investigación, el episodio vuelve a exponer una realidad incómoda: para miles de migrantes, tener documentos parciales o autorización para trabajar ya no garantiza seguridad frente a operativos migratorios cada vez más agresivos. En los últimos meses, distintas actuaciones del ICE han generado protestas y fuertes críticas por el aumento de incidentes con desenlaces fatales, alimentando el debate sobre los límites del poder de las agencias federales en materia de inmigración.

La muerte del colombiano también tiene un peso simbólico para América Latina. Durante décadas, Estados Unidos promovió la idea de que regularizar el estatus migratorio era el camino hacia una vida más estable. Hoy, este caso parece demostrar que esa promesa resulta insuficiente cuando las operaciones de control terminan resolviéndose con disparos antes que con procedimientos transparentes.

Mientras la investigación avanza, la principal pregunta sigue sin respuesta: ¿por qué un operativo que aparentemente buscaba detener a otra persona terminó con un colombiano muerto? Hasta que exista una reconstrucción independiente de los hechos, el caso permanecerá como un nuevo capítulo en la creciente controversia alrededor del ICE y de una política migratoria que, para muchos críticos, ha convertido la aplicación de la ley en un escenario de confrontación permanente.

MARTÍN TORO

Editor

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