Borgen estrena su cuarta y, probablemente, última temporada

Sidse Babett Knudsen revela (¡a la argentina que trabajó como extra en el mismo set!) por qué dudó en volver a ponerse el traje de Birgitte Nyborg para el regreso de la exitosa serie danesa

Por  MARÍA FERNANDA LAGO

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La actriz danesa Sidse Babett Knudsen reconoce que le costó aceptar la idea de retomar la historia.

Gentileza Netflix

Las temporadas 1, 2 y 3 se estrenaron en Dinamarca en 2010, 2011 y 2013. Pero con la serie de intriga política danesa Borgen ocurrió algo curioso: comenzó a emitirse recién varios años más tarde en cerca de 80 países y se convirtió en un tardío hit global. Así es que, al mismo tiempo que el éxito de esta ficción expandía más y más sus fronteras, entre Dinamarca y Groenlandia se gestaban ocho capítulos nuevos para reanimar aquella historia discontinuada casi una década atrás, con su protagonista, la memorable política danesa Birgitte Nyborg (la actriz Sidse Babett Knudsen), preparándose para volver a las andanzas como canciller.

Borgen, en danés, significa “el castillo”, pero en este título se refiere a Christiansborg, la antigua fortaleza donde opera el Parlamento de Dinamarca, en Copenhague, centro de la acción de la serie. También de la cuarta temporada, que se estrena en junio por Netflix, y en la que el hallazgo de petróleo en Groenlandia provoca nuevos desafíos al gobierno danés y un dolor de cabeza extra para las políticas ambientalistas de Birgitte Nyborg, sumado a un hijo activista y a los medios de comunicación que, a través de las redes sociales, detonan la estabilidad de su gestión. Mientras representantes de potencias mundiales desfilan por el Ministerio de Asuntos Exteriores para negociar la explotación petrolera, la nueva temporada vuelve a exponer cómo la acumulación de poder puede resultar inversamente proporcional a la estabilidad personal.

Mirá el tráiler de la cuarta temporada.

Borgen 4, subtitulada El reino, el poder y la gloria, se grabó entre enero y noviembre de 2021, período en el que trabajé como doble de Sidse Babett Knudsen y como extra en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Soy porteña, vivo hace quince años en Copenhague y nunca había aspirado a ser actriz. Sin embargo, desempleada y en tiempos propicios para la reinvención personal, en cuanto supe que comenzaba el rodaje, me contacté con un productor conocido y conseguí trabajo como extra. Luego, ya en los estudios, alguien notó que con Sidse tenemos contextura física, color de pelo y piel similares. Y pronto, al llamado de “María”, sabía que tenía otra tarea en los sets. Antes de que Birgitte recibiera, por ejemplo, la visita de un embajador, yo debía marcar los pasos del despacho a la sala de reunión, algo necesario para los últimos ajustes de iluminación. Y cuando se encendían las cámaras, me tocaba deambular como su empleada por los pasillos del ministerio.

La actriz Sidse Babette Knudsen junto a la argentina María Fernanda Lago, su doble en la serie y autora de esta entrevista. Foto: gentileza M. F. Lago

“¿Qué hago acá?”, pensé más de una vez, entre fascinada e incrédula. Una extranjera en doble sentido: si bien había participado en proyectos audiovisuales, nunca lo había hecho a ese nivel y con profesionales daneses reconocidos. Al mismo tiempo, al comienzo de cada jornada alguien del equipo me recibía con un “hola”, con un intento de frase en castellano o con la pregunta “¿cómo se dice en español…?”. Los días de grabación eran largos, pero siempre transcurrían en un ambiente familiar. También con Sidse. Por alguna razón, la estrella de la serie se mostraba entusiasmada por contar con una colaboradora hispanoparlante. Curiosa y apasionada, solía acercarse a mí para conversar entre sonrisas cómplices y palabras sueltas en castellano. Y cuando supo que en una vida paralela me dedicaba al periodismo, hablamos incluso de hacer esta entrevista. Y hasta de visitar la Argentina.

Lo segundo aún sigue pendiente. Pero meses después de terminado el rodaje y a pocas semanas del estreno internacional de la temporada cuatro de Borgen, nos reencontramos, esta vez como entrevistada y periodista, en un salón del D’Anglaterre, uno de los hoteles más tradicionales de Copenhague.

Sidse Babett Knudsen (nacida en Copenhague, en 1968) es toda una estrella en este país, con una extensa trayectoria que la llevó desde el teatro experimental hasta roles en ficciones danesas e internacionales (como Westworld, de HBO, y Roadkill, para la BBC). No obstante, me saluda con el mismo abrazo cálido con el que nos habíamos despedido el último día de trabajo en Borgen. El gesto me llama la atención: había observado que Sidse era amable con todos, pero también distante. Con pantalón naranja, camisa violeta y el pelo suelto, se sienta frente a mí y me pregunta en inglés: “¿En qué idioma vamos a hacerlo?”. Ella habla danés, inglés y francés; el español no es opción. Le respondo “danés”, porque de lo contrario sería como escuchar a una actriz en una serie doblada. Mejor, el original. Afuera cae la nieve, aunque es primavera; curiosidades del clima en Dinamarca.  

¿Cuál fue tu reacción cuando te propusieron volver con una cuarta temporada?

Tuve muchas dudas. Porque, en mi opinión, después de las tres primeras temporadas, que hicimos hace mucho tiempo, la historia ya había sido contada y estaba bien si terminaba ahí. Por mi parte, ese era el final de Borgen. Cuando Adam (Price, el autor de la serie) me llamó y me dijo: “Tengamos una reunión para que te cuente una idea”, al principio le respondí que no lo creía posible. Pero también me dio cada vez más curiosidad ver cómo Birgitte Nyborg podría ser hoy. 

¿Qué significa Birgitte en tu carrera?

Es un personaje muy importante en mi carrera y en mi vida. Como decía, en un principio me resultó un poco desalentador exponerme de nuevo a ella, pero a la vez era valiente e interesante aceptar el desafío. Igual, me tomó largo tiempo decidirlo.

En esta temporada, ¿qué tiene más peso para Birgitte, el reino, el poder o la gloria del subtítulo?

Hay una batalla con los propios ideales, que están puestos en discusión. Birgitte nunca estuvo interesada en el poder por el poder mismo. Siempre fue muy idealista, con la clara misión de hacer política de calidad. Ama y cree en la democracia, cree mucho en la gente. En el último tiempo, se acostumbró a ser escuchada, tomada en cuenta, a tener influencia, poder. Entonces ahora, y a esta edad, no soporta quedar afuera en la toma de decisiones.

La tercera temporada había finalizado con Birgitte junto a Katrine (Birgitte Hjort Sørensen), su asesora de prensa, que ahora reaparece como jefa de noticias de un canal de televisión, otro puesto de poder que podría enfrentarla (o no, ya veremos) a su antigua jefa. En una breve charla, Birgitte Hjort Sørensen me adelantó en qué lugar la reencontraremos después de tantos años: “La que conocían hasta ahora era muy buena para su trabajo y no tan buena en su vida privada. Esta vuelta es al revés. Su vida privada es estable, sigue con la misma pareja, con quien tuvo un hijo más, pero tiene problemas en el trabajo, que siempre fue su lugar de seguridad”.

Por otro lado, Asger (Mikkel Boe Følsgaard) es un nuevo personaje que suma condimentos, a falta del operador político Kasper Juul (Pilou Asbæk), que esta vez no es parte del elenco. Es probable que resulte una cara conocida, ya que el actor participó en las series The Rain y El caso Hartung, ambas emitidas en Argentina. En Borgen toma el papel de embajador Ártico y la tarea de espejarle a Birgitte el paso del tiempo, en un juego constante de fascinación profesional y personal. Según él mismo anticipa, “se trata de un funcionario que se pasó la vida estudiando. Es pura teoría, porque nunca salió de los libros. En esta temporada, es enviado a Groenlandia, donde tiene que abrir los ojos al mundo por primera vez. Lo que se encuentra allá es que debe enfrentar problemas personales, más que profesionales. Al mismo tiempo se enamora y su vida se expande después de haber estado inmerso en su carrera”.

Birgitte Nyborg, por su parte, se enfrenta a otro desafío más doméstico: el de un hijo en plena adolescencia, con un rol que crece con cada capítulo. Le pregunto a Sidse qué puede contar sobre la dinámica entre madre e hijo: “¿Pensás que Rasmus hereda algo de su idealismo?”.

“No se llama Rasmus, es Magnus”, me corrige, ya no tan divertida. “Perdón, Rasmus era el personaje que hizo en otra serie, The Rain”, le respondo, un poco incómoda. Su expresión, de pronto severa, me recuerda a algunos momentos de Birgitte en pantalla. Me aclara también que el joven actor del que hablamos se llama Lucas Lynggaard Tønnesen. Birgitte no soporta errores, Sidse tampoco.

“Magnus fue educado en el diálogo político. Nos comunicamos, hablamos, y discutimos mucho. Él tiene su ideología. No necesariamente comparte las opiniones de Birgitte. Hay una parte en las primeras temporadas donde ella le dice: ‘Daré mi vida para que tengas el derecho a formar tus propias opiniones’. Eso es parte del amor de Birgitte hacia la democracia. En realidad, hablamos de la Birgitte que conocimos hasta ahora, habrá que ver si sostiene lo mismo después de 9 años”, cuenta Sidse, fluctuando indefinidamente entre la primera y la tercera persona cada vez que revisa su papel.

Mucho se habló sobre Borgen como una serie adelantada a su tiempo, con situaciones ficticias que se replicaron más tarde en el ámbito de la política internacional real. Un ejemplo fue la retirada de tropas de Afganistán que se ve en la segunda temporada y que se concretó el año pasado, cuando Dinamarca finalmente replegó a sus militares de la zona tras veinte años de misión. Y el más notorio: que Birgitte Nyborg fue la primera ministra en la ficción, en 2010, y un año más tarde Helle Thorning-Schmidt asumió ese puesto en la realidad. En esta nueva temporada, un conflicto en Groenlandia provoca roces y negociaciones que involucran a China, Rusia y Estados Unidos.

¿Qué pensás sobre los dichos que afirman que Birgitte Nyborg anticipó que, por primera vez en Dinamarca, una mujer sería primera ministra?  

Borgen se inspiró en el contexto político en el que fue escrita. Era natural en ese momento pensar que el próximo primer ministro podía ser una mujer. Helle Thorning-Schmidt era líder del Partido Socialdemócrata, que tenía grandes chances de ganar las elecciones. Lo que pasó después es que nosotros llegamos primero. No pienso que la serie sea predictiva, sino que hay situaciones latentes que inspiran a la historia.

¿Creés que tu personaje abrió un camino para las mujeres en puestos de poder?  

Me parece que lo importante es que se trata de una persona en un puesto de poder, y que lleva con ella su humanidad. Si es hombre o mujer, eso no lo pensé. No puedo elegir actuar un hombre porque soy una mujer.

¿No pensaste en cuestiones de género?  

Personalmente, no lo pensé mucho. Tengo el privilegio de vivir en Dinamarca, donde estamos adelantados en cuanto a derechos de la mujer. No necesito pensar tanto en esa dirección. Me parece más importante demostrar la humanidad en la persona, por lo bueno y por lo malo. Si reconocés eso, ya no hace falta pensar en qué puede o no una mujer. ¿Es una primera ministra? Sí, ¿y qué?

¿A la hora de construir un personaje, hay otros artistas o alguna música que te inspire?  

Sí, pero es muy diferente la manera en que los trabajo. Recuerdo que para el personaje de la película The Duke of Burgundy, escuché la música Sauna de Morricone, y sentí que su carácter era eso exactamente. Me inspiran la música, un animal, un temperamento.   

¿Y a Birgitte Nyborg?  

No recuerdo cómo la construí porque fue hace mucho tiempo, pero aunque no haya trabajado con ella por diez años, cuando volví a hablar como Birgitte, sentí su presencia en todo mi cuerpo. Quizás tenga algo de español en este nuevo rol [pone acento en la palabra español, y se ríe con esa característica sonrisa que frunce la nariz], pero es muy variable lo que me inspira.  

¿Cuánto conocés sobre Argentina?

Nunca estuve así que mi experiencia argentina más importante, vos ya lo sabés, fue con De la Guarda, en Londres. Totalmente mágico para mí, me conmovió al punto que salí y compré entradas para el día siguiente. Me fascinó esa experiencia despersonalizada. Cuando entré y miré alrededor, vi mujeres elegantes con ropa de marca, y después de una hora todos bailaban, saltaban llenos de papel picado, salpicados con agua. No había ego.   

Eran espectáculos interactivos, para involucrarse… 

¡Sí! Muy interactivos. Y mirá que soy una persona a la que no le gusta nada de eso, soy más bien “no me toques, salí de acá”, pero ahí me olvidé totalmente y quedé tomada por ese sentimiento colectivo. Realmente mágico.

Sabés que tu personaje es muy popular en Argentina, te lo comenté durante las grabaciones, y no me creías. ¿Qué sentís al saber que Birgitte Nyborg llegó tan lejos? 

Pone un poco de presión saber que hay gente que colocó a Birgitte Nyborg en un pedestal, porque es posible que en esta cuarta temporada ella se caiga de ahí. Pero es el riesgo que tuvimos que tomar. Y sí, es difícil entender que llegó tan lejos. Quizás si un día viajo y lo veo en persona pueda comprenderlo, pero es difícil de imaginar.