Bigbug

Uno de los autores más destacados del cine fantástico de finales del siglo XX y comienzos del XXI, vuelve con un nuevo largometraje para dar rienda suelta a su alocada imaginación

Jean-Pierre Jeunet 

/ Isabelle Nanty, Elsa Zylberstein, Stéphane De Groodt, Youssef Hajdi

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de Netflix

El cine fantástico nació en Francia con los trabajos de Georges Méliès y dos de sus herederos contemporáneos son los geniales Michael Gondry y Jean-Pierre Jeunet. 

Al igual que Gondry, Jeunet se inició en el mundo de los vídeos musicales (La fille aux bas nylon de Julien Clerc, Zoolook de Jean Michel Jarre) y junto al animador y dibujante de cómics Marc Caro, codirigió Delicatessen y La ciudad de los niños perdidos, dos clásicos indiscutibles del cine ciberpunk.

Hollywood tomó nota y Jeunet viajó a Norteamérica para dirigir su primera cinta en inglés, la infravalorada Alien resurrection (Caro no quiso someterse a la industria del cine estadounidense y se enfocó en la ilustración y en los gráficos por computador).

Jeunet regresaría a Francia y dirigiría dos preciosas películas románticas protagonizadas por Audrey Tautou: Amélie (la cinta más popular del director) y Largo domingo de noviazgo (basada en el libro de Sébastien Japrisot). 

El director francés volvería a sus raíces con Micmacs, una alocada comedia que denuncia el tráfico de armas y la poco reconocida El extraordinario viaje de T. S. Spivet, basada en el libro de Reif Larsen, acerca de un niño prodigio y sus aventuras.

El extraordinario fracaso en la taquilla de la última película de Jeunet, lo mantuvo alejado del cine por casi una década, en la que se dedicó a realizar comerciales, videoclips y algunos cortometrajes. Lo cierto es que nadie quiso volverle a financiar una película a este director con una imaginación más que fértil (Gondry se encuentra en la misma situación). 

Gracias a Netflix, la empresa a la que el director llamó “una última esperanza”, Jeunet pudo volver darle rienda suelta a su demencial creatividad en BigBug, una nueva cinta de ciencia ficción distópica coescrita junto con su constante colaborador Guilluame Laurant, la cual nos recuerda mucho al clásico de 1936 Things To Come, basada en la novela de H.G. Wells (pero sin una guerra previa como contexto) y a la serie animada Los supersónicos (con la diferencia de que la familia protagonista de la cinta de Jeunet es claramente disfuncional y sexuada).

Ambientada en un futuro cercano, BigBug se desarrolla en el interior del hogar de una familia de clase media alta, en la que los robots y la inteligencia artificial están al servicio de los seres humanos, hasta que, como sucedió en Terminator y Matrix, las máquinas deciden tomar el control.

La anfitriona de la casa en cuestión es Alice Barelli (Elsa Zylberstein), una mujer recientemente separada que vive con Nina, su hija introvertida adolescente (Marysole Fertard). Alice ha invitado a su hogar a Max, un hombre que la pretende, y este llega con su hijo Léo (Helie Thonnat), aún más introvertido que Nina.

La visita es interrumpida cuando llegan a la casa Victor (Youssef Hajdi), el exesposo de Alice, junto con Jennifer (Claire Chust), su antigua secretaria y ahora su nueva novia. Para desgracia de Alice, la pareja anuncia su compromiso y su inminente viaje a un supuesto paraíso tropical. También llega a la casa de manera inesperada Françoise (Isabelle Nanty), la típica vecina entrometida.

Como si se tratara de una versión en ácido de Downton Abbey, conoceremos también a la servidumbre, la cual está conformada por Monique (Claude Perron), el equivalente de Robotina para la familia Barelli; Einstein (con la voz de André Dussollier), un oráculo y centro de entretenimiento; Néstor (con la voz de Benoît Allemane) un centro de control doméstico similar a una Alexa o Siri; un robot encargado de la limpieza que bien parece la evolución de las aspiradoras robot; y un pequeño robot obsoleto que todavía funciona y recorre el hogar, tan solo porque Nina le ha tomado mucho cariño. Por su parte, Françoise vive con un perrito clonado (la solución para la corta vida de las mascotas) y con un robot encargado del entrenamiento físico (Alban Lenoir), que nos recuerda al Gigolo Joe de la cinta A.I. Inteligencia artificial, y que la vecina utiliza con otros fines. 

Y ya que se menciona la cinta de Spielberg, vale la pena mencionar que los robots que sirven a la familia Barelli, sueñan en secreto con convertirse en humanos (las referencias a Blade Runner también están presentes).

Al igual que sucede con los invitados en la mansión de los Nóbile en el clásico surrealista El ángel exterminador de Luis Buñuel, ninguno de los presentes en el hogar de los Barelli puede salir al exterior. ¿La razón? Los Yonyx (con el rostro de François Levantal), los androides encargados de la seguridad del mundo exterior, han tomado el control y pretenden dominar a esos “homo ridículus” de los que se burlan en un popular programa de televisión.

Es así que esta familia disfuncional tendrá que unirse para poder sobrevivir y en el camino se revelarán muchos secretos, se conformarán nuevas relaciones y otras se transformarán. Y como si se tratara de la dicotomía tecnológica planteada por Marshall McLuhan, los robots de la servidumbre se convertirán en sus aliados, mientras que la amenaza de los Yonyx toca a su puerta. 

BigBug es una cinta protagonizada por una familia, pero definitivamente no es una película familiar. Esta es una comedia con contenido sexual y elementos de terror y suspenso (como toda la filmografía de Jeunet) que no es vacía y que exige atención del espectador. Puede que no sea el mejor largometraje de Jeunet, pero este es un intento (quizás el último) de un verdadero autor que no se quiere ir, sin antes rebelarse contra el sistema.