Benson Boone es inevitable desde hace más de un año: su sencillo de 2024, ‘Beautiful Things’, se convirtió rápidamente en un éxito monstruoso, primero en TikTok y después en todas partes, debutando en el Hot 100 de Billboard al mes siguiente de su lanzamiento y alcanzando el número dos. Y si no es la música lo que has escuchado, seguro que has visto a este hombre dar saltos mortales en todos los escenarios a los que se ha subido, desde Coachella a la gira Eras Tour y los Grammy. Su segundo álbum, American Heart, llega tan sólo 14 meses después de su álbum de debut, Fireworks & Rollerblades, una capitalización del repentino superestrellato que le ha convertido tanto en un elemento básico de la radio como en un símbolo sexual.
A pesar de las referencias a Freddie Mercury con los monos brillantes que lleva estos días, su último disco se desinfla bajo el peso de todo su glam-pop y su pastiche de los setenta y los ochenta. A veces sin arrogancia y demasiado prístino en sus intentos de acaparar el mercado del estrellato retro-pop, Boone pierde el toque juvenil de su debut y la crudeza que hizo que su mayor éxito llegara tan alto. En American Heart, temas como ‘Man in Me’ y ‘Mystical Magical’ son las que peor llevan su retromanía, esta última demasiado empalagosa y poco convincente en su capricho.
Al menos la referencia a ELO en ‘Mr Electric Blue’ se salva por un sincero homenaje a su padre y a sus propias ambiciones. ‘Momma Song’ es igual de entrañable y ofrece una visión más profunda de la personalidad y el sentido de la identidad de una joven estrella del pop. Aunque Boone va demasiado sobre lo seguro, hay momentos en los que deja claro que hay potencial; el sencillo principal ‘Sorry I’m Here for Someone Else’ es un momento de pop de estadio que podría tomar el relevo cuando ‘Beautiful Things’ empiece a apagarse.
Lo mismo ocurre con la canción que da título al disco, una cálida reflexión sobre un accidente de coche en la adolescencia en la que sus referencias (toques de Bruce Springsteen y Bob Seger, pero bañados en sintetizadores) resultan más convincentes. Todavía queda mucho camino por recorrer para que emerja la forma más auténtica de Boone, pero no se puede negar que hay una chispa de encanto que te atrapa, estés o no harto de sus gritos guturales y sus saltos mortales.

