Aterciopelados: un retrato lleno de autenticidad

La icónica agrupación colombiana revisita sus memorias para traer al presente tres décadas de música, activismo y mucha libertad

Por  KARLA LEÓN

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Una casona transformada en bar, ubicada en el corazón de La Candelaria en Bogotá, Colombia, fue el primer recinto que vio nacer a Delia y los Aminoácidos, agrupación conformada por Andrea Echeverri y Héctor Buitrago, quienes, en aquel entonces, conjugaron sus personalidades y pasiones para darle vida a un proyecto lleno de sinceridad, autenticidad y bajo una estética musical que un par de años más tarde les permitiría transformarse en Aterciopelados, una de las agrupaciones más legendarias en Latinoamérica. 

Arropados por la música, el punk de la época, las artes plásticas y el art nouveau, Héctor y Andrea se sumaron a la ola del rock en español, o también llamado rock latino alternativo, para apartarse de los moldes, las convencionalidades y crear música más informal. “Nosotros nos lanzamos a la experimentación y a la posibilidad de hacer diferentes mezclas con música latina y rock”, recuerda Héctor, mientras charlamos a distancia sobre el especial de Aterciopelados en la serie BIOS

“Visitamos espacios que han sido clave para nosotros; recordamos momentos, historias, anécdotas, e incluso, compartimos algunas impresiones del pasado que se quedaron en el aire y que tal vez no nos habíamos dicho. Volvimos a colorear recuerdos que ya estaban guardados”, dice Héctor, quien, junto a Andrea, tomaron la difícil tarea de trasladarse al pasado para relatar la vida detrás de su música.  “Es super bonito estar en esta lista con figuras como Spinetta, Café Tacvba o Cerati, que de alguna manera son referentes personales. Abrimos una caja llena de objetos y recortes para narrar lo que somos, rememorar cómo empezamos en el bar, o cuando Héctor y yo estábamos enamorados y no había ninguna expectativa de una vida profesional, sino que era una fiesta llena de felicidad en la que inventábamos canciones”, cuenta Andrea Echeverri. 

En esta ocasión, el documental de Aterciopelados cuenta con la guía de Li Saumet, vocalista de Bomba Estéreo, agrupación con la que unieron esfuerzos en el 2018, para trabajar una campaña en contra de la explotación ilegal y las actividades del narcotráfico en el Amazonas. Este año, sumaron sus voces para darle vida a ‘Síganme los buenos’, un sencillo que expone las virtudes de la otredad. 

“Para ella (Li Saumet,) Aterciopelados es un referente muy importante porque, cuando era joven, vivía en la costa y no le gustaba el vallenato y la cultura que la rodeaba. Li menciona que nosotros fuimos luz en su vida. Se dio cuenta que uno puede ser diferente, hacer algo personal, independiente y salir adelante. Estar con ella y compartir historias ha sido muy chévere”, relata Andrea. 

Evolución y años dorados

Con más treinta años de trayectoria y catorce materiales discográficos, Aterciopelados marcó un antes y un después en la escena musical, principalmente de Colombia, por plasmar una propuesta que trascendió sin complicaciones a nivel internacional. La innovación y la autenticidad de sus letras, la mezcla irreverente y llamativa de rock con folclore latinoamericano, así como el concepto estético de sus álbumes o videos musicales, los situaron como referentes con una alta sensibilidad humana y artística. 

Uno de sus pilares, recalca Héctor, ha sido la experimentación y la búsqueda constante por ser alternativos. “Somos fieles a nuestra propuesta musical y a lo que queremos decir con nuestras letras. Por eso, si miramos a los Aterciopelados de esa época, hemos cambiado mucho, pero seguimos haciendo lo mismo. Somos atrevidos en algunas cosas y así vamos a continuar”, detalla, sin antes enfatizar en los momentos agridulces. Las pausas, las peleas, los obstáculos y los altibajos los han marcado, sin embargo, en esta etapa de sus vidas, los intérpretes de ‘Mujer gala’ – el primer éxito de la banda que fue grabado en tan solo una hora –, miran al pasado, acuden a la reconciliación y agradecen. 

“Esto ha sido como la vida. Una también tiene familia y otras cosas, pero, finalmente, la música es como tu eje, tu brújula, tu salvavidas. La música es algo poderoso. Con Héctor tenemos una historia de amor y una cosa muy linda, porque empezamos siendo pareja, peleamos, y después seguimos trabajando juntos; nos volvimos a separar y cada uno hizo su proyecto solista. En 2014, cuando nos reunimos, vivimos un proceso muy lindo y cercano, de mucha afinidad, también de muchas diferencias, pero, sobre todo, de mucha tolerancia y respeto. Todo ha sido un proceso increíble”, narra Andrea. 

Para Héctor, quien introdujo a Depeche Mode, Caifanes, Nirvana y Maldita Vecindad en la vida nocturna de Bogotá, la música ha sido un regalo en su vida. “El hecho de haber recorrido este camino con Andrea y con Aterciopelados ha significado mucho para mí, de cierta forma fue algo que llegó misteriosamente. No es que yo haya querido ser músico de pequeño o que lo haya buscado. El agradecimiento es enorme porque la música se me entregó y me ha dado muchas bendiciones. Todo lo que he podido vivir con Aterciopelados, con Andrea, con la música en general, y todo lo que ha significado aportar a otras causas, es como cerrar un círculo”. 

Con el corazón en la mano 

Practicar el artivismo ha sido una de las labores más importantes para Aterciopelados. En 2007, ambos músicos fueron nombrados Embajadores de la Paz por Amnistía Internacional, principalmente, por su lucha contra el maltrato hacia la mujer; así mismo, el tema ‘Canción Protesta’, de su séptimo álbum Oye, fue reconocido por la misma organización por promover los derechos humanos y medioambientales. Andrea, quien se ha declarado neofeminista y antimachista, asegura que tanto ella como Héctor son “hijos de la canción protesta”. 

“Cuando yo era niña, se escuchaba a Violeta Parra, Víctor Jara, Pablus Gallinazus y Mercedes Sosa; todas esas canciones con mensaje fueron parte de mi crecimiento. Especialmente, escuchaba mucho a Silvio Rodríguez. Para mí, a la hora de componer, es muy natural que salgan a flote estas preocupaciones personales, que se hable de feminismo y que se critique la guerra. En nuestro caso, todas estas problemáticas han permeado en nuestras propuestas líricas”, afirma la también productora musical. 

A lo largo de estos años, Andrea Echeverri ha sido considerada una de las mujeres clave en Latinoamérica por promover y predicar el feminismo. En 2012, lanzó Ruiseñora, su tercer proyecto solista, con el que incentivó el empoderamiento y enaltecimiento femenino, el valor de la mujer latinoamericana, los movimientos y la lucha feminista, así como las problemáticas que surgen a partir de una cultura banal, estereotipada e hipersexualizada que, de una u otra forma, ha conquistado muchos espacios, entre ellos, la industria musical. 

En diciembre de 2019, la colombiana subió al escenario del Foro Sol para interpretar, junto a Café Tacvba, ‘Ingrata’, canción a la que la vocalista añadió una frase versionada: “Ingrato, porque soy independiente, porque no te necesito, no soy tu media costilla, es respeto lo que exijo […] como madre yo reclamo, ni una más es lo que pido”. Así, sus palabras palpitaron en medio de un panorama sociopolítico lúgubre y desataron una ovación por parte del público mexicano.

“Cuando empezamos, recuerdo que hacíamos giras y festivales en los que viajábamos noventa personas; 88 eran hombres y el resto mujeres. Cosas así eran fuertes y pesadas. Ahora hay más mujeres en la escena y es chévere y saludable, pero también hay mensajes que, de una u otra forma, son más urgentes, por ejemplo, las canciones que están conectadas con el Me Too o con todos los movimientos que tratan de destapar los abusos y la violencia”, reflexiona Andrea y añade: “Muchas mujeres que están en la escena se vuelven cómplices y termina siendo lo mismo: una mujer objeto, cómplice del patriarcado. Me parece importante que se cuente nuestra historia y que se recuerden canciones como ‘Cosita Seria’ o ‘Nada que ver’, temas que hablan de esa situación y que evidencian momentos en los que me encontraba con ochenta hombres, los veía transformarse en lobos feroces y yo me iba a mi cuarto a escribir canciones”, señala la compositora. 

Además de la protección hacía las mujeres, Aterciopelados ha aprovechado su voz y su música para impulsar el resguardo de comunidades y territorios vulnerables, así como incentivar campañas de concientización ambiental. En el caso de Héctor – quien años atrás pudo experimentar en carne propia las dificultades por las que atraviesan los habitantes que se sitúan cerca de los ríos contaminados con residuos industriales–, estas inquietudes lo adentraron en diversos proyectos, entre ellos, el Referendo por el Agua en Colombia, “Cantoalagua”, la campaña “Ninguna Mata Mata”, así como su proyecto solista Conector. De esta forma, asegura Héctor, utiliza su poder mediático para hacer llegar estos mensajes a la mayor cantidad de personas posibles. 

“En la medida en la que nos hemos dado cuenta de cómo los músicos somos figuras públicas, que tenemos muchos ojos puestos sobre nosotros y que muchas personas escuchan lo que decimos detrás de las canciones, hemos decidido ser voz de muchas iniciativas, de comunidades y luchas, porque esas personas también esperan que los músicos se solidaricen con esas situaciones que van desde la defensa de un territorio o los derechos de una comunidad, hasta apoyar la iniciativa de cualquier habitante de nuestro país que sienta una resonancia con nosotros. 

En ese sentido, también empezamos a componer canciones que tienen que ver con lo que nosotros sentimos que puede mejorar y cambiar al mundo, y eso le da más sentido a nuestras carreras musicales. Es como si el círculo se cerrara, encontráramos sentido en la vida y todo se volviera más integral, es decir, como si la posición en la que actualmente nos encontramos, sirviera para amplificar esas voces, causas y luchas”, opina. 

Relucientes, rechinantes y Aterciopelados

Veintisiete años después del lanzamiento de ‘Bolero Falaz’, es difícil pensar que Andrea y Héctor continúan enfrentando la vida de la misma manera, no obstante, la esencia sigue siendo la misma. Sus rostros recitan experiencia y aún se puede sentir la versatilidad de sus personalidades que, sin más, les han permitido edificar una complicidad artística. Los años dorados de Aterciopelados prosiguen su curso y, junto con su emblema musical y discográfico, ahora se valora el panorama cultural tan importante que la agrupación le ha entregado a la escena nacional e internacional. 

“¿Cuál es el legado de Aterciopelados?”, les preguntamos de manera individual a Andrea y a Héctor. Ambos guardan silencio y desvían la mirada para meditarlo un par de segundos, casi como si lo hubieran planeado. “Lo que yo he intentado, por muchos años, es construir un espacio femenino propio que no responda a los estereotipos y creo que lo he conseguido”, dice Andrea con la sinceridad que la caracteriza. “Soy una mujer muy alejada de los esquemas y, de cierta forma, eso invita a que cada mujer se independice de lo convencional, busque su propia feminidad y se exprese en sus propios términos. Por otro lado, hay libertad, construcción de identidad y mensajes relevantes que nos permiten utilizar la música y el arte como herramientas de transformación, eso es clave”, declara Echeverri, mientras sonríe con franqueza. 

Para Héctor no ha sido diferente. “Nosotros hemos tratado de ser fieles a nuestra esencia, de encontrar una voz interior que nos diga hacia dónde debemos ir y de dónde venimos. Creo que ese es el legado que queremos dejar: ser fieles al latir del corazón, ser mejores seres humanos, poder ayudar a la comunidad, dejar canciones que sean importantes para las personas y que les ayuden a mejorar una situación personal o colectiva. La música es un círculo y, Aterciopelados en mi vida, es un círculo que se cierra”, medita.