Un explosivo grupo de hardcore bonaerense, una pianista que recuerda a Nina Simone y el dúo indonesio que armó un templo-parrilla

Conocé a Cursi No Muere, el cuarteto oriundo de Tortuguitas, a Amina Claudine Myer y sus reminiscencias de Nina Simonem, y al dúo indonesio Senyawa

Por  JOSÉ BELLAS

julio 10, 2024

Cursi No Muere, a los gritos junto al público, una escena típica de sus shows.

A sus galopantes 82 años, Amina Claudine Myers es una dama que, al estilo de la primera Nina Simone, se forjó entre la estricta educación de música clásica y la elasticidad del góspel y el soul. De sus muchos y recomendables trabajos de piano y órgano, el extraordinario Song for Mother E. es la pieza a rescatar. Editada inicialmente en 1980, recién ahora se digitalizó a la altura de su mérito. Son ocho tracks de límpida tonalidad y sugerente ejecución, entre los que “I’m Not Afraid” marca la senda con su tono ambarino. Sublime.


Inversamente proporcional y expresiva es la propuesta del dúo indonesio Senyawa, que en su reciente Vajranala (el décimo de su carrera) crearon una suerte de templo-parrilla de 4.100 ladrillos y 26 piedras talladas para atizar un fuego análogo a su sonido. Junto al humo, una cítara de tubo y una batería son procesadas hasta el sacrilegio sonoro, creando un drone-metal que sirve de base para un milhojas de voces en distintas lenguas de la región. Oír para creer.

En una veta más secular pero no menos emocional, el cuarteto Cursi No Muere (de Tortuguitas, Buenos Aires) practica una versión del hardcore que podría partir del “Pilar” de Fun People: un monólogo sollozante que hace de la catarsis un rito electrocutado, cercano al coming-of-age. Su EP De canciones tristes se compone de una intro y tres metrallazos donde liberan su expresión como canillitas gritando sus estados de ánimo, como en la explícita “Te extraño para siempre”. Y en vivo son mejores aún.

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