‘Spider-Man: Brand New Day’ es la misma tontería de siempre 

Esta versión cinematográfica de los Team-Ups redunda en el Universo Cinematográfico de Marvel, y parece un pretexto para armar crossovers más grandes

Por  DAVID FEAR

julio 29, 2026

Un gran inventario de propiedad intelectual corporativa conlleva una gran responsabilidad, y Spider-Man: Brand New Day tiene mucho peso sobre sus hombros vestidos de azul y rojo. Viene tras una película del Trepamuros, Spider-Man: No Way Home (2019), que fue un punto álgido de la franquicia, pero que dejó a nuestro amigable vecino y a la narrativa en un lugar extraño (borrados de memoria, MJ anhelando, el multiverso y blá, blá, blá). Tiene que preparar el terreno para la próxima gran apuesta del Universo Cinematográfico de Marvel, la masiva Avengers: Doomsday. Y necesita recordarle a la gente por qué se enamoró inicialmente del gran experimento narrativo del UCM tras varios años de fatiga de superhéroes, sobreexplotación de la marca y demasiados tiros por la culata, además de garantizar la estabilidad financiera de no uno, sino dos estudios propiedad de grandes conglomerados.

Hay algunas otras cosas en la lista de tareas pendientes de Brand New Day, en las cuales no podemos profundizar por razones relacionadas con spoilers, giros de guion y el típico alboroto de sorpresas para complacer a los fans. Lo que sí podemos decir es que todo este ajetreo maníaco, todos los cameos e interreferencias entre franquicias, todos los momentos de contacto humano metidos con calzador y los intentos de conexión emocional entre escena y escena de gran impacto y explosiones no le hacen ningún favor a esta cuarta entrega de Spidey. La película no deja de enredarse en una complicada telaraña creada por ella misma, una que resulta demasiado familiar tras varias décadas de cine de superhéroes consumiendo todo el oxígeno cultural. Llamar a esto Brand New Day (Un nuevo día) parece una broma cósmica. Es la misma tontería de siempre del UCM, saliendo del paso gracias al considerable encanto de sus dos estrellas principales y a un legado de buena voluntad. No hay absolutamente nada nuevo aquí.

Bueno, hay una cosa nueva, pero de nuevo, el decoro impide una discusión abierta sobre un elemento crucial. Antes de que eso lo vuelva todo un caos, podemos colternos por Nueva York con Peter Parker (Tom Holland, haciendo una vez más un gran esfuerzo tanto literal como figurado) y ver cómo una compilación de famosas portadas y páginas dobles de cómics cobran vida ante nuestros ojos. Todo el mundo vive en un estado de amnesia colectiva posterior a No Way Home sobre la verdadera identidad de Spider-Man, lo que le permite llevar una vida de lucha contra el crimen a tiempo completo. Pero también significa que su verdadero amor, MJ (Zendaya), y su mejor amigo, Ned (Jacob Batalon), ya no lo conocen. Esto deja a Parker en un estado de melancolía perpetua cuando no está, por ejemplo, hablando de trabajo con una detectiva de policía llamada DeWolff (Liza Colón-Zayas, de The Bear) o evitando que Scorpion (Michael Mando, de Better Call Saul) cause el caos. Todavía lee continuamente la nota que le escribió a MJ pero que nunca le dio, explicándole cómo alguna vez fueron inseparables. Todavía conserva el vaso de café de papel que le dio su alma gemela en una tienda de donuts.

Sin embargo, están ocurriendo algunos sucesos extraños —con «e» minúscula, no «Extraño» con «E» mayúscula— tanto alrededor como dentro de Spider-Man que son motivo de seria preocupación. Parece estar ocurriendo algún tipo de mutación que implica que la cantidad de hormonas arácnidas en el torrente sanguíneo de Parker se dispare a niveles peligrosos. Los síntomas incluyen migrañas, espasmos musculares, ojos volviéndose completamente negros y una furia tóxica hipermasculina. «La araña está intentando comerse al hombre», dice un personaje, y si Parker no encuentra una manera de inhibir a este «monstruo» interior, corre el riesgo de convertirse en su peor versión posible. Incluso Bruce Banner (Mark Ruffalo), un tipo que ha hecho grandes esfuerzos para controlar su propio id desbocado, está bastante preocupado.

Más preocupante aún es una serie de robos centrados en el Departamento de Control de Daños, una instalación gubernamental dedicada a contener y controlar eventos de súper-humanos, dirigida por un burócrata llamado Metzger. Es interpretado por Tramell Tillman, en lo que solo puede describirse como un gran acierto de casting . El actor se ganó el reconocimiento del público gracias a perfeccionar una mezcla de falsa amabilidad y oscurantismo corporativo en Severance, y esa combinación se aprovecha extremadamente bien aquí. Alguien o algo sigue intentando irrumpir en el edificio con aspecto de fortaleza para encontrar algo. El término «V-Max» no deja de repetirse. A veces hackean los archivos de datos; otras veces se apoderan de un tanque y atraviesan las paredes.

Lo que es verdaderamente inquietante, sin embargo, es que quienquiera que esté cometiendo estos delitos tiene la capacidad de controlar mentes. Peor aún: puede saltar de cerebro en cerebro, como si estuviera brincando de una plataforma a otra. Cue: un montón de escenas de transeúntes aleatorios que de repente sufren convulsiones, sonríen maníacamente y se burlan de Spidey por su incapacidad para atrapar a quienquiera que los esté poseyendo. La identidad del culpable es un misterio. Todo lo que Spider-Man sabe es que necesita detener a esta persona o personas antes de que vayan tras MJ o, ya sabes, destruyan todo Nueva York en un intento por derribar al departamento.

Hubo una serie de cómics entre los años 70 y mediados de los 80 conocida como Marvel Team-Up, que reunía a Spider-Man con un nuevo compañero superhéroe en cada número. Es difícil no pensar en Spider-Man: Brand New Day como la versión cinematográfica de esa serie, dada la cantidad de otros personajes de Marvel que aparecen y comparten muchísimo tiempo en pantalla con el héroe. O, al menos, preguntarse si el director Destin Daniel Cretton (Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos) y los guionistas Chris McKenna y Erik Sommers cortaron un montón de números de Team-Up, graparon páginas al azar y lo llamaron guion de rodaje. Aquí está Spidey y Hulk. Aquí está Spidey y el Punisher (Jon Bernthal, desaprovechado). Aquí está Spidey y [X]. Aquí está Spidey y [XX]. Spider-Man no solo está en peligro constante debido a la degradación de su ADN y a la lucha contra un villano desconocido, sino que también corre el riesgo de ser reducido a un actor secundario en su propia película.

Dado que gran parte de la acción se reduce a ese peculiar espectáculo de CGI del siglo XXI que de alguna manera se siente a la vez demasiado caro y demasiado cutre, y cómo las numerosas escenas de balanceo de redes parecen más que nunca secuencias de juego pregrabadas de un videojuego —incluso hay cambios ocasionales a tomas en perspectiva de juego de disparos en primera persona—, sentís alivio cuando Brand New Day baja el ritmo para dejar que Holland y Zendaya compartan escenas. Sí, las excusas utilizadas para conseguir finalmente ponerlos en el mismo encuadre van desde lo forzado hasta el “no me jodas”. Sin embargo, cuando logran interactuar, recordás por qué esa relación ha sido la columna vertebral de estas películas. Holland, en particular, ha madurado muy bien en términos de personaje y al expresar la carga que conlleva perderlo todo por hacer lo correcto. El dolor tras el sacrificio de Spidey después del borrado de memoria de la película anterior es el latido de esta, que ocasionalmente se puede escuchar por encima del estruendo.

Y por el amor de Steve Ditko, hay muchísimo estruendo en Brand New Day. Gente famosa se deja caer para soltar grandes parrafadas explicativas. Marisa Tomei adorna unos cuantos flashbacks espectrales. La película se adhiere a la regla de “Los Ninjas de Chéjov”, donde si pones a unos asesinos mortales conocidos como La Mano sobre la repisa en el Primer Acto, más vale que se disparen en el Tercer Acto. Quizás notaste que Sadie Sink figura en la página de IMDb de la película. Podemos confirmar que la estrella de Stranger Things está en la película, y creemos que eso es todo lo que podemos decir legalmente al respecto. El gran giro final apesta cínicamente no solo a fan service, sino a un burdo montaje de escenario, como si toda esta aventura de Spidey fuera simplemente un relleno de tiempo entre migajas para nerds y proyectos más grandes, repletos de estrellas y cruzados entre franquicias. El presente es un prólogo al 100 por ciento aquí. La etiqueta obligatoria posterior a los créditos no podría sentirse más gratuita o inútil. El aviso «Spider-Man regresará» —¡oh, ¿tú crees?!— nunca ha parecido menos una promesa vaga y más una amenaza.

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